Por fin, había
llegado al lugar donde estaba esa secreta sala de investigación. La euforia no
me hacía más lento; me impulsaba a correr escaleras arriba hasta el sexto piso.
Al llegar, me deslicé por el pasadizo que sabía me llevaría al recinto donde
ella se encontraba. Todavía seguía allí, ataviada con un sencillo pero ajustado
vestido negro y descansando sobre la cama semidoble que la Brigada había
dispuesto para ella.
"Sí, estoy seguro" repetí una vez tras otra a la voz de mi subconsciente mientras me preparaba para enfrentarme a mi hermano. El auto se acercaba a su meta y podía ver la estructura gigantesca que era la Clínica Central, tan alta y majestuosa que producía un sentimiento de sobrecogimiento al espectador más valiente. De un tono amarillo pálido ajado con el tiempo, el edificio parecía cernir una atmósfera de protección sobre el terreno aledaño. Me bajé del vehículo y me quedé de pie frente a su puerta principal, admirando la fortaleza más recóndita de la compañía de Caleb. Recordé entonces que podría hacerme pasar por él si así lo quisiera; al haber tomado las precauciones previas, me quedaría más fácil hacerlo.
El respirador no
cesaba de sonar y me percaté que el sonido iba al son del goteo del suero que
le administraba una máquina a su brazo derecho. Tan hermosa como siempre. Sus
delicados párpados cerrados sobre sus bellos ojos oscuros. Su cara larga y
femenina enmarcada por su larga cabellera negra. Su pequeña pero imponente
nariz sobre sus delgados y perfectos labios. Una lástima que tuviera que
hacerlo. De haber podido, la habría cortejado con mis mejores técnicas. Ya no
había tiempo. Era justo lo correcto. Lo requerido para este momento. Mi hermano
estaba loco y esta era la única forma de liberarlo…
Me acerqué al
dispensador de suero y saqué una jeringa. Podía hacerlo de diferentes maneras.
Contaminando el líquido que entraba a su cuerpo era la que más me atraía.
También podría producir un alto en el fluido eléctrico y con él se iría
rápidamente el aire. Tantas necesidades de un cuerpo, tantos prerrequisitos
para mantenerse vivo. ¿Por qué se empeñan en atarla a la vida?¿A quién
verdaderamente le importa? Ella debería haber dejado este mundo hace mucho… Lo
único que agradezco es la forma en que se convirtió en una herramienta primordial
para nuestra investigación. Tanto poder en una persona que ahora estaba tan
frágil…
El suero que
llegaba a su brazo era oscuro, su respiración se fue ralentizando y el
respirador dejó de seguir el compás del goteo. Me acerqué a su oído, la besé
con suavidad en la mejilla mientras susurraba con calma:
-Adiós. No deberías
haberlo contactado. Te dije que sería tu perdición. Somos hermanos, ¿cómo
pensaste que sería distinto? Duerme para siempre y hasta nunca, Bianca.
Entré en la recepción del primer piso y sonreí a la chica sentada frente al escritorio, esperando una reacción favorable.
-Buenas tardes, supervisor Caleb, ¿cómo ha estado usted?- me dijo la muchacha mientras sonreía por educación- Hace mucho que no se le veía por acá. ¿A qué se debe la visita?
Me extrañé por su respuesta. Parecía ilógico que Caleb no hubiese llegado aquí antes que yo, pero tenía que aprovechar cualquier asomo de suerte que me regalara el destino.
-Buenos días-le corregí- Vengo a inspeccionar las salas de prueba que hay en este centro. ¿Me llevaría hasta ellas por favor?
-¿Salas de prueba? Ha pasado poco tiempo desde que vino a revisarlas. ¿Ocurre algo malo?
-Problemas con mi hermano, ¿recuerda que estaba en una de ellas en otra institución? Parece haberle afectado más de lo pensado.... pero no veo la razón por la que debería decirle esto. ¿La tiene usted?-terminé sonriendo con superioridad de la forma más convincente que podía. Tenía que confiar en mis habilidades actorales para averiguar la verdad.
