viernes, 31 de agosto de 2012

La inmerecida

Todo podría ser perfecto. Tú podrías serlo. Nuestra relación podría serlo... pero hay algo que nunca lo podrá ser y ese soy yo. Noventa y nueve por ciento una vergüenza y con una sola cualidad: obstinación. ¿Cómo podría antojársele a alguien una persona tan singularmente disminuida como yo?¿Qué puede brindar un individuo tan deplorable y auto compasivo a otra persona? Podría decir que aprenderías de mis errores, de mis monumentales defectos y de mis quejumbrosos fracasos. Así sería simplemente un modelo a no seguir y colaboraría a tu camino hacia una "buena persona". Sin embargo, tú ya sabes todo lo que yo ignoro. Reconociste los defectos que poseo antes de siquiera tenerlos y los corregiste. Eres precisamente el tipo de persona que no podría ni podrá sacar algo bueno de mi miserable personalidad. Entonces, ¿qué más te puedo ofrecer?

Cariño no te hace falta. Apoyo, tampoco. Personas a tu alrededor que se sientan tan orgullosas de tí como yo lo hago me atrevería a decir que sobran. Amigos, familiares, conocidos... Nada te hace falta. Una persona especial, amorosa y que diera todo por tí... es lo que podría hacerte falta. No obstante, no es cierto. Tú eres feliz así, en la soledad. No necesitas a nadie para recobrar tu maravillosa sonrisa. No requieres un halago para saber lo que eres. Tienes la seguridad en tí de la que yo siempre he carecido. ¿Y qué si necesitases de alguien más? Bueno, tendría que ser perfecto a su manera, amoroso siempre y dar absoluta y completamente todo lo que tiene y lo que no para tu bienestar. ¿Soy yo eso?

No debería ni molestarme en responder esa lógica y ridícula pregunta. No soy perfecto. Mis "cualidades" no armonizan con mi asombrosa y variada "fauna" de defectos. Podría durar páginas detallando mis gigantescas fallas, comentando como han terminado de minar mi etérea confianza y convertido en el fracaso de persona que soy ahora. He fallado a la primera condición para ser tu alguien. Amoroso tampoco lo soy. Soy romántico pero mi amor se desvanece como la bruma en una mañana. Parece tangible, envolverlo todo y antes de que nos demos cuenta, desaparecerá. Ese es mi inconstante y efímero amor. Del que no deberías recibir. Segundo requisito no llenado.

Del último. De aquél que define por completo lo que no soy. Yo podría decir muchas cosas, podría hacer muchas cosas, podría dar mi sobrevalorada vida por tí. Pero se queda ahí. En un "podría". No pude hacerlo cuando lo necesitaste. No pude protegerte. No pude defenderte. No pude darte apoyo. Me contenté con estar ahí como una estatua defendiendo su territorio, ajena a cualquier cosa que ocurriese a su alrededor. Me limité a observarte mientras te auto destruías. Si no puedo hacer que estés en paz en tu interior y no te hagas daño, ¿cómo podría lograr darte la fuerza para que nadie del exterior te lo hiciera? Más aun, no soy agradable para tus seres queridos. Tu bienestar está comprometido cada vez que sales conmigo y sé que podrías llegar a perder personas mucho más valiosas que yo por quererme como lo haces. Perderás mucho y ganarás alguien que no puede darlo todo por tí. ¿Cuál es la ganancia? Y el tercer requisito acaba con mi extinta posibilidad de darte lo que mereces.

No te merezco y ese es el punto. Un punto que yo supe desde siempre. Puede que te "haga bien" pero al final del día me encargaré consciente o inconscientemente de arrancarte el corazón, de tomarlo entre mis blancuzcas y huesudas manos y comerlo mientras mis lágrimas se mezclan con tu sangre. Seré yo responsable de desangrar tu amor, de lastimar tu confianza y arrastrarte conmigo al tártaro en el que debo estar. Te transformaré, te destruiré e intentaré componerte con un plano que representa más mi maldita alma que la pura tuya. No quiero hacerlo. No deseo besarte, robar tu esencia y condenarte. Pero mi arraigado demonio logrará hacerlo si estamos juntos.

