miércoles, 25 de septiembre de 2013

Schokolade

Todo empieza cuando debe pero no sé por qué todo termina de un momento a otro.
Comienza con un comentario estúpido y para nada atractivo. Todo es diferente y las nuevas personas cambian la perspectiva. Pero yo escondo más de lo que debería. Si todo estuviera planeado en una vida alterna...
Tiempo. De ese que no importaba mucho hace unos meses. Del que me había olvidado y había dejado ir. ¿Para qué me lo pides? No soy nadie. ¿Me conoces?
Compartir experiencias con alguien que no debes, que es solo otro de esos rompe-corazones sin alma que la Tierra escupió un horrendo día.
Saltando de flor en flor como un maléfico pero encantador colibrí, así es como vive la persona a la que no le cobras renta.
Es como convivir con el enemigo disfrazado de pretendiente...
Valentín. ¿Sabes qué significa eso? No, no lo sé (o al menos pretendí no saberlo).
Un regalo que no dañará a nadie y se podrá ocultar fácilmente. ¿Por qué no compartirlo con el mundo exceptuando aquel quien no pone atención? Buena idea.
Sé que debes querer besarme y no puedo permitirte hacerlo. ¿Quieres saber por qué? Ese maldito secreto que no debería serlo, que por otra persona lo es. No soy tan libre como parezco... pero soy un descarado y coqueteo con la mitad de las personas, tan pronto me doy cuenta que son atractivas.
¿Estás de acuerdo con eso?¿Te das cuenta que te topaste con uno de los peores partidos de la historia?
Nadie en sus cabales podría aguantar un golpe tan bajo como ese. Una ilusión literal de una persona, una imagen de un espejo oxidado y roto.
No pidas disculpas por reaccionar de una manera tan natural frente a una catástrofe humana como yo.
¿Por qué tratar?¿En serio quieres hacerlo?
No sabes en lo que te estás metiendo y agradezco ahora que hayas salido a pesar de todo.
NO PUEDO o mejor dicho no debería hacerlo. Dejemos que todo fluya como "debe". Que el destino tan hermoso que siempre me huye me confunda y me encuentre con su gemelo malvado.
Podemos pretender que las horas, los escasos momentos, son mejores de lo que realmente son. Actuemos y hagamos de cuenta que todo puede ser mejor.
De cualquier modo, nunca estoy solo y la Muerte no vendrá por mí tan pronto como parece.
Tantas cosas que se pueden encontrar en común con alguien...
Pero no nos dejemos llevar por ellas. "No espero mucho de esto".
¿Por qué me das tanto de tí mientras que muchas personas no lo darían? No soy el correcto, para tí ni para nadie. Solo soy un fantasma sin rumbo...
Desinteresado con D de... No sé qué pensar. Las comparaciones son tediosas...
Apúrate, el tiempo se acaba y las oportunidades caducan. ¡No te afanes por mí! No vale la pena.
Cierra los ojos que tengo una sorpresa para tí. ¿Sorpresa?¿Cerrar los ojos?¡Claro que no! Tengo que ver a quién le hago daño...
Olvidemos el episodio y volvamos al momento en el que todo parecía funcionar, ¿te parece?
Amnistía para todos.
Entra, vive acá y no pagues renta. Chocolat. Schokolade.
No agradezcas.
Danke? Arigato? Thanks?
¿Importa el orden en el que narre las cosas? Al final, será el final y el principio estará donde debe estar.
Encuentros casuales, charlas no tan casuales...
El reloj está en contra de nosotros pero el pícaro y malintencionado destino consigue juntarnos en algún momento.
Ocupado en tus cosas. Por eso me ignoraste.
(Tenía miedo de verte) No es que seas alguien que pase desapercibido...
No importa. Mañana.
Todo pasó tan rápido y fue agradable. Más cosas en común pero ¿acaso importa? No tienes ninguna oportunidad conmigo. Mientras tú tratas te llamar mi atención, yo no me rindo y peleo por una causa prácticamente perdida...
Te acordaste. No me olvidas.
Es bonito saber que la gente lo recuerda a uno.
100/100. Buzón de entrada lleno. Borrar mensajes.
Leo. Tomaste la mejor decisión. No te hago ningún bien. No suelo hacer bien a las personas. Soy uno de esos superhéroes secundarios, que solo están para soportar al principal y que cada vez que intentan hacer algo bueno, no hacen sino empeorar las cosas. No intentes nada aunque sea benigno por tu cuenta...
Perdóname por herirte. Eres una gran persona. Soy yo el que debo decir "Lo siento".
(It means I can't stand looking at your eyes)
Vuelve a los días en los que tenías oportunidad de encontrar a alguien que se enamorara de tí, de tu sonrisa y de tu mirada.
Vielen Dank. Es ist ein köstlicher Schokolade.
(Ich spreche kein Deutsch).


sábado, 20 de julio de 2013

Mascarada. Entrada C

Ya estamos a salvo. Angela y yo. Hemos conseguido más de lo que nos proponíamos. Intuía una gran parte de lo que nos esperaría en ese lugar pero siempre se pueden esperar sorpresas cuando se lidia con esta desquiciada organización.

