martes, 24 de mayo de 2011

Un dementor (Pánico)

La angustia es un tema filosófico tratado por la mayoría de los estudiosos de la corriente existencialista. Decían de ella que era una sensación profunda y arraigada producida en el hombre por el miedo constante a fallar en lo que debe hacer y en lo que debe responder a su Dios (a la sociedad y a sus principios, tomando también el concepto renovado de angustia). Siguiendo con la evolución de este término, podría decirse que la mala fe se deriva de ella. Saber que existe una multiplicidad gigantesca de oportunidades, finales como lo llamé alguna vez para cada decisión que tomes, cada camino que decidas recorrer, es suficiente para lanzarte en una desesperación tan pronunciada que te obliga a escoger al final, la opción que menos te presente temor a fallar. Se puede ver de esta manera, la relación tan estrecha entre ambos conceptos.

¿Para qué iniciar un relato sobre mi vida con una explicación corta pero concreta de dos palabras netamente filosóficas? No diré que la razón se encuentra en la naturaleza esotérica y poco común de mi vida. Nunca me he considerado completamente un filósofo, a pesar de encontrar en esta disciplina un gusto y una satisfacción únicamente comparable con el placer de contar y recrear una historia. ¿Para qué comenzar entonces con algo tan académico y específico?

La esperanza de la que hablaba hace un mes, aquella vana ilusión que me permitía ver la forma en que todo se desenvolvía de la mejor manera, no es necesaria para seguir adelante. La razón es simple: No seguiré esos dos caminos. Algo por lo que sientes no serás feliz y algo aparentemente imposible de cumplir generan tanta angustia existencial como es posible (fallar emocional y académicamente es a lo que me refiero). Lanzado desde algún lugar mejor a esta... sociedad, me encontraba en una encrucijada (si este término es muy Cho, pero reconozco que es muy útil). Tal y como se muestra en el inigualable cuento de Borges "El jardín de los senderos que se bifurcan", muchos caminos y decisiones diferentes pueden llevar a un desenlace igual a pesar de dar la impresión dada al principio de la ruta. He aquí la mala fe; no conocer a ciencia cierta que consecuencias traerá determinada acción en tu vida. Si se tiene en cuenta meramente el significado de "mala", podría decir que mi tendencia a ver como las cosas terminan mal, es síntoma importante de mala fe. Sin embargo, enfrentando a mi mala fe y a mi angustia, escogí.

Decisiones... decisiones, diría mi apreciada hermana Jane con una tierna pero preocupada voz. Para un vampiro, no sería problema despegarse de ciertas personas, lugares y rutinas a las que nos hemos acostumbrado los humanos pues su rutina sería precisamente abandonar todo lo que empiece a valorar. En desventaja, tendría una obvia predisposición a sufrir de angustia, ya que perderán cada cierto tiempo lo que los impulsa a seguir, debido a la usual variación del pensamiento de la sociedad, que poco a poco iría afectando sus principios. ¿Y qué puedo decir yo acerca de ello cuando reconozco a una de mis partes como un auténtico vampiro? Lo confirmo, lo compruebo, doy fe de ello. ¡Tan fácil sería mi vida si fuese un completo vampiro capaz de desligarse de lo que lo ata a su vida actual!

No obstante, no lo soy y no lo seré... es por esto que me aferro a todo, sobre todo a las personas que amo. Para no caer en los recurrentes miedos de mi vida y enfrentarme a mi pesimismo con tenacidad y valor. Una vez se han ido estos motivos, me aviento a un abismo sin fondo, iluminado por la mala fe y con olor a angustia, en el que seguí cayendo hasta que un soporte, nuevamente vivo, logró darme la fuerza suficiente para intentar volar otra vez.

Como un patronus repele a un dementor, la renovada esperanza causada por esta persona repelió mis dudas y temores por un tiempo grato y pequeño. Pero ya lo he dicho... mi patronus está vivo, e infortunadamente, parezco ser un dementor que trae consigo a su boggart como mejor aliado. Vuelvo a "vampirizarme" extrayendo cada centímetro de su energía, evitando resistencia al presentarle a su boggart ridiculizado. Me acerco para darle el beso, y terminar finalmente con su vida y felicidad pero recuerdo... fui humano, tuve sentimientos y aquella persona fue mi patronus. Me alejo, sin antes asegurarme que dejo algo para que nunca me olvide... Una herida en su boca.

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