No podría negar que me haces bien. Soy feliz y debería ser suficiente si no supiese que es un sentimiento que no debo sentir. Una felicidad inmerecida. Un paraíso contigo que nunca he ganado. Al que nunca debí haber intentado entrar. Al que nunca seré bienvenido. Al que cualquier otra persona, con más talentos, más capacidades, amor sincero, y muchas más cualidades que yo debería ser invitado. Inmerecida. La inmerecida euforia que siento debe ser devuelta a su origen y debe aguardar ahí a que una persona fabulosa, espectacular e inigualable entre a tu vida. Ese que no puedo ser yo.

miércoles, 22 de agosto de 2012

11+11

Muchas veces dije muchas cosas. Muchas veces aseguré lo que pensaba era cierto. En ciertas ocasiones, tomé mis afirmaciones con la gravedad digna de un axioma. Algo que sin demostración debía ser cierto. Dije muchos "nunca". Limité por completo mi vida a unas cuantas incursiones muy tormentosas en el terreno amoroso. El amor duele sin importar si está bien o mal. Nunca sentí que estuviera bien. Nunca sentí siquiera al amor tan cerca. Otras veces escupí al amor, pensando que no valía la pena. Rehuí de él, como una presa de su cazador. Escribí sobre él, idealizándolo de una manera casi ridícula mientras que en la realidad lo evitaba, lo retardaba, le ponía obstáculos. ¿Qué anduve haciendo todo este tiempo?
No enamorarme, no querer a alguien de ese tipo, no mostrar mi cariño en público, no comprometerme lo suficiente, no entregar nada que pudiera extrañar... Todo era una preparación, un entrenamiento, un preámbulo a algo que yo concebía imposible. Una opinión que podía defender en contra del mundo entero...
¿Quién osaría aceptar tantos defectos y tan pocas cualidades en una persona?¿Quién lograría atrapar el corazón de esta serpiente que escupía veneno a la simple vista de un congénere amoroso?¿Quién retendría entre sus brazos a este escurridizo ser de letras y sentimientos?¿Quién sería capaz de adoptar e incluso desplazar a las perfectas creaciones literarias de este muchacho, por las que él haría lo que fuera dado el caso que existieran?
Si me hubiesen preguntado o a cualquiera de mis cercanos antes, las preguntas habrían parecido absurdas y sus respuestas no hubieran variado de una palabra negativa de 5 letras: Nadie. Todos podíamos poner las manos en el fuego por defender la teoría que yo era un alma en esencia solitaria, a la que el amor no podría llegarle a afectar. Nunca pensé en la inmunidad que tuve, hasta hace poco... Sí era capaz de rechazar muchas cosas, de negar otras y prescindir fácilmente de las personas, sin involucrar demasiado mis alocadas e incontrolables emociones. ¿Es que valía la pena correr el riesgo por alguien?
"No". La tajante y concreta respuesta que daba a mí mismo y a los demás. Algo que más que haberlo definido yo hacía parte de mi inconstante y voluble ser. De pronto era mi culpa, de pronto era la culpa de las personas con las que me había encontrado. No lo sé, pero algo imposibilitó, para mi gran fortuna, llegar a desligarme de mis miedos por cualquiera.

