martes, 29 de octubre de 2013

Costume - Custom

Es hilarante que dos palabras tan diferentes en un idioma se puedan parecer tanto en otro. Costumbre y disfraz. Custom y costume. A decir verdad, si yo no manejara el inglés como supuesto segundo idioma, tendría más que preocuparme por esas dos. Nadie quiere decirle a otra persona que tiene una bonita costumbre cuando intenta halagar un disfraz, o que deje ese disfraz cuando le pide que renuncie a la costumbre de vestirse elegante. Se producirían muchos malentendidos de ser así.

Ahora que tengo la costumbre de hablar en inglés, me aburre hasta cierto punto y en determinados momentos, estar tan inmiscuido en ese idioma, tan empapado y no sentir que lo domino por completo. Ahí está el problema; no en el hecho preciso de no ser capaz de perfeccionar mi dominio sino en la costumbre. En la acción repetitiva y monótona de hablarlo, oírlo, escribirlo, sentirlo todos los días. No poder escapar de él y tampoco querer hacerlo. Y este es solo un ejemplo de la multiplicidad de costumbres en la que la mayoría de los humanos se enfrasca cada día, no solo yo. No necesariamente tiene que ser el idioma, puede ser cualquier cosa. Todos los días tomo un bus en el mismo lugar para ir a mi casa, cada noche me siento en la misma silla a observar la misma pantalla y rehacer las mismas actividades del día anterior por algunas horas, con minúsculas variaciones al igual que otros miles de millones de personas en el mundo que simplemente "viven" un libreto.

Custom is only something that you agreed to do. No one can ever make you adopt a custom.
No es por completo cierto. Cabe la gran posibilidad de que el planeta Tierra dando vueltas alrededor del Sol sea el que provoque u obligue a que el mundo sea tan "acostumbrado". O la sociedad tan empecinada en navegar hacia un futuro porque sí. Porque las siguientes generaciones merecen un futuro en el que seguir haciendo lo mismo de por vida.
No me decido si está bien o no seguir una rutina. Para alguien a quien le gustan las cosas seguras, a la mano, predecibles, es un camino perfecto. Para otro tipo de persona aventurera, que se aburre fácilmente y que desea verlo todo, es solo la guía a un infierno. Para mí, depende del día pero está mal cuando siempre es siempre. Incluso la forma en la que escribo es una rutina; no porque sea un ciclo o el mismo tema sino porque ¿cuándo carajo voy a cometer un error garrafal en la redacción, ortografía, coherencia, cohesión o sintaxis que saque eso de mis costumbres? Bueno, ya lo hice. Ya no es costumbre *Risas* (Sí, de esas que ponen en las entrevistas a famosos, los cuales se pavonean al no tener una vida llena de hábitos diarios).

No contentándose con darnos un libreto, a la vida se le ocurrió darnos un "costume" también. Sí, ese disfraz que llevan los políticos antes de las elecciones y del que se despojan una vez tienen el poder. Pero no es exclusivo de ellos, no lo crean. Yo mismo tengo uno. La apariencia física tanto como la manera de vestir que convencen a las personas que soy menor de edad, que soy tonto e inocente, muy al estilo de un muchacho sobreprotegido por una familia llena de lujos. ¿Quién quita que sea verdad, no? Ya quisiera en parte que lo fuera y no tuviera la inteligencia suficiente para escribir esto, o la libertad. No sé cuál de las dos es más necesaria para una empresa así. El asunto aquí es el disfraz. Veo personas caminando hacia el futuro, muchas de ellas se parecen, pero al conocerlas, al probarlas, cada una se comporta de una manera diferente. Un mismo disfraz pero diferentes personalidades bajo él. Un policía que entrega su vida al servicio y se arriesga por hacer respetar la ley mientras otro se sienta a ver autos pasar a toda velocidad por la ventana de su auto. ¿Ambos son policías, no? Y uno es gordo y tiene sudor en la camisa, lagañas en los ojos y un bigote poblado mal cuidado mientras que el otro parece salido de un club de striptease, vestido con elegancia y unas gafas oscuras de diseñador. Las apariencias engañarán y ustedes me dirían que el gordo es el que deja pasar los autos, pero puede que no sea así. ¿Quién sabe? Ver para creer.

Habría que quitar todos los estereotipos, prejuicios antes de entablar cualquier tipo de comunicación, para asegurar una relación libre de asuntos ocultos o malentendidos. Mas aún, estos disfraces son los que causan que las personas se resignen a las mismas costumbres. Que si soy un estudiante adolescente, debo seguir mi rol de estudiante a la vez que me debo rebelar una vez a la semana, yendo a hacer lo mismo en un lugar muy similar después de recorrer el mismo horario académico de siempre. Que si soy una ama de casa, debo primero lavar la ropa antes de trapear el piso o arreglar las habitaciones. Que si soy un ingeniero, debo pensar, hacer cálculos y planear mucho como primer paso, sabiendo que aun así, todo puede salir mal. Nada es predecible y así debe ser la vida.
Sin costumbres o disfraces.
Incluso si haces lo que te gusta todos los días de tu vida, olvidarás cómo lo disfrutabas al inicio, porque la monotonía de la costumbre caerá sobre tí y suavizará considerablemente el placer que sientes por hacer algo. Incluso si aparentas ser quien quieres ser, te darás cuenta que estás vacío y no tendrás más en tu vida más opciones sino seguir muchas charadas cíclicas para mantener la imagen.
¿Cómo puedes reconocer la felicidad si siempre estás feliz?
¿Cómo darte cuenta de lo que eres cuando ves en el espejo a alguien predeterminado, moldeado?
La utopía más grandiosa de la humanidad en la que olvidamos los disfraces y nos deshacemos de las costumbres que nos atan a una existencia cegada y sesgada. La conclusión a la que llego después de un inusualmente desordenado escrito es esa. Realmente no interesa sino eso, dejar de pretender tanto por la apariencia como por los actos, repetidos que nos hacen a todos ver iguales.
El secreto está en arriesgarse por ser, hacer y vivir. No hay libretos, vestuarios; solo un escenario y tenemos la oportunidad de hacerlo nuestro, creando lo que sea que más querramos.
Sea bienvenida la verdadera vida.

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