Una vez pude llevar a Angela a la Biblioteca de la Historia, busqué allí con detalle y dedicación cualquier información que pudiera darme indicios de la verdadera función de ese y otros lugares que el Gobierno cuida con celo. Encontré entre los archivos, la ubicación de otra biblioteca apoyada por el Gobierno, la cual se elevaba ostentosa en un barrio rico del norte de la ciudad. Después de asegurarme que la historia escrita no me daría más pistas sobre el poder de mi enemigo, me dirigí junto a Angela a esa biblioteca de seis pisos y nombre Hiden. Al llegar a ella, le permití a mi amada acompañante que paseara entre los estantes de los libros maravillándose ante títulos que yo estaba seguro ella ya había leído. No había nada de qué asombrarse, ya que los experimentos de Renata habían afectado seriamente su memoria (Algo que agradezco pero que repudio a la vez).

Tenía entendido que ese edificio guardaba una gran cantidad de conocimiento e intuí que había algo en especial que protegía con inusual cuidado. Examiné entonces cada resquicio entre los estantes, cada puerta y cada mesa de lectura. Cualquiera de ellas podría guardar información primordial para capturar a quienes habían hecho daño a Angela y a...
No estaba solo. Había llamado a unos de mis más dedicados y allegados compañeros en la lucha contra la opresión. Ellos se encargaron de engatusar a los trabajadores de la Biblioteca que nos dieron acceso a las áreas restringidas al público.

Me encontraba inspeccionando las cámaras traseras de la Biblioteca, donde almacenan el material sin clasificar nuevo y el inventario de reserva de libros cuando descubrí una pequeña anomalía. Esta sala se extendía hasta el cuarto piso, lo que sugería que los otros dos pasaban por encima de ella, hecho que se contradecía con que todos los pisos de la Biblioteca terminaban en un callejón sin salida al encontrarse con la pared frontal del almacén. Existían entonces dos posibles causas para que esto ocurriera: Se podía acceder a otras cámaras traseras desde otro lugar en el quinto o sexto piso o los dos pisos superiores eran más estrechos que los cuatro primeros.
Salí entonces de la Biblioteca y me enfrenté a ella. Tal como me parecía, desde cualquier ángulo, la edificación se veía regular y rectangular sin ningún bloque faltante en la parte posterior que confirmara mi segunda teoría.

Emocionado por mi descubrimiento, regresé al edificio de nuevo y subí al quinto piso, que recorrí hasta el callejón sin salida en la parte trasera. Me incliné sobre el muro de ladrillo que cerraba el paso, esforzándome por dar con algún interruptor u orificio oculto. Después de reconocer mi fracaso en la búsqueda, examiné los estantes, libro por libro sin encontrar nada extraño. Me disponía a continuar con mis pesquisas en el sexto piso, sintiéndome desanimado y algo estúpido por haber subestimado al déspota Gobierno de la ciudad pero decidí entonces tantear el suelo. Agachado, seguí con las puntas de los dedos los surcos en la madera que recordaban los que habían tenido los árboles antes de ser talados. Pensé que sería algo desgraciado terminar así, en el suelo, donde todos pasarían por encima tuyo sin detenerse a pensar en tus sentimientos. Se asemejaba a la trama principal de cierto libro, donde una mujer ya fallecida veía como sus amigos y familiares desfilaban por su lecho de muerte diciendo aquello que en verdad sentían, ignorando por completo su presencia.

-¿Qué haces?- una voz femenina interrumpió mis particulares analogías. Me levanté lentamente y me di la vuelta, encontrándome con Angela. Le respondí con ternura:
-Pensé que había dejado caer algo.- le sonreí con sinceridad mientras mi intuición me prevenía de un peligro latente. ¿Qué ocurría?
Me devolvió la sonrisa sin preocupación antes de decirme:
-La curiosidad mató al gato y yo no deseo que mueras.
Avanzó hacia mí mientras yo me preguntaba por qué se había referido a mí como el Gato, cuando ella no recordaba nada de mi trayectoria...
-¿Te pasa algo?- interrumpió nuevamente y me tomó la mano con la que había estado tanteando el suelo.
-No, no ocurre nada.- la miré evaluando la situación para dar con una excusa que me permitiera subir al sexto piso.
-¿Nos iremos entonces?- inquirió con un gesto de expectación en sus finas facciones.
-No, aún debo ver un libro que está en el último piso. ¿Me esperarás aquí?
Pareció quedar desconcertada con mi respuesta pero rápidamente se recupero, me sonrió y no pude evitar acercarme a ella, besándola con lentitud y brevedad en la boca.
-No te preocupes. ¡Ya regreso!
Tuve la impresión de que quiso detenerme pero no se movió.
Subí al piso superior y me dediqué por segunda vez a buscar una puerta oculta. Nada en el muro ni en los estantes por lo que me dirigí al suelo. Antes de haber examinado un palmo de la madera del suelo, alguien exclamó a mis espaldas:
-Conque esas tenemos.
Me levanté y giré de un salto, encarándome con el emisor de la voz en apariencia desconocida. Me embistió antes de que pudiese reconocerlo y me sostuvo los brazos detrás de la espalda. Intenté defenderme con las rodillas pero sus piernas inmovilizaron las mías y su cara se alejó cuando percibió mi intención de golpearle en la frente con la mía.
-¡Mira a quién intentas herir!- me advirtió, obligándome a mirarlo a la cara. La visión de su perfecta nariz, sus labios en apariencia suaves y rosados, sus ojos castaños y su mandíbula poco definida me golpearon con una fuerza abrumadora.
-¡Tú!¿Qué haces aquí?¡Pensaba que estabas encerrado!
-¿Y no pensabas hacer nada para rescatarme?
De nuevo, mi instinto me alertó sobre un mal desenlace pero hice caso omiso al ver la rabia que destilaban sus ojos. Sin pensarlo dos veces, me acerqué lo suficiente para que entendiera mis intenciones. En un arranque de furia, me besó con afán y sin detenerse. Nunca me había imaginado de esa manera el primer beso pero me rendí al sentir una felicidad ineludible que solo dejaba espacio en mi mente para sentir sus labios sobre los míos. Le conté lo que había sufrido esperando su regreso, lo que había perdido intentando encontrarlo. Le hice saber lo que sentía al haberlo traicionado y le prometí en el beso que nunca más lo volvería a hacer. Sin embargo, mi sexto sentido me informó del daño al que lo había expuesto tan pronto como él se apartó de mí bruscamente y me espetó:
-La besuqueas a ella y ahora me seduces a mí. ¡Eres abominable!
Su reclamo me dejó paralizado y no conseguí hacer nada mientras él me observaba con una histeria creciente. Me soltó y salió corriendo sin darme oportunidad de detenerlo.
Desolado y frustrado, me recosté sobre la pared y me resbalé con suavidad. Los hombres no lloran, ¿por qué lo habría hecho yo? Procurando distraerme, toqueteé el suelo y encontré sin intención una grieta, poco natural en la sólida madera de roble, que llamó mi atención durante un buen tiempo antes de que volviera a escuchar pasos cercanos.
-¿Enmascarado?¿Dónde te habías metido?- inquirió Angela al dar conmigo en el suelo del sexto piso. Intentando recomponerme y asombrado por la pregunta, me apoyé con la mano derecha sobre la madera brillante. Me resbalé y para sostenerme introduje los dedos en la grieta en el piso. Un sonido ahogado de un mecanismo invisible rompió el silencio. Angela se apuró a levantarme y alejarme de la pared.
-¿Qué ocurre?- suspiró ella a mi oído.
La pared sobre la que había estado recostado tembló unos segundos y se abrió por la mitad, revelando una amplia habitación que parecía abarcar también el piso de abajo. Tanto Angela como yo quedamos estupefactos ante tal descubrimiento. Escudriñé nuestro alrededor asegurándome que estábamos solos, le hice señas a Angela y con cautela, olvidando el episodio del beso, ingresé al recinto oculto.

