viernes, 22 de junio de 2012

Una cuestión de perspectiva

De los personajes:

Una dulce anciana, de corta vista por su edad, se prepara para cruzar una avenida en hora pico. Debido a múltiples inconvenientes, el puente por el que debería pasar, se encuentra en reparaciones estructurales. La mujer tiene afán: Ha dejado a su nietecito de 6 años en casa solo. Debe volver tan pronto como le sea posible para asegurarse que no le ocurra nada malo.

Un respetado caballero se encuentra sentado al volante de su flamante vehículo. Espera a que el embotellamiento de vehículos avance y le permita girar por una calle a su derecha hacia el oriente de la ciudad. Debe llegar a su oficina para solucionar un problema relacionado con una estafa hecha a su nombre. Da golpecitos al volante intentando calmar sus nervios mientras se percata del movimiento de autos adelante.

Un honesto conductor de taxi piensa en su hija y esposa que le esperan en casa después de una ardua jornada nocturna de trabajo. Tiene sueño pero él no permite que este hecho afecte su forma de conducir. Siempre ha criticado a sus compañeros que llevan las riendas de su vehículo como si fuera un carro de caballos en medio de una gran batalla. El tráfico adelante comienza a avanzar y él mueve la palanca de cambios adelante, para poner en marcha el vehículo.

Un trasnochado joven, estudiante de universidad, golpea con insistencia el manubrio de su motocicleta, malhumorado por el poco espacio que dejan los vehículos de esa avenida para maniobrar. Recuerda con gracia la noche anterior, en la que festejó el final de semestre hasta quedar en el suelo sin el equilibrio suficiente para poder levantarse. Ve entonces un resquicio entre un taxi y otro auto en el que puede pasar. Se dirige con premura hacia él.

Un cansado obrero descansa sobre una improvisada silla, junto a su lugar de trabajo. Toma una gaseosa mientras observa el lento avance de la obra. Por las ansias de dinero de quienes construyeron inicialmente el puente, el gobierno de la cuidad contrató a su empresa para reparar los daños causados a la estructura. Desde ese momento hasta ahora, han transcurrido ocho días de arduo trabajo por parte de él y sus compañeros, quienes aún están enfrascados en la reparación.

Una atractiva muchacha de cabellos dorados se encuentra a un lado de la avenida, esperando el vehículo que la llevará a su casa. Acaba de salir de la casa de una amiga; se encontraba realizando un trabajo final que comprende una gran parte de una asignatura a la que está suscrita en el instituto. Se queja mentalmente de la cantidad de autos que obstaculizan el único taxi a la vista. Alza la mano y le hace la señal de pare.

De las decisiones:

La anciana cruza la calle después de un autobús, detrás del que no hay aparentemente ningún vehículo. El caballero acerca su auto a la orilla  con el propósito de tomar fácilmente la calle hacia el oriente. El conductor decide recoger a la muchacha, pensando que una carrera más no le vendrá mal. El joven balancea su motocicleta entre el taxi y la orilla y aumenta la velocidad para dejarlo atrás. El obrero se permite dar un mordisco a un sánduche antes de volver al trabajo.


Del hecho analizado y sus resultados:


La anciana llega al otro lado de la avenida, la muchacha le da la mano para ayudarla a subir a la acera y ninguna de las dos se percata del accidente. El caballero agradece que el taxi de enfrente hiciera una maniobra de evasión extraña y aprovecha el momento para colarse por la calle al oriente. El conductor del taxi sin ánimo de perder una cliente se dirige a la derecha pero, en un intento por evitar atropellar a la anciana, gira hacia la izquierda sin darse cuenta del joven motociclista que pasa por encima del techo del vehículo con la fuerza del impacto. La motocicleta sale derrapando por la acera hasta golpear al obrero, empujándolo contra la base del puente. Queda inconsciente en el acto mientras que el joven cae desde la parte trasera del taxi al suelo.


