¿Y cómo decirle a ella lo que me pasaba? Acababa de regresar de aquel estado de sopor y yo quería revelarle más de lo que podría soportar. No era apropiado ni saludable para Angela que la bombardeara con tan importante cantidad de información en tan poco tiempo. Lo supe en el momento exacto en el que volví a verla, que no debía cometer el mismo error que cometí en el pasado. Y por supuesto, he evitado con toda mi voluntad hacerlo. No es muy complicado, después de todo, soy una persona con la voluntad de acero que tanto alaban en la sociedad. Hasta el más reacio a mirar más allá de sí mismo, reconoce esta cualidad. Pero no viene al caso.
Debería utilizar el antiguo recurso que Hoffman magistralmente aprovechó en su "Hombre de Arena" para generar un hilo conductor o la estructura fragmentada creada por Rulfo para "Pedro Páramo" con la intención de hacer esta historia entendible a pesar de los eventos que no les contaré.Ya los sabrán por habladurías que escuchen, chismes sobre nosotros que circularán en la ciudad, y artículos sensacionalistas que se publiquen. Ese asunto no interesa. Me permitiré ahora ubicarlos tanto emocional como espacialmente de la forma más genérica que me sea posible, evitando el uso de los recursos citados con anterioridad.
Frente a un computador; no interesa si es portátil o no, su capacidad y otra lista de nimiedades que no afectan para nada el entorno. Este se encuentra sobre una mesa en una habitación de un pequeño apartamento en el extremo norte de la ciudad, cuyo nombre no es relevante. He estado pensando últimamente en esta persona, tan cercana y lejana a Angela, que tanto me ha desconcertado e intrigado desde la primera vez en que le ví. En nuestra relación. Más allá de una amistad y tan comparable a la mía con Angela como una rosa negra lo es a una roja. Dos caras de la moneda, pero no de la misma moneda. ¿Entienden lo que les intento decir? No puedo despojarme de ninguna de las dos atractivas y seductoras posibilidades. No obstante, tengo que proteger a Angela a como dé lugar, aunque ella no pueda conocer la razón. Sólo le ruego a la fuerza creadora que vele por mi otro amor pese a reconocer que puede (y deseo que lo haga) sobrevivir por su propia cuenta.
Intuyo que quieren saber sobre Angela. Ahora yace profundamente dormida sobre la cómoda cama a mi derecha. Cayó rendida al llegar a este lugar no sin antes escucharme prometer que no le haría ningún daño ni la abandonaría. Yo no podría hacerlo, naturalmente. Mas quería tener noticias de... Ya se imaginarán de quién estoy hablando.
Luego de dejarla debidamente acomodada y adormecida, me había dispuesto a escribir pero un flujo inesperado de sangre, proveniente de la nariz, me obligó a correr apresurada y silenciosamente al pequeño baño, cuya puerta daba a los pies de la cama. Sí, me ocurre a menudo, y con mayor frecuencia cuando hago un esfuerzo físico indebido, pudiendo magnificarse hasta dejarme inconsciente si no lo controlo. Suerte la que tuve de que Angela siguiese durmiendo. Yo cuidaré de ella, no ella de mí, pueden asegurarlo.
Confiando en que nadie leerá esta confesión hasta que todo el problema se haya solucionado, les contaré los planes para mañana. Un exquisito desayuno en el café de la esquina de la manzana. Una hermosa caminata bajo el sol mañanero en dirección a la Biblioteca Pública de la ciudad. Una tarde de lectura agradable en el resguardo del alto techo del edificio y... no hay planes concretos para mañana. Nada puede ser tan sencillo y ordinario como eso. De seguro, ya estamos siendo perseguidos. Hmmm, con algunas precauciones podríamos llegar a la Biblioteca e investigar sobre esta detestable entidad. Sí, ese será nuestro rudimentario pero secreto plan. Es tiempo de descansar, al menos para mí.
Me levanté del escritorio sin saber por qué escribía aquello y para quién. Pronto lo descubriría. Me recosté en el diván de respaldo alto a la entrada del recinto principal y me dispuse a lanzarme al Reino de las Sombras.
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