La puerta descubierta por el interruptor daba a una amplia habitación que parecía abarcar también el piso de abajo. Tanto Angela como yo quedamos estupefactos ante tal descubrimiento. Escudriñé a nuestro alrededor, asegurándome que estábamos solos.
No sabía que esperar. Ésta entidad era célebre por ocultar los más repugnantes e indignos secretos. Lo que había dentro bien podría sernos útil o hacer toda nuestra búsqueda allí, una pérdida de tiempo. Con la mayor esperanza, caminé hasta el centro de la sala, similar a una biblioteca privada y me topé con una serie de instrumentos que no reconocí pero asocié con los experimentos retorcidos que Renata había practicado en mi dulce Angela.
Al lado de aquel intimidante conjunto de máquinas, había una escalera de caracol. Reluciente y compacta, parecía atraer a todo a quien entrara, invitando a que bajase por los peldaños rígidos de caoba. Hice entonces, junto a Angela, lo que la escalera quería al parecer que hiciéramos y al alcanzar el último escalón, un sentimiento de alarma atacó mi ya acelerado corazón. En una cama semidoble, una hermosa muchacha de cabellos oscuros y ondulados descansaba en lo que parecía un profundo sueño. Sus suaves y esbeltos rasgos estaban tintados de un color inusualmente blanco, a excepción de su boca, roja como la sangre y los pétalos de una rosa.
A la derecha de la cama, el aparato que le dispensaba suero contaba los segundos que pasaban mientras que el respirador se encargaba de los minutos. Ese detalle me lanzó a la carrera hacia ella. El suero que entraba en su brazo era anormalmente opaco y el compás al que se movía el respirador se hacía más lento cada vez. Arranqué con delicadeza la aguja de su cuerpo y palpé innecesariamente su cuello en busca de su pulso. Estaba débil y parecía en realidad inútil que intentáramos salvarla. Miré sus ojos cerrados, sus largas pestañas y cejas definidas. ¿Quién podría pensar que alguien como ella debía morir?
Estaba seguro que el suero que le había sido suministrado estaba envenenado y mi intuición me decía que había algo en la habitación que contrarrestaría de manera eficiente su acción nociva. Angela se acercó con timidez y observó a la chica con una curiosidad que pocas veces había visto en su rostro. Alargó su mano derecha al brazo de ella y lo sostuvo ahí durante un largo minuto, en el que cerró los ojos e inspiró con profundidad. Al terminar su meditación, abrió los ojos y dijo con voz grave:
-La muerte está cerca, pero tú y yo podemos salvarla.
Sin darme tiempo a reaccionar, tomó una jeringa y se extrajo una considerable cantidad de sangre. Intenté deneterla pero su mirada me lo prohibió. Buscó en el brazo de la joven una vena visible y realizó la transfusión rústica antes de decirme:
-Es un veneno que afecta al sistema nervioso de la misma manera que muchos de los medicamentos y máquinas que utilizaron conmigo. Mi sangre le ayudará a defenderse de los neuro paralizadores, pero no es suficiente. Necesito que defiendas tu mente de inclusiones externas intangibles.
¿Cómo podría un ser humano tan común como yo aguantar tales sorpresivas revelaciones en tan poco tiempo?
No había sospechado que Angela ya había iniciado a recobrar su memoria. Pensé en preguntarle qué tanto recordaba pero hacerlo hubiese abierto la posibilidad de que rememorara ciertos episodios que le dañarían sin remedio alguno. Yo no podía ni quería hacerle daño.
Con la destreza de una buena enfermera, Angela se aseguró que su sangre era recibida en el torrente sanguíneo de la desconocida mientras yo me esforzaba por entrar en su mente y defenderlas a ambas. Una potente conexión a distancia que esa chica mantenía con un joven, me alertó pero no logré contactarle. Mi esfuerzo dio frutos cuando la presión que ahogaba a la chica desapareció con lentitud y su respiración se tornó acompasada y relajada. Un aliento de vida fue el que dio en ese momento la rehén de la Biblioteca.
Tenía que sacarla a como diera lugar. El aura misteriosa que llevaba me dio la impresión de que ella era demasiado importante para dejarla ir sin protección. Contacté con rapidez a mis camaradas para que se hicieran cargo de trasladar a la débil mujer a un lugar seguro. Yo me quedaría con Angela buscando cualquier cosa que pudiera sernos de utilidad.

