domingo, 20 de octubre de 2013

Crítica a la razón impura

Échale un vistazo a aquella persona, siempre tan elegantemente vestida, tan culta y correcta. ¿Ves cómo actúa? Es educada y demuestra todos los valores que deben enseñarle a las personas en su hogar. Da orgullo verla mientras se ríe de las desgracias ajenas y hace comentarios sobre ellas como si se tratara de un día de mal clima...
-¿Será que ya puede dejar de llorar? Deje el show y empiece a comer. Para eso la invitamos, no para amargarnos el rato (En susurros a su otro compañero de mesa) No es como siempre lo hiciera...
Un espectador podría llegar a preguntarse, viendo la actuación tan impecable de aquella persona de la alta sociedad, ¿qué fue lo que le hizo la mujer que está presa en sus propias lágrimas para tener el honor de ser tratada de una manera tan privilegiada y única?
La respuesta correcta puede llegar a impactar y a dejar dudas en las mentes de los lectores, por su naturaleza perfectamente irracional e ilógica: Nada.
La mujer tan solo quería pasar un rato agradable con sus amigos, los cuales, al verla llorando luego de recibir una mala y triste noticia, no son capaces de entender por lo que está pasando y más aun, se limitan a criticar subjetivamente y con crueldad la actitud por completo natural de alguien que se siente impotente en algún momento de su vida.
Nadie desearía tener ese tipo de amistades cultas, inteligentes y amantes de la lógica que, tan pronto que ven alguna demostración de sentimientos, algún error cometido o desgracia acaecida, caen sobre la persona con el único propósito de hundirla aún más, de ahondar en lo malo, recalcando la vergüenza que les da lidiar con alguien tan ridícula como para llorar por un ser querido.
Porque al caído hay que caerle para que no se levante, ¿no? Extraño que sean aquellas personas tan sincronizadas con la razón y los algoritmos lógicos los que más practiquen esta afirmación dado que no hay forma acertada de argumentarlo sin riesgo a caer en axiomas e hipótesis improbables. Lo confirmo yo, un supuesto intelectual y culto personaje que jamás leyó la Crítica de la Razón Pura de Immanuel Kant, la cual (según creo y temo estar absolutamente equivocado) habla de la manera en que la experiencia y la razón en sí misma logran complementarse para hacer de cada ser humano lo que es, incluyendo su comportamiento, reacción frente a situaciones usuales y catástrofes. No soy precisamente un gurú en el tema... A decir verdad, no soy experto en prácticamente ninguno pero ese no es el punto aquí.
Sea como sea, una persona con la capacidad de razonar con la cabeza fría, tiene la habilidad de darse cuenta de los problemas de los demás, comprenderlos, ofrecer ayuda y demostrar algo de empatía, conexión con el fin de hacer sentir mejor a la otra persona sin incitarla a dar círculos alrededor del mismo asunto.
No obstante, son aquellas supuestas grandes mentes y pensadores actuales en las pequeñas sociedades los que menos hacen gala de esta capacidad. Se remiten a su razón una vez necesitan defender sus ideales pero la olvidan por completo cuando ven la oportunidad de criticar, ridiculizar y hacer sentir a alguien menos que ellos. En esos momentos se dejan llevar por sus educadas emociones que les incitan a hacer comentarios cuando no deben y de una forma incorrecta. Falta de tacto, imprudencia y la necesidad de ver a alguien peor que ellos para sentirse mejor son las guías de sus vidas, realmente carentes de cualquier lógica y razón.
¿Cuál es la necesidad de insultar, criticar y exaltar las peores cualidades de sí mismo con el mero hecho de comentar ácidamente la situación deplorable de alguien más?
Cabe aclarar que la crítica está bien y es beneficiosa, siempre y cuando se haga de la mejor manera, con la intención de mejorar a la otra persona, dando argumentos y demostrando la experiencia propia para enaltecer al otro, dejando de lado cualquier sentimiento errante y pútrido que afecte el verdadero razonamiento.
Claro está que esa no es la manera en que estos falsos intelectos actúan al acercarse a otra persona y es precisamente ese detalle el que soporta la teoría. De ahora en adelante se podrá llamar "razón impura" a ese hilo de pensamiento que utilizan muchas personas, quienes se creen abanderados del Siglo XXI y su desarrollo, para demostrar su superioridad sobre sus congéneres, resaltando más sus propios defectos que los ideados para otros.
No tiene lógica alguna que un grupo de gente que pretenda ayudar al desarrollo de una sociedad confíe en lanzarse críticas internas con las palabras menos adecuadas y de la peor forma como la más común forma de retroalimentación. No hay necesidad alguna de utilizar insultos o comentarios de mal gusto para expresar una opinión, que si está bien infundada, se argumenta por sí sola y calla al interlocutor de manera inmediata, haciendo que reflexione sobre la misma. Esa "razón impura" llena de prejuicios, primeras impresiones y suposiciones sirve únicamente para hacer críticas destructivas, las cuales van en contra de la evolución de cualquier comunidad. Es más sencillo evolucionar cuando los individuos colaboran en conjunto por ello mas que cuando se matan por ser mejores en vez de competir de manera amigable entre ellos.
He aquí entonces a un individuo sinvergüenza, descarado y algo imprudente que, a través de esta reflexión, concluye que la crítica se debe hacer de la mejor manera, utilizando las palabras adecuadas y en los momentos justos para que sea efectiva y beneficiosa. Sin embargo, hay momentos en los que no se necesita y lo que es más recomendable es entender y acompañar a la persona en cualquiera que sea su situación antes de lanzar juicios de valor u opiniones llenas de resentimiento y rencor.
De esta manera y siendo yo un crítico de primera, espero no caer en la misma bolsa que otros, dispuestos a hacer uso de la "razón impura" para alcanzar objetivos materiales y llenar su vacía vida, y los cuales siendo capaces de escribir de la misma manera que yo, lograrían escribir un texto argumentativo refutando este, como se esperaría que hicieran, una vez se identifiquen subliminalmente con él.
Finalmente, una advertencia. Piensa objetivamente y sin reparos antes de hablar y así evitarás caer en el abismo de la ignorancia por omisión como la mayoría de los críticos de gran inteligencia hacen al encontrar la oportunidad perfecta de opinar. No tendrás que preocuparte más por aparentar ser inteligente si lo demuestras con tu forma de razonar y tratar a los demás. Y olvídate de una vez por todas de la "razón impura".

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