-No la tengo. Discúlpeme por mi entrometimiento. Ya le enviaré un guardia para que lo escolte hasta las salas-me respondió con evidente miedo, sin asomo de respeto. Me dispuse a mostrarle la identificación que había robado del escritorio de Caleb, pero me detuvo diciéndome:
-No se preocupe. Yo sé quién es usted. Edgar, acompáñelo por favor.
Un hombre de mediana edad y alta estatura se acercó caminando con un ligero balanceo como si fuera un primate. Tenía una cara grande y nada armoniosa y me hizo un rápido gesto para indicarme que lo siguiera. Parecía aburrido y resignado, pero yo estaba seguro que cedería ante cualquier petición mía, dado que venía del supuesto "Supervisor Caleb".
Subimos al cuarto piso y el guardaespaldas me guió hacia una sala ubicada al fondo del pasillo. En todo el trayecto no ví a nadie más, el edificio se sentía casi vacío o como si lo hubiesen evacuado recientemente. Algo me decía ese hecho pero no supe distinguirlo. En la habitación, se sentía desolación y una desesperanza latente. A esto era lo que me refería cuando le dije a la secretaria que me había "afectado más de lo pensado" el hecho de estar en los experimentos de mi hermano. Sentía que me enloquecía, pero se refutaba cuando veía a Bianca en mis sueños. Nadie como ella podría ser el producto de la mente de un loco, ¿o sí?
El recinto al que había entrado estaba ocupado por pocas cosas, una máquina extraña, ligeramente parecida a una de electrocardiogramas, una camilla sin ocupante y una mesa llena de instrumentos médicos como agujas y estetoscopios. Me acerqué con cuidado a la máquina y comprobé para mi asombro que era una versión más pequeña con ciertas diferencias de la que había en el lugar donde permanecí inducido al sueño por aquél joven científico. La inspeccioné de cerca, puesto que no tenía ningún emisor de ondas como la que había estado sobre mí poseía. Por lo que conocía, me atreví a afirmar que podía inducir en un estado de letargo a cualquier persona, durante un intervalo indefinido de tiempo.
-¿Edgar?
-Dígame, señor supervisor.
-¿Es esta máquina la que usamos para crear sueños?-inquirí con suspicacia.
-Creo que se equivoca, llamaré al encargado de esta sala-se disponía a salir a hacer su tarea pero antes de ello lo agarré del brazo y le dije:
-No se preocupe. Necesito que me lleve al resto de las salas- sería sospechoso que el supervisor Caleb no supiera el funcionamiento de los instrumentos que él en parte había ayudado a crear. Ahora estaba seguro de que ese era el "trabajo de investigación" de mi alabado hermano.
-Con gusto- me invitó a seguirlo antes de iniciar a avanzar, cruzando el extenso pasillo y entrando a la puerta de enfrente.
No había absolutamente nada extraordinario en esa nueva habitación. La misma camilla, el mismo armario y ningún habitante. Empecé a pensar en lo absurdo que había sido al pensar que sería tan fácil sacar alguna información sobre el paradero de Bianca de esta visita a la Clínica. A pesar de hacerme pasar por mi hermano, nada había averiguado que me diera indicios sobre lo que él tramaba y no veía muchas luces de esperanza en torno a llegar a alguna revelación verdadera. Dí por sentado que Caleb llegaría antes que yo lograra sonsacarle algo a ese sombrío lugar y, con ese pensamiento en mente, no me detuve más tiempo allí. Le ordené al guardaespaldas me llevara a las siguientes salas de prueba que habían en el piso, donde no encontré nada que valiera la pena y finalmente, descendimos un piso para dirigirnos a la sala especial. El nombre de ella podría ser únicamente nominal, sin darle más importancia, así que no me dí falsas esperanzas mientras Edgar abría la pesada puerta para mí.
Tan pronto como crucé el umbral de la puerta, mi vista se nubló y una imagen se sobrepuso a la de la habitación con mi acompañante junto a la entrada. Una mujer de cabellos castaños cobrizos que yo ya había visto con anterioridad, se encontraba sobre la camilla mientras otra mujer, delgada y pelirroja que me daba la espalda, le administraba algo por vía intravenosa. Ambas presencias se sentían conocidas y sabía que la visión de ellas era de un pasado más cercano que lejano. Pensé en Bianca y me pregunté por qué no la veía a ella. La respuesta llegó tan rápida como la pregunta.