Temía y deseaba que él volviera. Añoraba verle de nuevo pero quería escapar de las consecuencias que podría causarme el haber besado a Angela. Le había vuelto a hacer daño, no importaba si era a conciencia o no. ¿Me perdonaría? Si no lo hacía, bien podría ir a buscarlo al propio corazón de la maldad para rogar por su alma de la misma manera que Orfeo descendió al Inframundo por su amada Eurídice.
De pronto estaba errado y el beso que me había dado era la forma más detestable que había encontrado para despedirse. Es posible que no me quisiese como yo le quería y que mi reacción solo hubiera reafirmado su decisión de alejarse en definitiva de mí. Yo estaba tan seguro...

Imitando al famoso Sherlock, intenté ligar entre sí los hechos, los objetos y las situaciones que había presenciado. Habían dejado a la chica allí para que muriese, ya que les había dejado de ser útil. Este era el punto extremo de la deshumanización. Para esa entidad, las personas no eran más que medios, no un fin como sabiamente dijo Immanuel Kant. Así habían utilizado a Angela, así lo utilizaron a él y así habían sacado provecho de la mujer presa sin compasión.
No había nada en aquella biblioteca oculta que asegurara la veracidad de mi teoría. Los instrumentos desconocidos me producían una gran incomodidad pero los revisé, pretendiendo saber su utilidad. Al poco tiempo, Angela dio con una placa oculta entre las sábanas de tonos rojizos. "Sujeto A" era lo único que decía esa macabra pieza regular de metal. El objeto debía pertenecer a la chica y era el nombre clave que le habían dado de acuerdo a su habilidad que yo desconocía.
Revisamos una última vez aquella habitación escondida y no había nada más que pudiera descartar o corroborar mis suposiciones. Ya se habían llevado a la muchacha y tenía la sensación que alguien me agradecía a distancia por su liberación. Angela se encontraba anonadada y yo no lograba conocer la razón. Su largo cabello castaño ocultaba su cara mientras revisaba el suelo frente a la entrada escondida. Si buscaba algo en específico, no lo encontró. En cuanto salimos del edificio, echó un vistazo por encima del hombro, con preocupación.

-¿Qué ocurre?- le pregunté con gentileza.
-No lo sé. Siento que un detalle se nos ha escapado pero no logro concebir qué pudo haber sido.
-No te preocupes. Les diré a mis compañeros que revisen ese edificio por completo en busca de cualquier pista.
-No, no es una pista. Es algo más. Es un peligro que lo hayamos pasado por alto. Se escapa de mi mente. Se oculta. No sé lo que es, enmascarado.
Medité durante un momento mientras nos dirigíamos al apartamento en un auto con uno de mis camaradas.
-Ya veremos. Si dices que es una amenaza, sabré de ella antes que llegue.
Mi afirmación pareció tranquilizarla. Nos bajamos del auto frente a nuestro edificio, nos despedimos de nuestro acompañante y subimos con calma a la habitación que compartíamos desde hacía dos días.
Angela seguía algo tensionada así que le sugerí que tomara un baño mientras yo aprovechaba el tiempo para escribir esta entrada. Me pregunto aún qué ha sido de él. No comprendo en absoluto su intención de molestarme y tampoco entiendo las razones por las que olvidé buscarlo en la Biblioteca, luego de salir de aquella habitación oculta. ¿Sería su presencia la que percibía Angela como una posible amenaza? Para mí, jamás lo sería y eso se explica en la forma en que mi intuición lo dejó pasar. No obstante, no puedo asegurarlo. Odio vivir en este mundo plagado de dudas, suposiciones y conjeturas que nunca llegan a ser cien por ciento correctas hasta que los hechos te golpean en la cara, como una bofetada.
Creo que ella ya ha salido del baño y se arregla en la habitación. Es tiempo de terminar con este escrito. No deseo que ella se dé cuenta que escribo para alguien que considera su enemigo. Para aquél que batalla por mi lealtad. Perdóname por lo ocurrido. Jamás fue mi intención herirte más pero hay muchas lecciones que debes aprender antes que pueda volver a tratarte siquiera. Sé libre y aprende lo que debes mientras puedas. La libertad es una utopía y mas para alguien como tú, que quiso atarse a tantas cosas. Hasta una próxima ocasión...