La anciana corre hasta su casa, donde encuentra el lugar lleno de humo: una sartén sobre el fuego ha derramado su contenido que ha apagado la llama y ha inundado el edificio por completo de humo y gas metano. Busca con afán a su nieto, al que encuentra dormido y sin daño alguno.

La muchacha se acerca rápidamente al joven de la moto, que está en el suelo. Le presta los primeros auxilios mientras que el conductor del taxi llama con premura a una ambulancia. Nadie se fija en el obrero que la moto ha golpeado hasta que llega el servicio de emergencias. El hombre ha perdido la movilidad de sus extremidades inferiores y es subido a la ambulancia junto al joven, que sufre de trauma craneal severo, a quien acompaña la muchacha, que se convertirá un tiempo después en su novia por mucho tiempo.
El caballero llega a la oficina y logra demostrar su inocencia frente a los cargos que se le imputan.
El taxista pierde la licencia y su taxi debe ser retenido mientras él consigue el dinero para pagar una multa exorbitante.

¡Qué catástrofe!


Del análisis:

La última frase del fragmento anterior puede ser refutado, si se limita a ver pedazos de lo ocurrido. 
  1. Si la anciana hubiera sido atropellada, habría muerto y también lo hubiera hecho su nieto, pues ella no habría tenido la posibilidad de sacarlo de la asfixiante casa. Por otra parte, si ella se hubiese detenido a mirar el accidente, su nieto se habría quedado sin aire y probablemente hubiera sufrido complicaciones en su salud. Para la anciana, esto pudo haber sido una catástrofe, pudo haber resultado en un hecho malo para ella y su familia, pero no lo fue, así que está bien.
  2. Si la muchacha no hubiese ayudado a la anciana, esta última se habría quedado en el borde de la calle mientras el accidente ocurría. Pudo haber salido lastimada y la muchacha, al sentirse culpable, se habría encargado de ella, en vez del joven y nunca hubiera iniciado una relación con él. Algo similar habría pasado si ella no le hubiera hecho señas al taxi, para que parara. Para la muchacha, ese hecho significó conocer a su compañero de vida, así que es un asunto bueno.
  3. Si el caballero se hubiese dado cuenta del accidente y hubiera ayudado a los heridos, las acusaciones en su contra habrían tomado tal fuerza que hubiese sido llevado a juicio en poco tiempo. Tendría que haber aguantado una gran temporada en prisión, sin nada más que pudiera salvarlo. Si la anciana se hubiera demorado un poco más en cruzar la calle, el caballero la habría atropellado y su destino sería similar al anterior, con la única diferencia en sus causas. Para el caballero, entonces este hecho resulto beneficioso y, por consiguiente, bueno.
  4. Si el taxista no hubiese decidido ir por la muchacha, no habría ocurrido accidente y él no hubiera perdido su licencia ni su auto. Para el conductor, es una catástrofe lo que ocurrió.
  5. Si el joven no hubiese intentado pasar por el lado del taxi, no habría estado hospitalizado durante tanto tiempo por el trauma. No obstante, nunca habría conocido a la muchacha. Así que, para el joven, a pesar del daño pasajero, este accidente fue algo bueno.
  6. Si el obrero no hubiera tomado un descanso, su vida habría seguido el mismo curso que llevaba hasta ahora. Si lo hubiera tomado pero no hubiese comido nada, hubiera pasado algo similar. Para el obrero pudo ser mucho mejor, pero este hecho destrozó su vida y su forma de trabajo, por lo que es una catástrofe.
Para cuatro de seis personas, pudo ser peor y según ellas, es lo mejor que pudo haber ocurrido. Sin embargo, a las otras dos les destruyó la vida como la conocían y modificó sus destinos de la manera más nociva que fue posible. ¿Cómo determinar si un acto como este es malo o bueno con tantas formas de verlo? No se puede pretender utilizar un recurso matemático para solucionarlo. Cuatro contra dos, los cuatro tienen razón y este accidente fue un golpe de  buena suerte. Estaría mal tan solo pensar en evaluarlo de esa manera. Dada esta imposibilidad, ¿cómo se puede asegurar la existencia de la maldad o la bondad en el hecho sin dejar ningún detalle atrás?