"Sólo sueñas con quienes no tienes"
¿Significaba eso que necesitaba encontrar a la chica castaña? Estaba seguro que la pelirroja no era una persona que debía buscar sino, al contrario, evitar.
-¿Le ocurre algo, supervisor?- me preguntó Edgar un tiempo después. Supuse que me había quedado estupefacto y ajeno a esta realidad.
Me giré para verlo y, por un breve momento, confundí la visión sobrepuesta del pasado con la del presente. Parpadeé rápidamente y le respondí con la mayor naturalidad posible.
-Por supuesto que no, Edgar. Estaba recordando algo... ¿Sabe usted quién se alojaba en esta habitación?
-Recuerdo que era una joven. Muy atractiva si se me permite decirlo. Algo pálida para mi gusto, aunque podría deberse a los experimentos que hacían con ella. Es lo único que puedo decirle. Si me da permiso, con gusto puedo preguntar por ella a la recepcionista de este piso.
-Lo espero aquí. Averigüe cuando entró, cuando salió y de quién se trata.
-Como ordene, supervisor-respondió el guardaespaldas, saliendo de la habitación.
Tan pronto como su presencia se fue, me concentré en dilucidar algo más de las visiones del pasado que había tenido en aquél recinto. Me acerqué al armario al lado izquierdo de la camilla, donde encontré solo una banda de tela para el cabello, verde y de motivo geométrico. La tomé e intenté ver más allá del simple tejido y los cobrizos cabellos adheridos a ella. Correcto. Pertenecía a la chica que había sido internada allí hacía mucho tiempo. Supe inmediatamente que había salido de allí con premura pero no la razón por la que lo hizo. Supuse entonces que la compañía de mi hermano la había trasladado a algún otro lugar. No me parecía que ellos dejaran ir a una persona tan fácil... y menos una tan aparentemente poderosa como la chica de esa habitación.
No conocía mucho de la verdadera naturaleza del trabajo de mi hermano pero me imaginaba que él se aseguraba de que en todos los establecimientos de investigación le extrajeran todo lo que pudieran a los "sujetos de prueba". No podría estar seguro de que Caleb los atrapara; era un trabajo de muy bajo mando para alguien como él. "Supervisor"... ¿Qué más ocultaría ese título?
Una gran cantidad de discusiones se originaron en alguno de los pisos inferiores del edificio. Guardé rápidamente la banda verde en el bolsillo de mi chaqueta e intenté prepararme por si me habían descubierto. Al encontrarme en un tercer piso, no consideré la posibilidad de escapar por una ventana y seguramente las escaleras estarían plagadas de vasallos del "Supervisor", lo que solo me dejaba la alternativa de esconderme. Cuando urdí el plan para entrar a este lugar, no me detuve a pensar en la posibilidad de ser capturado o perseguido antes de salir de aquí con la información sobre el paradero de mi chica en las manos. Esta era la verdadera falla en mi plan y reconocí entonces el peligro al que me había lanzado sin reparar en las consecuencias. Me reprendí por no haber aprendido nada de la astucia de mi hermano y me dediqué a atrapar fragmentos de las conversaciones que, con el paso del tiempo, se acercaban cada vez más a donde me hallaba.
-(....) lo que hace aquí? El Supervisor no nos avisó de su visita. Debería irse antes (....)
-Nos habían advertido de su locura pero no lo creímos trastocado tan a fondo como para (...)
-¿Qué están diciendo?¿Acaso se están rebelando contra mí?- se alzó la voz inconfundible de mi hermano sobre la multitud de sonidos.
-(...) ha perdido la cabeza. Deberíamos consultar con el supervisor antes de tomar la decisión de (....)
-(...) acuerdo. Reténganlo aquí el tiempo que sea necesario. Ya (...)