¿Sería capaz de enviarle alguna vez este diario, estas entradas a quien se las había escrito? Aunque tuviera la valentía para hacerlo, no tenía una dirección, electrónica o en la ciudad, para enviárselas. No tenía idea donde se encontraba. Lo mejor era guardarlas para mí y entregárselas personalmente, en cualquier ocasión que se presentase. ¿Para qué quería que supiera lo que yo hacía? No era una obligación moral de ninguna forma que yo le contara pero deseaba hacerlo. Como si escribirle sin contacto alguno sobre mis anécdotas, no hiciera nada más sino acercarle a mí.
Apagué el computador y esperé con calma a Angela. No sabía cuáles eran mis intenciones pero tenía que hablar con ella.
Esperando a que el destino me dijera que debía hacer. Cómo debía proceder. Había encontrado a aquella inofensiva chica tan fácil que turbaba la poca tranquilidad que tenía. Además tenía siempre que proteger a mi amada.
-¿Qué haces?- dijo con interés Angela al verme sentado observando con atención el cielo.
-Pensando... en tí.
Rió al escuchar mi respuesta. No se burlaba. Le hacía gracia saber que era verdad y su dulce risa inundó por un momento de esperanza la habitación.
Se dirigió hacia mí y se sentó en mis piernas, abrazándome con ternura. El débil calor de su cuerpo me acogió y reconfortó con inusual efectividad.
-¿Qué haremos ahora?- inquirió con curiosidad más que con premura.
La temida pregunta, en su boca, pareció tornarse hermosa, como una rosa con muchas espinas a la vista.
Una amenaza, un peligro que venía hacia nosotros, con rapidez y astucia. Sentí que debía protegerla aunque también comprendí que yo caería en aquella trampa.
-Escondernos. ¡Rápido, Angela! Entra aquí.
Saltó de mi regazo y yo me puse de pie. Abrí la entrada a una especie de ático que tenía aquella habitación y le tendí la mano para ayudarle a subir. Sin perder tiempo, se encaramó en la mesa del computador y finalmente, a ese falso techo.
Yo, por mi parte, me escondí detrás de una biblioteca y una falsa pared después de asegurarme que Angela quedaba cubierta. Como todas las propiedades de la resistencia, este apartamento estaba equipado con escondites secretos. No bien hube asegurado la falsa pared, escuché alguien irrumpiendo en el lugar.
Revisaban todo resquicio como si supieran de la presencia de alguien que les interesaba. Por un orificio entre la pared que me cubría y la biblioteca, logré observarlos. Eran agentes del Gobierno como los que fueron en busca de los hermanos talentosos a los que yo pretendí proteger en aquella casa hacía muy poco tiempo. Durante más de media hora, levantaron las colchas de las camas, buscando bajo ellas y en su interior, tumbaron los armarios sin encontrar a nadie dentro ni detrás e intentaron ingresar a la información del computador, sin éxito alguno. En su frenética búsqueda, hicieron caso omiso varias veces de la biblioteca hasta que un agente, que al parecer acababa de ingresar, la empujó, dejando a la vista un resquicio en la pared, que los otros se apuraron a inspeccionar. Podía sentir que ellos no eran la verdadera amenaza pero intuía que me encontrarían de todos modos. De repente, se presentó en el umbral de la puerta, con un vestido rojo que no sugería que fuese quién dirigía a los agentes. Renata, con sus peligrosas piernas a la vista y una pequeña pistola atada a un brazo. Caminaba con gracia, junto a un hombre maduro, que le susurraba a toda prisa información que no alcancé a escuchar. Ella se limitaba a asentir con la cabeza mientras sus ojos recorrían con audacia todo el recinto. De un momento a otro, todos los agentes se quedaron quietos al percatarse de su presencia. El que se encontraba junto a ella, salió corriendo por la puerta por la que había ingresado hacía unos minutos y ella se quedó sola, en la mitad de la habitación, con el porte de una verdadera emperatriz. Allí, se limitó a decir en voz alta:
-Quienquiera que esté escondiéndose en este apartamento, debe salir ahora mismo.
Su voz, cargada de persuasión y fuerza me aterrorizó mientras pensaba en Angela. Quería decirle telepáticamente, que no saliera de su escondite, que se quedase. Que no se dejara asustar por la imponente figura pelirroja en medio de todos esos agentes. "¡No te dejes de ella, Angela!" gritaba en mi interior. Me ví a mí mismo, corriendo la pared falsa y caminando hacia Renata.
No quería hacerlo pero era su poder, ese que intuía como una gran amenaza, el que me instaba a salir, exactamente como ella había dicho.
-Que gato tan curioso.- comentó Renata al verme salir.- Quédate quieto allí por favor.
-No soy curioso.- respondí con furia al sentir que mis extremidades se entumecían.
-Guarda tus garras para herir a alguien que sienta miedo de tí.- me dio la espalda y dijo nuevamente a todo el apartamento- ¿No hay nadie más que se esconda? Salgan ahora mismo.
Yo rogaba porque Angela no saliera. Porque algún capricho del destino le diera a Angela el poder de resistirse ante la influencia de aquella voz y sus órdenes.
-Dime, querido felino, ¿tenías compañía en tu escondite?- me preguntó con sorna.
Intuyendo que debía recordar los días anteriores al rescate de Angela, con la esperanza de que respondiera negativamente, esperé a que su poder hiciera efecto sobre mí y me hundí en la soledad de aquellos días.
-No... que me acuerde- escuché decir a mi boca.
Renata sonrió despectivamente y ordenó a sus hombres que desistieran. Que nadie más había por allí.
Lamenté tener que abandonar a Angela para salvarla pero me esforcé en ocultar su recuerdo en mi mente.
-Ven conmigo; tu lealtad es mía ahora.- afirmó Renata mientras me invitaba a salir del apartamento y me alejaba cada vez más de Angela.
-No puedo resistirme pero no creo que esté de más negarme. Jamás tendrás mi verdadera lealtad, "Doctora" Renata.
-Ya veremos. Serás para mí como la mascota que nunca tuve.- dijo riendo con burla.
-Sube al auto. - me ordenó una vez habíamos salido del edificio.
No sabía qué sería de Angela. Esperaba que lograra comunicarse con la resistencia y salir de allí sin contratiempos. Me convencí de que la protegí lo más que pude. Ahora solo dependía de ella salvarse.
Había fracasado en mi intento por vencer la organización de la que hacía parte Renata y estaba a merced de ella. Ojalá otros pudieran terminar lo que yo no fui capaz. Subí al auto y me despedí de Angela y de él. El ángel que guardaba mi alma y el fantasma que me lastimó con un beso.

