Decisiones... elecciones... son factores que pueden cambiar el rumbo de la vida de alguien de una forma radical o pequeña... Lo único seguro es que tendrán consecuencias, sean perjudiciales o benéficas, lo más probable es que no se puedan evitar. Normalmente, me siento seguro de lo que elijo pues, aunque me demoro una eternidad pensando en que debo hacer, tengo los suficientes argumentos para estar firme y ser responsable de lo que pueda suceder al hacer esa elección.
Desde que reconozco las tres partes de mi personalidad, parece ser que las decisiones que tomo no cobijan a mis tres partes... pero de alguna forma, son absolutas. Es díficil entenderlo, ni yo lo hago completamente... Es como si la parte que está en desacuerdo con el camino tomado, se hiciera a un lado para que luego, cuando las cosas pasen, pueda decirle a los otros "Se lo dije" o arrepentirse de no haber apoyado algo que resultó bueno para mí. Por lo tanto, pierdo el contacto con la parte que "desaparece" de mí, lo que significa que no siento lo que siento, ni pienso lo que piensa. Es como sí de algún modo la perdiera... pero siguiera ahí, esperando el momento idóneo para salir a revocar la elección. Y como mis más fuertes sentimientos reposan en Brian, él es el que usualmente intenta hacerme cambiar de opinión, y muchas veces lo ha logrado.
Esto se debe a que los sentimientos logran modificar muchas cosas... cosas que nada más es capaz de alterar... y, que son estables, haste que un sentimiento muy fuerte logra perturbarlas. Gran parte de mi vida es regida por ellas, sin embargo, la razón (Alec) es demasiado fuerte y no se deja llevar fácilmente por las emociones, en ocasiones tan volubles e insustanciales. Las pocas veces que la razón le ha dado paso a los sentimientos, es porque Yue, más poderoso y decisivo que los otros dos, dicta que lo mejor es "hacer lo que dice mi corazón" (en realidad este dicho, frase o lo que sea me parece ridículo ya que el corazón es un músculo y los sentimientos no vienen de él sino del alma).
Ahora me doy cuenta que mis tres "yo"s no son fracciones de la personalidad sino que son las diferentes partes de mí como ser humano... Mi razón (la inteligencia que, aunque arrogante y ocasionalmente macabra, representa mucho de lo que soy), mis sentimientos (emociones, instintos, sensaciones que la mayoría de veces son bienintencionadas) y mi conciencia (actúa como un juez, juzga lo bueno de lo malo y es la parte mística de mi ser).
Siguiendo con este pensamiento, puedo decir que he encontrado un equilibrio en mi vida... ya ninguna de las dos partes "activas" predomina sobre la otra, lo que me permite sopesar (sentir y pensar) los efectos de mis acciones de una manera más neutral y poder estar seguro de la mayoría de ellas siempre y cuando la "parte" de mí que esté en contra (puede sonar algo rudo) no se meta en el asunto; es mejor que al decidir algo, solo me involucre en ello con lo que soporta esa elección; si hago lo contrario es posible que dude y me eche para atrás.
Por otro lado, lo que me da paz, es la ausencia de la empatía... he entendido que la primera persona en la que debo pensar es en mí mismo y, a pesar de que normalmente lo hago, ando preocupado por lo que le pasa al resto como si fuera su figura paterna (muy Cáncer, ¿no?). Es por eso que mediante algún procedimiento (accidental e incluso desconocido para mí) logré bloquear esta habilidad tan poderosa y que gasta mi energía, tiempo y atención inútilmente. En realidad, no extraño sentir todo, pues ahora siento lo que YO quiero sentir, no una mezcla intelegible de emociones, dolores, e impresiones propias y ajenas.
Lo que ocurrirá de aquí en adelante es que cada facción de mí como persona actuara cuando sea su momento para hacerlo, cuando las elecciones o las habilidades requeridas para continuar señalen a uno de los dos para que salga... Yue se encargará de que todo sea lo mejor para mí, sin que importe lo que le ocurra al resto (la empatía y la preocupación constante por todos quedó atrás), a menos que me afecte negativamente o a alguien que realmente me importe. Así que siempre estará presente, así sea subconscientemente, mientras los otros dos se turnarán para vivir lo que tengo que vivir.
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