Las múltiples quejas se sobreponían unas a otras y alcancé a escuchar vagamente el resonar de unos pasos acercándose. Me enderecé y adopté una expresión de desprecio, preparado para seguir con mi papel de ser necesario. Era Edgar que se asomó a la puerta, pidió permiso para entrar y finalmente me dijo:
-Señor, su hermano ha llegado y se empeña en hacernos creer que es usted. Que siendo él el supervisor, lo había citado a usted acá pero que había tenido que hacer un encargo personal urgente. Está amenazando a todo el personal con despedirlo si no le creemos lo que dice. Nadie le presta atención pero debo saber... ¿es usted realmente el Supervisor?
Tan pronto como terminó de hablar, una pequeña compañía de científicos y guardaespaldas entró silenciosamente al recinto, atentos a mi respuesta. Solté un bufido de burla y tras menear la cabeza con supuesta decepción, respondí:
-Edgar, ¿cree usted que si yo no fuera el Supervisor Caleb se lo diría así de fácil?¿Cree también que, en el hipotético caso que no fuera yo, me arriesgaría a estar a solas con ustedes sabiendo lo difícil que sería escapar? Fíjese en lo que está diciendo; todos los que cruzamos hoy me reconocieron y usted ahora duda de mi identidad. Yo tendría cuidado en su lugar.
Los recién llegados soltaron un suspiro de alivio, que intentaron reprimir mientras ponían falsas caras de preocupación por el destino de Edgar. Este último se quedó sin habla y apuntó su mirada al suelo en un intento por encontrar la forma de disculparse. Me felicité por mi hazaña y me agradó confirmar lo mucho que podría hacer para ir en busca de Bianca. Espere un pequeño momento antes de decir:
-¿Qué hacen todos ustedes mirándome?¿No tienen nada que hacer? Debería modificar el excelente informe que preparaba sobre su trabajo...- dejé que la frase hiciera efecto antes de agregar- Edgar, traiga a mi hermano. Deseo verlo.
Los científicos salieron apresuradamente de la estancia, dejando a los tres guardaespaldas conmigo, quienes se hicieron a un lado para dejar a Edgar pasar. Me miraban con miedo mal disimulado y parecían esperar órdenes mías. Me propuse esperar a que trajeran a Caleb y seguí interpretando mi papel de la manera más acertada que pude. Miré a los guardaespaldas con desprecio mientras chequeaba la hora en mi reloj. Medio día.
-¿Cuánto tiempo más tendré que esperar para poder terminar la inspección?- exclamé dirigiéndome al ambiente más que a alguno de ellos específicamente.
Por segunda vez, estallaron riñas en algún lugar cercano a la puerta principal del edificio y yo, dando por sentado que se relacionaban con Caleb, hice oídos sordos. Los hombres que quedaban en la habitación se movían inquietos y se lanzaban miradas de advertencia silenciosas hasta que uno de ellos soltó:
-Señor, creo que lo que está pasando fuera le concierne. ¿Me permitiría ir a chequear la situación para informarle antes que ocurra otro malentendido?
-Vaya y no se demore- respondí de sopetón. Volví a escuchar las exclamaciones y me percaté que alguien corría con premura hacia el lugar donde me encontraba. Los guardaespaldas giraron en el preciso momento en que un joven, de cabello oscuro y llamativos rasgos salió disparado del hueco de las escaleras en dirección a la puerta de la habitación. Lo atraparon poco después de cruzarla a pesar de que él demostraba una gran fuerza mientras se debatía por liberarse. Me fulminó con la mirada y vociferó:
-Caleb, no podrás retenerme por mucho más tiempo y lo sabes. Ya me escapé una vez, podré hacerlo las veces que quiera.
Cuando terminó de hablar, lo reconocí. Aquél hombre que se suponía había sido compañero de trabajo de mi gemelo y cuya foto encadenado reposaba sobre la mesa de café de nuestro departamento, se encontraba ahora frente a mí, enviándome en su mirada todo el odio que guardaba hacia Caleb.
Agradecí el golpe de suerte que había tenido: La aparición de él, junto a lo que había dicho, me reafirmaba como el supervisor a quién debían obedecer. Además, me abría la posibilidad de interrogarlo para saber algo más de mi hermano.
-Enciérrenlo en la habitación contigua. Ya tendré tiempo para lidiar con él.
