Nunca me detuve después a preguntarme por qué había acudido a mi hermano antes de ir en busca de Bianca. Las razones por las que lo hice son, sin embargo, claras: Había adquirido un desorden en el sistema nervioso, específicamente en el central donde se regula el sueño, llamado narcolepsia. Un sueño entrecortado y profundo es lo que desde los experimentos aquejó mi vida. No obstante, esta incontrolable caída en la inconsciencia tenía una causa, que descubrí posteriormente.
Oscurecía. Había tomado la decisión de utilizar a mi hermano para llegar a ella. No sabía dónde podía encontrarlo, así que empecé a caminar hacia las luces de los límites de mi ciudad, junto a la autopista que pasaba cerca a la clínica. Alcé la vista hacia el cielo donde una gran luna anaranjada iluminaba el firmamento. Parecía que parte de la luz apuntaba a la cumbre de una colina cercana, desde donde seguramente se podían ver las luces de toda la ciudad en la noche. Recordé el calor de una silueta mediana a mi lado, ahora ofuscado por el viento frío que nadaba en la oscuridad. Supe que no te podía tener ahora, no era justo, pero sabía que te encontraría. No me detuve a comprobar si mis ojos me engañaban. De alguna extraña manera, podía asegurar que no lo hacían.
Un autobús hacía su muy probable última parada antes de regresar al norte de la ciudad. Era un servicio diurno, por eso lo sabía. Me atrevería a decir que se había atrasado. Abordé en él por la puerta de atrás al tiempo que rebuscaba en mis bolsillos con el fin de dar con algo de dinero. Pagué al cobrador y me senté en un par de sillas vacías. Ya se podían ver edificios a ambos lados de la autopista, a través de las ventanas laterales del autobús.
Rememoré aquellos ojos oscuros, marrones, en los que no pude quedarme. Supuse que esta era una ridícula reflexión de cómo te perdí junto a esos hermosos ojos. No era tiempo de decir adiós. No podría concebirlo después de haberte visto mirándome desde el centro del claro. La certeza de que te volvería a ver, en mis sueños o en esta realidad, causó una gran felicidad en mi ser que sólo oculté al recordar en donde me encontraba.
Las puertas pasaban rápidamente a mi lado sin que yo lo notara. ¿Se estaba haciendo más oscuro? No era posible puesto que ya había oscurecido pero la luz se iba, se iba...
-¡Gabriel!-llamó una clara pero socarrona voz.
Giré para mirar a quien hablaba. Su tez blanca y suave parecía reflejar la poca luz que se colaba entre las copas de los árboles, tan juntas en aquél lugar. Me perdí en su boca y en sus ojos, castaños, como los de nadie más.
-Nunca me has visto realmente- me espetó observándome directamente a los ojos.
-No es cierto. Lo estoy haciendo ahora. Eres siempre tan perfecta- le respondí -.Quería volver a verte, porque he visto tu alma y es más pura que cualquier otra.
-No lo entiendes. Mi mirada no lo dice todo.-resolló con furia contenida. Incluso en ese estado se veía encantadora. Alargué la mano para tomar la suya pero una fuerza invisible me haló hacia el lado oscuro del bosque. Alcancé a notar cómo movía su cabeza de un lado a otro, en un gesto de desaprobación.
-Perdón, señor- se disculpó una señora de edad que me había golpeado con su bolso, de camino a la parte posterior del autobús.
-No interesa- le respondí a la silla vacía a mi lado mientras chequeaba el exterior por la ventana.
¿A dónde me dirijo? A buscar a mi hermano. ¿Dónde puede estar? No puede estar en casa, siempre tiene tanto que hacer. ¿Qué me había querido decir Bianca? Que no la conozco, que es absurdo y sin sentido que piense tanto en ella. No lo puedo evitar; es una de las secuelas del experimento científico al que Caleb me sometió. Me ató para que no fuera a donde él no quería. Nunca lo hubiera pensado capaz de hacerme algo así debido a que era una persona tan correcta. Ya no interesa, pagará por ello y no seré yo quien lo obligue a hacerlo.
Una mujer, de piel cremosa y largo y castaño cabello, demostraba una inocencia angelical caminando con cautela al lado de un joven de ojos claros y cabello lacio, tan apuesto que daba envidia. Un grito de otro hombre, la visión del indiferente rostro de Caleb y un cielo estrellado.
¿Qué es esto? pensé inmediatamente. Había tenido una visión sin caer inconsciente (o eso creía). No era un sueño, era la revelación de algo importante pero no visible en la primera revisión. Mi hermano debe tener la respuesta pues sé que estuvo implicado, me dije.
El familiar puesto de revistas en la esquina estaba cerrado así que supuse que eran pasadas las siete y media. Llegué al edificio de apartamentos donde vivía. Subí hasta el tercer piso y entré a la acogedora sala-estudio de la residencia que compartía con Caleb. Sobre la mesa de café de madera pintada de blanco puro había una foto. Un muchacho que reconocí de inmediato, de rodillas, sin camisa, esposado con unas grandes cadenas a la pared. Era un compañero de trabajo de mi gemelo o al menos, eso decía él.
Salió en dirección a la cocina antes de notar mi presencia.
-Conque escapaste al igual que el resto- me inspeccionó de arriba a abajo.
-¿El resto?¿En qué estás metido, Caleb?- le pregunté bruscamente, agitando la perturbadora foto que acababa de agarrar.
-No es asunto tuyo, "hermanito"- me respondió, riendo con sarcasmo.
-Pues lo es desde que me involucraste en ello.
-No lo hice. Tú accediste voluntariamente a ir a ese lugar- repuso de manera burlona. "No se parece tanto a mí, a pesar de que somos gemelos. Él es más alto, más fuerte y su cara siempre demuestra desprecio" pensé.
-Ambos sabemos que no es cierto y eso es lo que me permitirá obligarte a acompañarme a encontrar a Bianca.- proferí.
-¿Le dirás a nuestros padres, Gaby? ¿O me acusarás con tus amigos?- me preguntó, sin dejar de sonreír, mostrando falso asombro y preocupación.
-Liberaré a tu supuesto amigo y buscaré a los otros que escaparon. O aún mejor... Le diré a tu jefe, el señor V.
Esta vez, tuvo miedo y su sonrisa desapareció para ser reemplazada por un gesto de auténtico desasosiego.
-Nadie puede saber que los liberaron- aseguró.
-Y tú no encontrarás a Bianca- sentenció después de un minuto de reflexión.
-¡Claro que lo haré!- grité indignado.
Se acercó a mí prudentemente, preparado para atacar.
-No existe; todo fue producido por las pruebas que te hicieron. Nunca estará de nuevo en tus brazos o, mejor dicho, por primera vez en este mundo. Pensé que debías saberlo. No podrás encontrar a alguien como ella aquí.- terminó con una mueca de compasión hipócrita.
Me negué a aceptarlo pero mi mente trajo la verdad como si la hubiera proferido la misma Bianca:
-No podemos estar juntos, porque la vida nos separa.
Caí sin saber qué me sostendría. Un manto de oscuridad profunda me abrazó. Entretanto, recordaba su cabello escapando de mi vista.
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