De las conclusiones:


Se podrían evaluar más ejemplos para dar fuerza a la teoría que seguirá, pero limitándose a este, se puede asegurar que tanto la bondad como la maldad son relativas. Dependen del punto de vista del que se vean los hechos. Muchas personas podrían asegurar que nadie vería un accidente de estos como algo bueno, pero se aclara que cada perspectiva evalúa los hechos que conciernen a cada persona, no se deja llevar por las cuestiones de educación o solidaridad. Muchos otros pueden, entonces, negar que alguna vez han visto un acto "de naturaleza malvada" como algo bueno si les beneficia, afirmación que carece por sí sola de sentido y cuya demostración no concierne al desarrollo de la idea general de este texto. Se puede decir entonces que nunca habrá algún hecho carente de bondad o maldad inherente, ya que estos están adjudicados por cada mente que los evalúa y que interactúa en ellos. Los seres humanos son duales y no pueden pretender que actos causados por ellos se limiten exclusivamente a un lado del espectro. Determinar lo que es para alguien cualquier asunto será entonces, una cuestión de perspectiva.

jueves, 21 de junio de 2012

La emboscada. Tercera carta.

Creo que tengo mi plan. Para escapar, por supuesto. Lo construí al escuchar que Caleb estaría ausente el día de hoy, aunque no sé la razón de ello. Tengo que esperar a que el guardaespaldas regrese para dar inicio a mi escape. Me alegra tanto saber que podré buscarlo; es lo único que me impulsa a seguir adelante. Considerando que llevaré a cabo mi plan y que puede que tenga que estar huyendo constantemente de la Brigada, intentaré escribir ahora todo sobre lo ocurrido antes de ser capturado. No obstante, seguiré desde el punto en el que me quedé la anterior carta dirigida a nadie, donde me había percatado de la cara real de la Brigada.

La realización del proyecto "Autómata" fue motivo suficiente para reconsiderar mi posición respecto a mis responsabilidades con la Brigada. El hecho de estar allí nos aseguraba a mí y a mi familia, estabilidad y seguridad, pero me quedaba difícil serle fiel a una entidad que sesgaba la autonomía y originalidad de las personas, aspectos por los que yo siempre he luchado. Sin embargo, no podía tomar mi renuncia a la ligera. Había oído que quien dejaba la Brigada era posteriormente llevado a juicio por traición al Estado (como solía hacerse en tiempos antiguos). Este proceso era tan corrupto que llegaba al extremo de encarcelar a toda una familia, adjudicándoles el mismo cargo. A pesar de que la situación decía lo contrario, mi mayor interés estaba en el bienestar de mi familia.

Para asegurar un buen destino para nosotros después de que yo me retirara de mi actividad con la Brigada, le pedí a Caleb que me contactara con una mujer que había escalado rápidamente hasta los altos mandos de la organización. Le decían Scarlet. La mujer, quien tenía una extraña relación con el Supervisor Caleb, estaba interesada en conocerme porque, según decía, mi reputación me precedía. No entendía por completo sus intenciones pero sabía que debía llegar a un acuerdo con ella para poder renunciar a mi puesto en la Brigada sin repercusiones. Scarlet es una mujer a la que no se le puede engañar y tiene un talento especial para influenciar a las personas a su alrededor. Era urgente que la tuviera de mi lado.

No suelo hablar de cuándo lo conocí. Compartimos alguna clase cuando estábamos en la universidad: Yo me preocupaba en analizar el comportamiento humano y cómo éste afectaba la producción de la literatura mientras que Daniel se dedicaba a evaluar las distintas teorías referentes a la esa producción. Es posible que pareciera que no nos complementáramos en un ámbito académico pero esto nunca fue nada cercano a un obstáculo; lo que se interpuso entre nosotros fue mi hermana...