Los hombres salieron de la habitación y el recluso giró para verme una vez más antes de salir con una expresión de enfado. Escuché que decía, arrastrando con desprecio la última palabra:
-Tendrás mucho más que lidiar conmigo, "Supervisor".
Edgar entró segundos después, seguido de otros hombres que sostenían a mi hermano con fuerza entre ellos. Él intentaba soltarse pero se detuvo al asombrarse de verme allí, intacto entre los que eran sus vasallos. Ordené que lo soltaran y él se alisó con un gesto rápido antes de escupir:
-Gabriel, ¿qué intentas hacer?- se giró para encararse a los demás- Todos ustedes saben que este es una falsa copia mía. Pagarán por esto si no me liberan en este momento.
Me percaté que iba vestido de una manera simple para ser él y de un tono completamente gris. Hice caso omiso de las quejas de Caleb y me dirigí a Edgar:
-Acaban de llevarse a un fugitivo que, junto con mi hermano, han violado las medidas de seguridad. ¿Qué ocurre aquí?¿Es que dejan a cualquiera entrar?
El aludido dudó por un momento, pero respondió con seguridad:
-Señor, creo que tengo que recordarle que, desde que la resistencia atacó este centro y liberó a los sujetos, la seguridad quedó mermada...
Caleb lo interrumpió diciendo:
-¿Ahora le rinden las cuentas a Gaby?¿Qué ha pasado? ¡Exijo una explicación!
-¿Gaby? No veo que nadie esté rindiéndote cuentas a tí. ¿Hablas en tercera persona de tí mismo? Sabía que los experimentos te habían afectado, pero no hasta qué punto... Edgar, por favor, retírelo de mi presencia- agregué con superioridad.
Mi hermano, enfurecido, se lanzó hacia mí, pero lo esquivé y le hice una rápida llave en el brazo derecho. Me acerqué a su oído y le susurré:
-¡Qué bien se siente ser el Supervisor! Con razón te pavoneabas así antes... Ahora podré encontrar a Bianca.
Le indiqué por señas a los guardaespaldas que lo llevaran y ví como lo arrastraban fuera en contra de su voluntad. Estaba hecho una furia cuando le sonreí con triunfo por última vez antes de que desapareciera de mi vista. Edgar lo seguía pero se devolvió para asomarse por la puerta y decirme:
-Supervisor, la chica que se alojaba en este recinto escapó poco después del ataque. Se llamaba Angela.
Subimos al cuarto piso y el guardaespaldas me guió hacia una sala ubicada al fondo del pasillo. En todo el trayecto no ví a nadie más, el edificio se sentía casi vacío o como si lo hubiesen evacuado recientemente. Algo me decía ese hecho pero no supe distinguirlo. En la habitación, se sentía desolación y una desesperanza latente. A esto era lo que me refería cuando le dije a la secretaria que me había "afectado más de lo pensado" el hecho de estar en los experimentos de mi hermano. Sentía que me enloquecía, pero se refutaba cuando veía a Bianca en mis sueños. Nadie como ella podría ser el producto de la mente de un loco, ¿o sí?
El recinto al que había entrado estaba ocupado por pocas cosas, una máquina extraña, ligeramente parecida a una de electrocardiogramas, una camilla sin ocupante y una mesa llena de instrumentos médicos como agujas y estetoscopios. Me acerqué con cuidado a la máquina y comprobé para mi asombro que era una versión más pequeña con ciertas diferencias de la que había en el lugar donde permanecí inducido al sueño por aquél joven científico. La inspeccioné de cerca, puesto que no tenía ningún emisor de ondas como la que había estado sobre mí poseía. Por lo que conocía, me atreví a afirmar que podía inducir en un estado de letargo a cualquier persona, durante un intervalo indefinido de tiempo.
-¿Edgar?
-Dígame, señor supervisor.
-¿Es esta máquina la que usamos para crear sueños?-inquirí con suspicacia.
-Creo que se equivoca, llamaré al encargado de esta sala-se disponía a salir a hacer su tarea pero antes de ello lo agarré del brazo y le dije:
-No se preocupe. Necesito que me lleve al resto de las salas- sería sospechoso que el supervisor Caleb no supiera el funcionamiento de los instrumentos que él en parte había ayudado a crear. Ahora estaba seguro de que ese era el "trabajo de investigación" de mi alabado hermano.