Cuando llegaste, negué la posibilidad de quererte. Negué la posibilidad de gustarte, de enamorarte o de cualquier sentimiento parecido. Demasiada bondad para demasiada maldad. ¿Cómo podía ser que alguien como tú osara hablar con alguien como yo? Era como si un ángel intentara redimir la malicia innata de un pequeño demonio. No podía aceptarlo. Si alguien te gustaba, tenía que ser alguien como tú, no alguien como yo. Yo no te busqué, tú me encontraste. Yo no te atrapé, tú me capturaste. Yo urdí miles de planes, de conjeturas, en las que yo no quedaba contigo. Me los quería hacer creer, me los relataba todas las noches, mientras la luna condenaba mi comportamiento. ¿De qué sirvió?
De darme cuenta que mentía. Porque sabía la trascendencia de lo que ocurría, porque sabía que aquella persona que me empeñaba en creer que no existía, había llegado y me quería de una manera diferente y completa. Tú dijiste la verdad, a pesar de tu personalidad, de la mía y de las múltiples barreras que había puesto. La correspondencia de los sentimientos que empezó es inigualable y no la cambiaría por nada. El pasado es insípido cuando me doy cuenta que perdí mucho de él sin tenerte. El futuro no existe y el presente se alargará hasta fundirse con él y tú estarás ahí. Se suponía que tienes características que me disgustaban. Se suponía que no podía querer a... Pero tú eres diferente, incomparable... No cambiaría nada de lo que eres, de lo que representas, de cómo te ves, de lo que sabes. Sé tus defectos y te quiero con ellos. Eres todo lo que nunca existió para mí. Ya no veo miedo en nuestra relación. Te he entregado prácticamente todo. ¿Quién pensaría que este huraño y maligno servidor terminaría enamorado de tí?
Me has hecho entender lo que soy, lo que eres, lo que significa tener a alguien incondicional a su lado. A alguien con la sinceridad más grandiosa de este mundo. Lo veo en tus ojos, en tu boca, en tu cabello y en tu sonrisa. Aquella por la que caería una y otra vez. Ya no discuto conmigo mismo. Soy uno y ese uno te quiere como nunca ha querido a otra persona. Ves los colores en mí como nadie más. Pensé que el amor estaba muerto, pero cambiaste mi forma de pensar. Pienso en tí todo el día y toda la noche, porque nunca es suficiente. El tiempo desapareció, ya no siento la necesidad de ver todo en cámara lenta. No quiero dejarte ir, este sentimiento tiene que quedarse. Iré hasta el último momento, seré tu fuerza cuando te pierdas y no pienses que puedes seguir. Soy real y sé que tú lo eres también. Cuando me miras como lo hiciste la última noche, no puedo aguantar decirte adiós. Soy torpe porque me enamoré. Yo sabía que tú sabías que me habían flechado. Este será el mejor de mis sueños. Eres como un toque de luz dorada en la oscura noche. No me rendiré incluso si el mundo está en contra de nosotros. No seré alguien que se vaya tan fácilmente, estoy aquí para quedarme y haré la diferencia, la que pueda hacer. Una mirada y nada es lo mismo. Desde ese día robaste mi corazón y eres culpable. Tú eres la razón por la que sonrío. Me despiertas de los sueños en mi cabeza y me sacas de la oscuridad de la soledad. No hay conspiración en la forma en que nuestros corazones se encontraron. Es una vía de dos direcciones. Tú y yo. El deseo de la hora repetida... y la declaración del día en el que se sumaron las horas y los minutos. Te quiero mucho, Judas.

lunes, 13 de agosto de 2012

Tiempo

Y ahí estaba, frénetico buscando el tiempo correcto. Miraba su reloj a todas horas, no se despegaba de él pues era el que le decía que estaba en el camino apropiado y en el momento exacto. La paranoia del tiempo era infinita.  No dejaba de pensar en el tiempo que había perdido en su pasado, saliendo con personas o haciendo cosas que no valían la pena. El futuro también hacía parte de la paranoia: Se preocupaba por darle tiempo a todo, un tiempo justo y exacto, porque no podía nuevamente dejarse llevar más de lo necesario. Pasado y futuro. En el presente no había tiempo, porque si asignaba tiempo para el presente, se desperdiciaba mucho más de lo que se ganaba.
Toda su vida fue de esta manera. Precavido siempre dejaba tiempo para salvarse de cualquier peligro, tiempo para superar los golpes de su vida y tiempo para malgastar con las personas. Nada podía durar mucho. Su tiempo estaba contado y así seguiría hasta que muriera...
Pero no murió... y tampoco siguió pendiente del tiempo. ¿Qué le había ocurrido?
Una persona, de las tantas muchas existentes en el planeta, con la que podía malgastar el tiempo que fuera.
Eso era lo que le había ocurrido. Esa persona le hizo olvidar del tiempo.
Ya no interesaba cuánto se demorase, cuánto durara, si el tiempo se acababa...
Simplemente estaba al margen de él.
En un plano superior... donde lo único que importaba era la persona que había destruido al tiempo.
La paranoia entonces se había ido, hasta siempre. Ya el pasado y el futuro no eran nada sin el presente, al que se le debía adjudicar el único tiempo que se tenía.
El presente... el lugar donde se encontraba él. La única persona a la que podría decirle algo más que un "Te quiero".
¿Por qué no podrían entonces olvidarse juntos del tiempo?
Del pasado, que tanto atormentaba su maldito corazón paranoico...
Y del futuro, que era inexistente e inocuo sin el presente.
El tiempo ya no era mucho ni suficiente a su lado. Solo era eterno, inmutable y ajeno a ellos.
"Mucho tiempo" se refería únicamente al momento en que dejaban de hablar, pero no era proporcional. Los segundos sin su mitad podrían ser mucho tiempo...
El tiempo empezaría de nuevo si le dejase... Eso lo sabía.
Pero preferiría ser atemporal, para siempre.
"¿De qué serviría tener tiempo si no se pudiese compartir contigo?"