martes, 14 de mayo de 2013

Pensamientos

No deberías pensar en las noches oscuras que el enfado nubla tu mente.
Sería aconsejable no pensar cuando la tristeza fluye por tu alma como un arroyo.
Apropiado es que pienses cuando el sol interno ilumina tu horizonte.
No escribas cuando la fatiga emocional carcome tu alma.
Digitar cuando la mente está en pena es una condena.
Peor será lo que tu cerebro producirá.
Escribir no es el fin.
Ni el inicio.
Redactar feliz es una utopía infeliz.
Pensar con euforia es un arte adivinatoria.
Rimar con presteza es como reír con destreza.
La ignorancia alentadora es también tu peor conocedora.
Lógico es lo que no debe ser e ilógico lo que también debe ser.
La felicidad que llega por una suerte buena se va en una apuesta buena.
Coherencia y cohesión, como dos ángeles, al lado de su compañera la ilusión.
El olvido es tu único amigo y la literatura y la escritura, tus enemigas innatas.

domingo, 3 de marzo de 2013

Superhéroe

Estoy despierto. De pronto no más o mejor que nunca pero al menos lo estoy. Escribo esto porque entiendo perfectamente lo que quiero escribir. Estoy cansado pero no lo suficiente para lanzarme al mundo de los sueños. Solo sé lo que quiero. Quiero ser un superhéroe.

Harto de intentar ser un buen adulto quiero regresar y volver a ser un buen adolescente y un buen niño. Uno de esos muchachos inocentes en lo que de verdad importa y no en los asuntos secundarios "corruptos". Sé que quise saltarme esa etapa pero no puedo ni podré jamás negarla. Quiero ser un superhéroe.

Quiero ser alguien. No quiero ser alguien importante. Solo quiero ser alguien bueno. Ese tipo de personas que todo el mundo se enorgullece de presentar a sus amistades, familiares y amores. Deseo ser lo que llaman una persona de bien, que logre dar todo por todo el mundo y que su corazón sea más grande que su mente. Quiero ser responsable y dar a todo y a todos el tiempo y dedicación que se merecen y mostrarles lo mejor de mí. Anhelo ser mejor de lo que fui y de lo que soy por el bien de todos. No quiero ser mejor que nadie más que yo mismo. No quiero pasar por encima de nadie, solo aspiro corregir mis errores y ser una de aquellas personas que todos agradecen a la vida haber conocido. Deseo ser perfecto en el sentido más humano imaginable.

Quiero volar en las mentes de quienes me quieren y defenderlos de cualquier demonio interno que los pueda atacar. Quiero trepar por las paredes de sus pensamientos y estar allí, como un vigilante, ante cualquier amenaza que pueda darse dentro de ellas. Anhelo ser super humano y lograr vencer cada villano que ataque la alegría de todo a quien conozca, que afecte su sonrisa o apague su ánimo. Quiero ser super fuerte y levantar aquellas cargas pesadas que los otros no logran levantar por sí solos. Ansío correr a la velocidad de la luz por los pasillos llenos de maliciosas impresiones y salvar a las buenas ideas de perderse en la mente de todos. Deseo arriesgarme por otros, por alguien, por ustedes, por mí, por tí. Quiero poder regenerarme y así sacrificarme, dejar todo mi orgullo atrás y convertirme en un escudo, una defensa viva que se encargue siempre de luchar por  los demás. Aspiro ser algún día un superhéroe.

Pretendo ser su superhéroe. No solo el de quien lee este escrito sino de quien me conoce, me conoció y me conocerá. Pretendo ser el superhéroe de la única persona que no quiere un superhéroe. Pretendo ser el superhéroe de aquellos que no creen en ellos. Intento ser aquel que muchos rechazarían ser. No pretendo buscar reconocimiento, ni fama, ni dinero; solo procuro el bienestar de la mayoría. No tengo poderes pero quiero ser un superhéroe. No soy constante pero anhelo hacer esta vida más justa. No soy fuerte pero trato de aguantar por el resto. No es una resignación, es un objetivo, una meta, un propósito.

Soy inocente. Aún creo que siempre todo puede ser mejor y más que eso, estoy seguro que yo puedo hacer algo para que lo sea. Si soy un superhéroe, nada me detendrá en mi búsqueda por hacer el bien. Si lo soy, podré salvar las alegrías de muchos. Si lo soy, podré asegurar la felicidad de otros. Si lo soy, podré garantizar la seguridad de todos. Si lo soy, habré encontrado el sentido de mi vida.

No obstante, no soy un superhéroe pero ¿quién dijo que no podía serlo? Si puedo vencer a mi peor enemigo y el villano más obstinado que conozco (yo mismo), ¿por qué no podría enfrentarme a los rivales de mis seres cercanos? Una parte de mí fue un villano pero ahora soy un superhéroe y sé como se comportan de primera mano mis adversarios. No hay razones válidas para que no pueda ser un superhéroe y salir exitoso en el primer intento.