-Con gusto- me invitó a seguirlo antes de iniciar a avanzar, cruzando el extenso pasillo y entrando a la puerta de enfrente.
No había absolutamente nada extraordinario en esa nueva habitación. La misma camilla, el mismo armario y ningún habitante. Empecé a pensar en lo absurdo que había sido al pensar que sería tan fácil sacar alguna información sobre el paradero de Bianca de esta visita a la Clínica. A pesar de hacerme pasar por mi hermano, nada había averiguado que me diera indicios sobre lo que él tramaba y no veía muchas luces de esperanza en torno a llegar a alguna revelación verdadera. Dí por sentado que Caleb llegaría antes que yo lograra sonsacarle algo a ese sombrío lugar y, con ese pensamiento en mente, no me detuve más tiempo allí. Le ordené al guardaespaldas me llevara a las siguientes salas de prueba que habían en el piso, donde no encontré nada que valiera la pena y finalmente, descendimos un piso para dirigirnos a la sala especial. El nombre de ella podría ser únicamente nominal, sin darle más importancia, así que no me dí falsas esperanzas mientras Edgar abría la pesada puerta para mí.
Tan pronto como crucé el umbral de la puerta, mi vista se nubló y una imagen se sobrepuso a la de la habitación con mi acompañante junto a la entrada. Una mujer de cabellos castaños cobrizos que yo ya había visto con anterioridad, se encontraba sobre la camilla mientras otra mujer, delgada y pelirroja que me daba la espalda, le administraba algo por vía intravenosa. Ambas presencias se sentían conocidas y sabía que la visión de ellas era de un pasado más cercano que lejano. Pensé en Bianca y me pregunté por qué no la veía a ella. La respuesta llegó tan rápida como la pregunta.
"Sólo sueñas con quienes no tienes"
¿Significaba eso que necesitaba encontrar a la chica castaña? Estaba seguro que la pelirroja no era una persona que debía buscar sino, al contrario, evitar.
-¿Le ocurre algo, supervisor?- me preguntó Edgar un tiempo después. Supuse que me había quedado estupefacto y ajeno a esta realidad.
Me giré para verlo y, por un breve momento, confundí la visión sobrepuesta del pasado con la del presente. Parpadeé rápidamente y le respondí con la mayor naturalidad posible.
-Por supuesto que no, Edgar. Estaba recordando algo... ¿Sabe usted quién se alojaba en esta habitación?
-Recuerdo que era una joven. Muy atractiva si se me permite decirlo. Algo pálida para mi gusto, aunque podría deberse a los experimentos que hacían con ella. Es lo único que puedo decirle. Si me da permiso, con gusto puedo preguntar por ella a la recepcionista de este piso.
-Lo espero aquí. Averigüe cuando entró, cuando salió y de quién se trata.
-Como ordene, supervisor-respondió el guardaespaldas, saliendo de la habitación.
Tan pronto como su presencia se fue, me concentré en dilucidar algo más de las visiones del pasado que había tenido en aquél recinto. Me acerqué al armario al lado izquierdo de la camilla, donde encontré solo una banda de tela para el cabello, verde y de motivo geométrico. La tomé e intenté ver más allá del simple tejido y los cobrizos cabellos adheridos a ella. Correcto. Pertenecía a la chica que había sido internada allí hacía mucho tiempo. Supe inmediatamente que había salido de allí con premura pero no la razón por la que lo hizo. Supuse entonces que la compañía de mi hermano la había trasladado a algún otro lugar. No me parecía que ellos dejaran ir a una persona tan fácil... y menos una tan aparentemente poderosa como la chica de esa habitación.
No conocía mucho de la verdadera naturaleza del trabajo de mi hermano pero me imaginaba que él se aseguraba de que en todos los establecimientos de investigación le extrajeran todo lo que pudieran a los "sujetos de prueba". No podría estar seguro de que Caleb los atrapara; era un trabajo de muy bajo mando para alguien como él. "Supervisor"... ¿Qué más ocultaría ese título?
