Todo podría ser perfecto. Tú podrías serlo. Nuestra relación podría serlo... pero hay algo que nunca lo podrá ser y ese soy yo. Noventa y nueve por ciento una vergüenza y con una sola cualidad: obstinación. ¿Cómo podría antojársele a alguien una persona tan singularmente disminuida como yo?¿Qué puede brindar un individuo tan deplorable y auto compasivo a otra persona? Podría decir que aprenderías de mis errores, de mis monumentales defectos y de mis quejumbrosos fracasos. Así sería simplemente un modelo a no seguir y colaboraría a tu camino hacia una "buena persona". Sin embargo, tú ya sabes todo lo que yo ignoro. Reconociste los defectos que poseo antes de siquiera tenerlos y los corregiste. Eres precisamente el tipo de persona que no podría ni podrá sacar algo bueno de mi miserable personalidad. Entonces, ¿qué más te puedo ofrecer?
Cariño no te hace falta. Apoyo, tampoco. Personas a tu alrededor que se sientan tan orgullosas de tí como yo lo hago me atrevería a decir que sobran. Amigos, familiares, conocidos... Nada te hace falta. Una persona especial, amorosa y que diera todo por tí... es lo que podría hacerte falta. No obstante, no es cierto. Tú eres feliz así, en la soledad. No necesitas a nadie para recobrar tu maravillosa sonrisa. No requieres un halago para saber lo que eres. Tienes la seguridad en tí de la que yo siempre he carecido. ¿Y qué si necesitases de alguien más? Bueno, tendría que ser perfecto a su manera, amoroso siempre y dar absoluta y completamente todo lo que tiene y lo que no para tu bienestar. ¿Soy yo eso?
No debería ni molestarme en responder esa lógica y ridícula pregunta. No soy perfecto. Mis "cualidades" no armonizan con mi asombrosa y variada "fauna" de defectos. Podría durar páginas detallando mis gigantescas fallas, comentando como han terminado de minar mi etérea confianza y convertido en el fracaso de persona que soy ahora. He fallado a la primera condición para ser tu alguien. Amoroso tampoco lo soy. Soy romántico pero mi amor se desvanece como la bruma en una mañana. Parece tangible, envolverlo todo y antes de que nos demos cuenta, desaparecerá. Ese es mi inconstante y efímero amor. Del que no deberías recibir. Segundo requisito no llenado.
Del último. De aquél que define por completo lo que no soy. Yo podría decir muchas cosas, podría hacer muchas cosas, podría dar mi sobrevalorada vida por tí. Pero se queda ahí. En un "podría". No pude hacerlo cuando lo necesitaste. No pude protegerte. No pude defenderte. No pude darte apoyo. Me contenté con estar ahí como una estatua defendiendo su territorio, ajena a cualquier cosa que ocurriese a su alrededor. Me limité a observarte mientras te auto destruías. Si no puedo hacer que estés en paz en tu interior y no te hagas daño, ¿cómo podría lograr darte la fuerza para que nadie del exterior te lo hiciera? Más aun, no soy agradable para tus seres queridos. Tu bienestar está comprometido cada vez que sales conmigo y sé que podrías llegar a perder personas mucho más valiosas que yo por quererme como lo haces. Perderás mucho y ganarás alguien que no puede darlo todo por tí. ¿Cuál es la ganancia? Y el tercer requisito acaba con mi extinta posibilidad de darte lo que mereces.
No te merezco y ese es el punto. Un punto que yo supe desde siempre. Puede que te "haga bien" pero al final del día me encargaré consciente o inconscientemente de arrancarte el corazón, de tomarlo entre mis blancuzcas y huesudas manos y comerlo mientras mis lágrimas se mezclan con tu sangre. Seré yo responsable de desangrar tu amor, de lastimar tu confianza y arrastrarte conmigo al tártaro en el que debo estar. Te transformaré, te destruiré e intentaré componerte con un plano que representa más mi maldita alma que la pura tuya. No quiero hacerlo. No deseo besarte, robar tu esencia y condenarte. Pero mi arraigado demonio logrará hacerlo si estamos juntos.
No podría negar que me haces bien. Soy feliz y debería ser suficiente si no supiese que es un sentimiento que no debo sentir. Una felicidad inmerecida. Un paraíso contigo que nunca he ganado. Al que nunca debí haber intentado entrar. Al que nunca seré bienvenido. Al que cualquier otra persona, con más talentos, más capacidades, amor sincero, y muchas más cualidades que yo debería ser invitado. Inmerecida. La inmerecida euforia que siento debe ser devuelta a su origen y debe aguardar ahí a que una persona fabulosa, espectacular e inigualable entre a tu vida. Ese que no puedo ser yo.
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