Scarlet visitó mi área de trabajo e insistió en que tuviéramos un encuentro privado en su oficina. No me opuse pues no reconocí ningún riesgo escondido en la invitación. Accedí y me reuní con ella en la fecha prevista. En ese tiempo, Daniel se había acercado a mi hermana de una manera incomprensible para mí y yo había empezado a rehuir su presencia. Aún le servía a la Brigada y él ignoraba ese hecho.

La primera vez que nos vimos a solas, Scarlet mostró curiosidad por conocer más sobre los miembros de mi familia en especial mi hermana. Intentaba hablar poco de ella; no era un tema agradable para mí cuando... En nuestros siguientes encuentros, Scarlet comenzó a utilizar para dirigirse a mí el mismo nombre por el que me reconocían en la Brigada: AtrapaSueños y cuando hizo esto, me percaté que la confianza había cambiado algo entre nosotros, aunque no distinguía qué era.

Ya no trabajaba con Caleb y pasaba mi tiempo libre y de trabajo aprendiendo de los experimentos que realizaba Scarlet en su laboratorio (Cabe aclarar que me refiero a los inofensivos; nunca supe de su incursión  en el proyecto Autómata, y muchos otros hasta tiempo después). Todavía recuerdo una conversación en especial:

-(...) y así, logramos mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.-terminó de decir Scarlet, antes de acercarse a mí. Yo la esperaba mientras ella les enseñaba a otros científicos el procedimiento a seguir para un nuevo proyecto, aparentemente inofensivo.
-Buena presentación. Se ve tan diferente de lo que Caleb quería hacer con el Autómata...-dejé el comentario en el aire.
-Por supuesto que lo es. No sabes a cuántas personas beneficiaremos con esto-respondió con entusiasmo.-El proyecto Autómata solo es una medida de defensa. Harías bien en recordarlo.
-Lo sé. Discúlpame-Un silencio incómodo se alzó entre nosotros. Molesto por la sensación, inventé con rapidez algo que decir:
-No pude evitar fijarme en esta extraña máquina emisora de ondas cerebrales mientras te esperaba. ¿Cuál es su función?
Scarlet rió con gracia y sonreí al verla en un estado tan magnífico. Terminó de reír, me tomó de la mano y mirándome a los ojos, me dijo:
-AtrapaSueños, es una curiosa coincidencia que hayas posado tu atención sobre ese aparato puesto que está relacionado con el mundo onírico, al igual que tu apodo-. Me llevó hasta él y me explicó:
-Crea sueños, buenos sueños, a partir de los deseos ocultos de la mente, para asegurar un mejor descanso y una experiencia única a quiénes tienen el privilegio de dormir bajo su efecto.
-Entiendo. ¿Me permitirías probarlo alguna vez?-inquirí.
-Confío en que sí funcione contigo-contestó en voz baja mientras un destello de rabia pura y sin sentido cruzaba sus facciones e inundaba el iris de sus ojos.
-¿A qué te refieres?-pregunté con preocupación.
Sonrió con complicidad y un toque de algo cercano a la maldad antes de recobrar su semblante de serena superioridad y responderme:
-Ya lo verás.