Una gran cantidad de discusiones se originaron en alguno de los pisos inferiores del edificio. Guardé rápidamente la banda verde en el bolsillo de mi chaqueta e intenté prepararme por si me habían descubierto. Al encontrarme en un tercer piso, no consideré la posibilidad de escapar por una ventana y seguramente las escaleras estarían plagadas de vasallos del "Supervisor", lo que solo me dejaba la alternativa de esconderme. Cuando urdí el plan para entrar a este lugar, no me detuve a pensar en la posibilidad de ser capturado o perseguido antes de salir de aquí con la información sobre el paradero de mi chica en las manos. Esta era la verdadera falla en mi plan y reconocí entonces el peligro al que me había lanzado sin reparar en las consecuencias. Me reprendí por no haber aprendido nada de la astucia de mi hermano y me dediqué a atrapar fragmentos de las conversaciones que, con el paso del tiempo, se acercaban cada vez más a donde me hallaba.
-(....) lo que hace aquí? El Supervisor no nos avisó de su visita. Debería irse antes (....)
-Nos habían advertido de su locura pero no lo creímos trastocado tan a fondo como para (...)
-¿Qué están diciendo?¿Acaso se están rebelando contra mí?- se alzó la voz inconfundible de mi hermano sobre la multitud de sonidos.
-(...) ha perdido la cabeza. Deberíamos consultar con el supervisor antes de tomar la decisión de (....)
-(...) acuerdo. Reténganlo aquí el tiempo que sea necesario. Ya (...)
Las múltiples quejas se sobreponían unas a otras y alcancé a escuchar vagamente el resonar de unos pasos acercándose. Me enderecé y adopté una expresión de desprecio, preparado para seguir con mi papel de ser necesario. Era Edgar que se asomó a la puerta, pidió permiso para entrar y finalmente me dijo:
-Señor, su hermano ha llegado y se empeña en hacernos creer que es usted. Que siendo él el supervisor, lo había citado a usted acá pero que había tenido que hacer un encargo personal urgente. Está amenazando a todo el personal con despedirlo si no le creemos lo que dice. Nadie le presta atención pero debo saber... ¿es usted realmente el Supervisor?
Tan pronto como terminó de hablar, una pequeña compañía de científicos y guardaespaldas entró silenciosamente al recinto, atentos a mi respuesta. Solté un bufido de burla y tras menear la cabeza con supuesta decepción, respondí:
-Edgar, ¿cree usted que si yo no fuera el Supervisor Caleb se lo diría así de fácil?¿Cree también que, en el hipotético caso que no fuera yo, me arriesgaría a estar a solas con ustedes sabiendo lo difícil que sería escapar? Fíjese en lo que está diciendo; todos los que cruzamos hoy me reconocieron y usted ahora duda de mi identidad. Yo tendría cuidado en su lugar.
Los recién llegados soltaron un suspiro de alivio, que intentaron reprimir mientras ponían falsas caras de preocupación por el destino de Edgar. Este último se quedó sin habla y apuntó su mirada al suelo en un intento por encontrar la forma de disculparse. Me felicité por mi hazaña y me agradó confirmar lo mucho que podría hacer para ir en busca de Bianca. Espere un pequeño momento antes de decir:
-¿Qué hacen todos ustedes mirándome?¿No tienen nada que hacer? Debería modificar el excelente informe que preparaba sobre su trabajo...- dejé que la frase hiciera efecto antes de agregar- Edgar, traiga a mi hermano. Deseo verlo.
Los científicos salieron apresuradamente de la estancia, dejando a los tres guardaespaldas conmigo, quienes se hicieron a un lado para dejar a Edgar pasar. Me miraban con miedo mal disimulado y parecían esperar órdenes mías. Me propuse esperar a que trajeran a Caleb y seguí interpretando mi papel de la manera más acertada que pude. Miré a los guardaespaldas con desprecio mientras chequeaba la hora en mi reloj. Medio día.
-¿Cuánto tiempo más tendré que esperar para poder terminar la inspección?- exclamé dirigiéndome al ambiente más que a alguno de ellos específicamente.
