miércoles, 14 de septiembre de 2011

Draco

Se iniciará explicando concretamente el por qué del título. Es conocido que muchas de las personas que empiecen a leer esta entrada pensarán que se va a presentar una defensa de las actitudes del personaje de Draco Malfoy en la saga pottérica, lo cual no es cierto. Habrá otras personas que entiendan el título de una manera más literal: Dragón en latín, que es algo más acertado. La verdadera y principal pero no única razón para el encabezado de esta publicación se relaciona con ese significado y es una impresión extraña y realmente siniestra de un dragón.

En la cultura occidental, por muchas influencias diferentes, el dragón se ha convertido en un símbolo de maldad, de codicia y de poder. Entre más oscuro o más brillante sea, está más asociado al demonio católico que tantas veces ha sido reproducido por diferentes medios. Con sus alas de murciélago y exhalando fuego es una de las criaturas que, de llegar a existir, podrían poner en grave peligro a la raza humana. Esa es, precisamente, una de las razones por las que esta hermosa y majestuosa criatura es un símbolo del mal. Por otra parte, se puede observar  la connotación que este mismo ser tiene en la parte oriental y muchas veces, más sabia, del mundo terrestre. La divinidad, el poderío de la naturaleza y la inmensidad de la fuerza transformadora eterna de ella se ven representadas por la figura de un dragón. La sabiduría de un ente realmente anciano que vela por el bienestar de la humanidad. Sé que también existen dragones malvados en el Oriente, pero siempre he visto que han sido debidamente equilibrados con sus contra-partes benéficas.

El dragón, entonces, en nuestra civilización, podría establecer un desequilibrio entre las fuerzas de la naturaleza, si se relaciona con la existencia de estos en la mitología de Oriente. Si se continúa con las conjeturas, podría asegurarse que el mal (visto con la forma de un dragón) es un impulso que desequilibra el balance predeterminado del mundo. La maldad sería definida ahora sin las manchas religiosas que ha tenido debido a la intrusión del dragón como su máximo exponente (una metáfora del diablo o la pura maldad). Cualquier cosa, evento o actividad se consideraría malvada si lograra desestabilizar la paz o la tranquilidad de un individuo y un grupo de seres vivientes en específico o su entorno.

Sin embargo, aún quedan por definir algunos términos para completar la descripción de lo que considero el núcleo de la perversidad tanto humana como sobrenatural. Todas las acciones en contra del buen curso de la naturaleza deberían ser consideradas como crueles y perjudiciales pero, ¿qué acción podría considerarse como malicioso cuando no afecta y aún más, beneficia a quién lo hace? Es una de las eternas disputas entre diferentes puntos de vista que me he visto a debatir. La respuesta no parece ni es simple; no se puede hablar de grados de maldad sin discutir este punto, así que se hace necesario evaluarlo. Si algo va en contra de la dignidad e integridad de la persona, debe ser considerado como perverso a pesar del gran beneficio que le provea a su autor. La justificación es más bien sencilla: Mientras que al individuo "malo" no le produce ninguna sensación de desazón, desequilibrio ni angustia, al afectado, como su nombre ya lo predispone, lo afecta negativamente en su diario vivir; no importa en qué ámbito sea y le hace perder el balance natural de su vida (sea o no en lo más mínimo), evidenciando, por las razones ya dichas, la naturaleza maléfica de la acción. No interesa lo que haya antes de la acción, importa es el resultado y sus consecuencias en su entorno, a no ser que el que realiza la acción no haya podido evitar o no haya querido que pasara lo que eventualmente fue. La humanidad se hace responsable de sus acciones y es capaz de detenerlas cuando quiera. No obstante, ciertas situaciones que se salen del control del poder humano (netamente naturales) pueden considerarse como perjudiciales sin querer decir con esto que la naturaleza lo sea.

He aquí un punto clave de la discusión: un ser humano puede ser considerado cruel y malintencionado al hacer así sea solamente una acción siniestra en contra de otros, pero algo nunca podrá ser malvado si provoca a pesar de provocar maldades. Este hecho yace en el simple presupuesto de la voluntad humana. Las personas pueden elegir; los objetos (por el momento), no. Es por esto que la maldad cada vez se va convirtiendo en un asunto humano en vez de algo puramente abstracto y que anda libre en la naturaleza. Se pueden juzgar entonces, como malvados, los actos humanos pero siempre teniendo en cuenta los grados de malicia. Con esto no se pretende minimizar, maximizar o catalogar algo tan etéreo e irreducible como la maldad en tipos o niveles, solo se demostrará que, dependiendo de la gravedad de los efectos de una acción, se debe tener una reacción (de repulsión, en la mayoría de los casos, claro está) apropiada y proporcional al hecho. Es ridículo y hasta cierto punto, poco correcto empezar a insultar a alguien que dejó caer un objeto de su propiedad. Hay que evaluar siempre la magnitud del acto antes que actuar por impulsos y terminar realizando algo peor de la situación inicial. Más aún, no hay razones para ser enemigo de objetos, conceptos o elementos que hayan posibilitado que una "catástrofe" ocurriera, por lo que se dijo anteriormente sobre la no-maldad de ellos. Lo único que es, en realidad, recomendable respecto a este asunto es usar la capacidad racional de la que tanto se jacta la raza humana en pro de un equilibrio y balance del mundo como un conjunto.

Para concluir, se volverá a la noción del dragón, aquél inocente figura que ha sido prostituida por muchas culturas en una mala manera, únicamente para alienar la maldad y relegarla a algo externo o ajeno a la humanidad y su civilización "racional". El dragón (o por lo menos, la mayoría de su raza) debe ser perdonado por los crímenes que nunca cometió y que solo le fueron imputados para limpiar la conciencia de esta prejuiciosa sociedad. Déjenlo volar libre y permitan que sus cargas caigan sobre quiénes debieron caer hace mucho tiempo: los seres humanos.

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