Ese día salimos juntos en dirección a su residencia. Al llegar, ella sirvió dos tragos de whisky y nos sentamos en la sala a revisar unos informes de diversos proyectos sin financiación. Al poco rato de haber iniciado, Scarlet susurró:
-Sé que quieres irte pero no me has dado lo que necesito para dejarte ir...
-¿Y qué es eso?-repliqué interesado.
Ella observó mis ojos con los suyos, de color violeta y continúo en silencio. Una fuerza abrumadora me haló hacia ella y me hizo ser consciente del estilizado cuerpo que esperaba bajo su ropa.
Sin previo aviso, ella se lanzó hacia mi boca, besándome con premura, haciendo que esa fuerza estallara de regocijo y me guiara por sus curvas. Toda mi voluntad, si es que quedaba, se desvaneció, lo que me impulsó a afirmar:
-Haré lo que quieras por tí, suave pelirroja.
-No esperaba menos-su voz sonaba distinta, llena de arrogancia.
Ignorando ese detalle, me entregué a esa fuerza ajena y a mi pasión, olvidando todos aquellos a quienes debía recordar.

A pesar de reconocer los artificios que me llevaron a los actos de esa noche, no me arrepiento por completo del hecho. Tenía que pasar, lo sabía desde la primera cita con Scarlet. No obstante, de esa situación derivaron mis problemas posteriores. Scarlet comenzó a influenciar sobrenaturalmente todas mis decisiones.
Poco después, esa influencia me llevó a poner en manos de la Brigada a mi familia. Acompañado de hombres bajo el mando de Scarlet, fui a mi hogar donde permití que sacaran a la fuerza a mis padres y a mi hermana, a quienes les hicieron pruebas, que, posteriormente me enteré, eran para determinar sus talentos.

Daniel intentó hacerme entrar en razón para liberar a mi hermana y yo conseguí calmarlo, asegurándole que era necesario para su bienestar. La enfermiza fidelidad a Scarlet me hizo rechazar sus consejos. No fue hasta que mi familia fue devuelta a la casa que recuperé poco a poco mi juicio. Me fijé que, entre más tiempo pasaba en presencia de mi hermana, más claro era mi pensamiento. Parecía que estuviera despertando lentamente de un letargo que se resistía a dejarme. Scarlet sabía de ello, así que evitando arriesgarse, envió a sus secuaces a vigilarme. Cuando estuve seguro de poder liberarme de la subordinación a la que me veía sometido, escapé por poco y anduve como fugitivo durante un largo tiempo.

Durante mis recorridos solitarios por la ciudad, descubrí una organización que se oponía al control de la Brigada, la Mantis. Era un grupo de personas que hacían todo lo posible por quebrantar el poder de la Brigada, interviniendo con eficacia y velocidad sus proyectos y reuniendo pruebas en contra de ellos, con el ánimo de demostrar sus intenciones verdaderas. Todas sus actividades las llevaban a cabo procurando que sus identidades no fueran descubiertas, dados los pocos recursos que tenían para enfrentarse a tan gigantesca y majestuosa corporación.

Me dediqué entonces a espiarlos, tanto por ser mis enemigos por naturaleza como por ser mis aliados potenciales. Me instalé en una habitación en el mismo edificio donde celebraban subrepticiamente sus reuniones de planificación. El dinero no era un problema: había ahorrado gran cantidad de los excedentes ganados por mi trabajo como AtrapaSueños y ayudante de Scarlet. Asistí sin falta a estos consejos secretos hasta que me enteré una iniciativa con bastante fuerza y peso en la Mantis: la liberación de los sujetos de prueba. Por lo que había oído, mi hermana había sido capturada de nuevo, así que ella sería una de las posibles rescatadas. Yo sabía que si los integrantes de la Mantis se la llevaban con ellos, la Brigada retendría e interrogaría con crueldad a mis padres con el propósito de conocer su paradero. Decidí entonces seguir a la patrulla enviada a liberar a los reclusos de la Clínica Central.

Partieron un domingo por la mañana, con el objetivo de crear el menor alboroto posible. Sin que ellos detectaran mi presencia, los seguí. Tenía la esperanza de encontrar a Daniel cuidándola. Me había disfrazado...
Escucho los pasos del guardia de mi celda. Me prepararé para escapar. Lamento no haber terminado de dejar constancia de lo que me ha ocurrido desde... No importa. Sé que nos veremos.

Att. El AtrapaSueños.