Quiero ser un superhéroe porque alguien me dijo que no quería un superhéroe. Quiero ser un superhéroe porque alguien me enseñó como serlo. Quiero ser un superhéroe porque alguien me mostró que tenía la fuerza para hacerlo. Quiero ser un superhéroe porque alguien me explicó la manera de vencer a mi propio villano. Quiero ser un superhéroe porque alguien me reveló que la vida no es justa. Quiero ser un superhéroe porque alguien me hizo percatarme que deseo serlo. Quiero ser un superhéroe porque soy inocente, bueno, inteligente, obstinado, sensible, honesto y más importante aun, porque no necesito tener más superpoderes para serlo.

viernes, 22 de febrero de 2013

El Fénix Negro

Reinventarse, renacer, resucitar, revivir. Acciones típicamente asociadas con aquel ser mitológico al que me ufané imitar. Nunca debí haber traído ese tema a este tablero de trazos ininteligibles. Este, como muchos otros de mis supuestos y analogías lógicas, se pervirtió al punto de traicionar a su creador. "Quémate cuando te sientas viejo y renace de tus amargas y grisáceas cenizas, hijo de la Luna". Es eso lo que le dijo aquel falso escritor que llevo adentro al inepto personaje que represento. Ya no reconozco cuál de aquellos dos individuos es más ridículo en su razonamiento. 
Por un lado, uno llegó a la conclusión que se debía morir para vivir, que se debía quemarse como un trozo de madera en una fogata, sintiendo las llamas lamer con odio su superficie. El fuego, símbolo de la destrucción y condena eterna, podría liberar de las cadenas y permitir una nueva vida. Eso fue lo que aquel "literato" vaticinó. Demostrando ser un fraude, este escritor principiante y poco prometedor no recordó la advertencia inherente en el texto de Borges, "Las ruinas circulares" (parafraseando como todo lector sin memoria): El fuego reconoce a sus hijos soñados y sus llamas los acarician sin hacerles daño alguno. Consecuentemente, un hijo del fuego, como el fénix humano que se permitió ser, no podría ser destruido por completo por su padre elemental. Este punto, ignorado por aquél "señor" de letras, debatiría su conclusión mitológica sobre sí mismo.
Por otro lado, el protagonista de esta historia, aquel que no me enorgullezco siempre de ser, pensando en el dolor causado por su visión fatalista y poco práctica de la vida, decidió aguantar todos los dolores imaginarios, todas las heridas auto infligidas y entregarse poco a poco a sus emociones hipocondríacas. En medio de ese éxtasis agridulce de dolor, fue abordado por el literato y su estúpida idea sobre el renacer de las cenizas. El individuo, asombrado como un ciego ante la recuperación de su vista, hizo suya la pretensión de morir entre llamas para recomponerse de sus cenizas. El objetivo era aguantar el suficiente fuego destructivo en su alma para lograr ser apto para el fuego divino, aquel que reconstruía metales, salvaba familias del invierno y suturaba las heridas abiertas con su calor paternal. No había nada más que perder salvo su poco valiosa vida, ¿existían razones para no arriesgarse?
Fue así como los dos absurdos que en algunos momentos me conforman se dispusieron a seguir la rutina del fénix, una criatura elegante, inigualable y con un poder con el que un ser humano jamás debería atreverse a soñar.
Qué hilo conductor tan seductor y escalonado para explicar y racionalizar la existencia de este fénix humano crearon en conjunto aquellos aspirantes a alquimistas de la vida el 18 de septiembre en aquél fatídico año en que conocieron al "amor", 2010.
Sin importar qué tan bien hubiesen redactado aquel texto, estaban errados. No obstante, aquel fallo no regalaría al mundo sus frutos podridos hasta dos años y menos de cinco meses después. He aquí las consecuencias de sus burdos rituales mitológicos.
¿A quién se le ocurriría destruirse con el fuego que no le hiere, obligarse a morir y renacer de cenizas contaminadas?
Cada vez que el individuo fénix se quemaba, perdía pureza y reunía el odio que su padre el fuego sentía al ser obligado a destruirle. Sin embargo, cada vez que resucitaba de sus cenizas, robaba sin querer algo de la fuerza dañina del fuego, dada su relación cercana con él. Así fue cíclicamente perdiendo pureza y convirtiéndose en una réplica barata del renacer fabuloso del ave fénix siguiendo sin saberlo y sin querer, la regla de los rendimientos decrecientes que sigue Aira.
El adepto de las palabras no se percató de ello y lo instó a seguir con su constante reinvención, su ir y venir entre la vida y la muerte, alentando a su vez a aquel parásito interno del fuego que crecía en su interior.
Y es de esta manera, como se le dio origen al Fénix Negro.
Atiborrado de poder y odio, el Fénix oscuro influenció las decisiones del huésped como si se tratase de un demonio de un infierno cristianizado. Los dos personajes, ahora como uno solo, siguieron al pie de la letra las instrucciones de aquella nueva criatura, más energía que materia. Creyéndose una divinidad cósmica, el ave moldeo el futuro del ser humano que le daba vida y lo proveyó de un sentido cruel de la realidad, atacando a los seres amados sin piedad, entrando en sus mentes y dañándoles con sus peores pesadillas.
Ahí estaba el poder real del Fénix Negro. Su maldad y sus ansias de dolor ajeno, una venganza por el dolor sufrido al quemarse una y otra vez. El fuego, preocupado por las acciones de su hijo no deseado intentó detenerlo pero, como era de esperarse, no logró hacerle daño. Soñado como la etapa final de la evolución constante de aquel ser humano y creado con ayuda del fuego, el Fénix no podía ser destruido sin que él mismo deseara su fin. De la misma manera que la fuerza del cosmos que prevenía que aquel cristal rosa se tragase al mundo entero, este Fénix oscuro se encontraba más allá de sus creadores, más allá de la vida y de la muerte, y más aún, más allá del amor.
Él no moriría ni siquiera en sentido figurado por alguien, no arriesgaría nada para conservar la estabilidad, no daría todo aquello que el fénix inicial y benigno sacrificaría por un bien común. No más cargas pesadas, no más lágrimas curativas, no más fascinación por lo desconocido. Él sería quien dictara su futuro, sin nadie quien se opusiera a su mandato.
Podría pensarse que el ideal del Fénix Negro era el mismo que cualquier persona persigue en su vida pero distaba mucho de serlo. Él quería experimentar, quería probar, quería intentar todo pero también destruir lo que conocía al tiempo que drenaba la vida que le quedaba al huésped y a quien amaba.
"El amor es capaz de terminar guerras" Quién lo afirmó pudo o no haber amado, no interesa, pero el Fénix ignoraba la veracidad de ello.
Pero, ¿nos revelaba esto la única manera de retener al Fénix?
La variabilidad de la respuesta nos deja absortos. El final no es más que precisamente un nuevo inicio. El Fénix Negro no logra deshacerse de sus ataduras humanas, creadas por el amor y otros sentimientos hacia la humanidad.
Soy el Fénix Negro y dudo de mi veracidad tanto como de mi fuerza. ¿Por qué? Porque el amor me creó y el amor también puede acabar conmigo.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Las cosas que nunca le dices