Por segunda vez, estallaron riñas en algún lugar cercano a la puerta principal del edificio y yo, dando por sentado que se relacionaban con Caleb, hice oídos sordos. Los hombres que quedaban en la habitación se movían inquietos y se lanzaban miradas de advertencia silenciosas hasta que uno de ellos soltó:
-Señor, creo que lo que está pasando fuera le concierne. ¿Me permitiría ir a chequear la situación para informarle antes que ocurra otro malentendido?
-Vaya y no se demore- respondí de sopetón. Volví a escuchar las exclamaciones y me percaté que alguien corría con premura hacia el lugar donde me encontraba. Los guardaespaldas giraron en el preciso momento en que un joven, de cabello oscuro y llamativos rasgos salió disparado del hueco de las escaleras en dirección a la puerta de la habitación. Lo atraparon poco después de cruzarla a pesar de que él demostraba una gran fuerza mientras se debatía por liberarse. Me fulminó con la mirada y vociferó:
-Caleb, no podrás retenerme por mucho más tiempo y lo sabes. Ya me escapé una vez, podré hacerlo las veces que quiera.
Cuando terminó de hablar, lo reconocí. Aquél hombre que se suponía había sido compañero de trabajo de mi gemelo y cuya foto encadenado reposaba sobre la mesa de café de nuestro departamento, se encontraba ahora frente a mí, enviándome en su mirada todo el odio que guardaba hacia Caleb.
Agradecí el golpe de suerte que había tenido: La aparición de él, junto a lo que había dicho, me reafirmaba como el supervisor a quién debían obedecer. Además, me abría la posibilidad de interrogarlo para saber algo más de mi hermano.
-Enciérrenlo en la habitación contigua. Ya tendré tiempo para lidiar con él.
Los hombres salieron de la habitación y el recluso giró para verme una vez más antes de salir con una expresión de enfado. Escuché que decía, arrastrando con desprecio la última palabra:
-Tendrás mucho más que lidiar conmigo, "Supervisor".
Edgar entró segundos después, seguido de otros hombres que sostenían a mi hermano con fuerza entre ellos. Él intentaba soltarse pero se detuvo al asombrarse de verme allí, intacto entre los que eran sus vasallos. Ordené que lo soltaran y él se alisó con un gesto rápido antes de escupir:
-Gabriel, ¿qué intentas hacer?- se giró para encararse a los demás- Todos ustedes saben que este es una falsa copia mía. Pagarán por esto si no me liberan en este momento.
Me percaté que iba vestido de una manera simple para ser él y de un tono completamente gris. Hice caso omiso de las quejas de Caleb y me dirigí a Edgar:
-Acaban de llevarse a un fugitivo que, junto con mi hermano, han violado las medidas de seguridad. ¿Qué ocurre aquí?¿Es que dejan a cualquiera entrar?
El aludido dudó por un momento, pero respondió con seguridad:
-Señor, creo que tengo que recordarle que, desde que la resistencia atacó este centro y liberó a los sujetos, la seguridad quedó mermada...
Caleb lo interrumpió diciendo:
-¿Ahora le rinden las cuentas a Gaby?¿Qué ha pasado? ¡Exijo una explicación!
-¿Gaby? No veo que nadie esté rindiéndote cuentas a tí. ¿Hablas en tercera persona de tí mismo? Sabía que los experimentos te habían afectado, pero no hasta qué punto... Edgar, por favor, retírelo de mi presencia- agregué con superioridad.
Mi hermano, enfurecido, se lanzó hacia mí, pero lo esquivé y le hice una rápida llave en el brazo derecho. Me acerqué a su oído y le susurré:
-¡Qué bien se siente ser el Supervisor! Con razón te pavoneabas así antes... Ahora podré encontrar a Bianca.
Le indiqué por señas a los guardaespaldas que lo llevaran y ví como lo arrastraban fuera en contra de su voluntad. Estaba hecho una furia cuando le sonreí con triunfo por última vez antes de que desapareciera de mi vista. Edgar lo seguía pero se devolvió para asomarse por la puerta y decirme:
-Supervisor, la chica que se alojaba en este recinto escapó poco después del ataque. Se llamaba Angela.
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