  1. Te sientes intenso cada vez que le escribes o le respondes apenas te llega un mensaje.
  2. Siempre te das cuenta de todos los enfados causados por tu culpa pero finges creerle cuando te dice "Es problema mío".
  3. Odias depender de lo que hace, de dónde está y de si duerme o no. Sin embargo, odias aún más sentir que no dependes o que te es indiferente lo que haga.
  4. Quieres que no le pase nada.Que lo bueno lo puedan compartir juntos y que lo malo no se atreva ni acercarse mientras tú no puedas hacer nada. Le proteges como si fuera tu vida o por lo menos lo intentas, sabiendo que puedes afectar la tuya.
  5. Sientes que nadie puede cuidarle como tú. Que dejarle en otras manos sería irresponsable y que no estarás tranquilo hasta asegurar su completo bienestar.
  6. No puedes hacer nada en contra suyo e inventas excusas y razones tontas para hacer lo mejor, pero no para tí.
  7. Piensas mucho en su pasado, en las cosas que parece haber dejado por tu culpa y te preguntas: ¿Pensará que valió la pena?
  8. Evalúas su personalidad y encuentras cosas que no van contigo o que al parecer te están cambiando pero te das cuenta que está bien así. Que es todo su espectro completo el que te encantó.
  9. Detestas sentirte aburrido a su lado, monótono, predecible pero sabes que no te ve así de ninguna manera.
  10. Te molestas, gritas y pataleas internamente cuando algún plan no sale como lo pensaste pero callas. Al final, podrás disfrutar de su compañía.
  11. Te enfadas constantemente contigo mismo por no esforzarte lo suficiente, por no darle lo que tú crees que merece en realidad,
  12. Finges. No le mientes nunca pero finges que estás bien a veces solo para volver a ver su sonrisa y estar verdaderamente bien.
  13. Ves errores, huecos, descuidos pero les haces caso omiso. Nada de eso se compara a lo que te da sin saberlo ni entenderlo por completo.
  14. Perdonas. Te perdonas a tí mismo por ser como eres y creer muchas veces cosas que no son, enfadarte y por ellas hacerle daño.
  15. Le amas. Le amas con intensidad, sinceridad, certeza, obsesión y pureza, con independencia y necesidad, con interés y humildad, con orgullo y modestia. Le amas por su alma, por su cuerpo, por su intelecto, por sus errores que los juntan más, por sus cualidades comunes pero en conjunto únicas, por sus características inusuales y hermosas, por lo que te enseña, por lo que representa, porque te ama y porque sabes que es cierto. Le amas, de pronto no más que nadie en el mundo ha amado, de pronto menos que todos ellos, pero todo lo que eres capaz de amarle. Le amas y solo por eso esperas que perdone las cosas que nunca le dices.

martes, 16 de octubre de 2012

Yo sé que me echas de menos

Yo sé que niegas que me necesitas
O el hecho que te haga falta
Sería mejor que no lo hicieras
Éste muchacho podría sentirse ofendido
Queriendo dejar para siempre tu lado
Una parte impulsiva que no puedes dejar
Entre tu alma se encuentra encerrada
Moviendo tus deseos más íntimos
Encandilando tus añoranzas más ocultas
Entrelazando tus armas lógicas
Convirtiéndolas en menos que restos de viruta
Hidalgo de gran temple
Amigo incondicional
¿A qué es lo que apuntas ahora?
Salir de tu vida no es mi meta.
Desearías que no existiera
E incluso osarías negar mi existencia
Me mofaría si eso hicieras
Eres más ridículo que una mofeta
Normal, corriente y cegado por tu
Omnipotencia que solo sabe
Susurrar a tu oído: Yo lo puedo todo por mi cuenta

Aquí estoy y aquí me quedo, mi querido hermanito.
Att. S