lunes, 27 de febrero de 2012

Sueños. Cuarta parte.

Llovía. Pequeñas y cristalinas gotas del líquido de la vida bañaban mi cara mientras yo miraba al horizonte. A la noche vacía y preciosa. Podía oír que alguien caminaba bajo la lluvia que caía rítmicamente sobre el asfalto.
-¿Por qué danzas aquí?- le pregunté a Bianca cariñosamente.
-Permite que la lluvia lave tus pecados y la noche guarde tus secretos, Gabriel- gritó al cielo sin detenerse a observarme.
-Ven, baila conmigo-acercó una de sus perfectas manos para tomar la mía y hacerme girar armoniosamente alrededor de un eje imaginario.
Al compás de la sonata de la oscuridad, nos unimos en un movimiento agradable e inigualable con la lluvia como nuestra fiel seguidora.
Reposó su cabeza sobre mi hombro izquierdo y me susurró:
-¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? Fue aquí en este tétrico edificio.
Me giré para vislumbrar la construcción de la que hablaba. Una biblioteca pública de seis pisos aproximadamente y hecha de ladrillo revestido de pintura blanca.
-¿Cómo es que le dices tétrico a un centro de conocimiento tan majestuoso como este?-inquirí con respeto.
-Nunca nada ha sido lo que parece y esta vez tampoco lo será.
Atrapado en el momento y en su engañosa sonrisa, pude entender todo lo que me quería decir.
-Puedo decir que eres la única que es precisamente, aquello que percibo con mis sentidos.
-No sólo tus sentidos me ven, también tu alma y tu mente. Pero estoy encerrada y la realidad será más fuerte que nosotros dos.
-No lo permitiré; es una promesa, Bianca- la besé en el cuello y acaricié su mejilla. Mi piel se veía más clara de lo normal y empezó a hacerse translúcida.
-Recuérdalo, Gabriel. Una promesa que te has hecho a tí mismo, la debes defender sin importar qué ocurra-sonrió mientras yo desesperado intentaba tomar su mano con lo que hacía un momento era la mía.
-Quédate conmigo. Lo necesito-exclamé afanado.
-No te dejaré de querer. Jamás.  No lo dudes- afirmó cuando se alejaba danzando en círculos. Me regaló una última sonrisa antes de que mi cuerpo desapareciera.
Por un corto intervalo de tiempo, pareció que estuviera enjaulado en mi mente pero todo volvió a esclarecerse tan rápido como se había oscurecido. Un largo pasillo de incontables puertas apareció ante mí. No podía ver su inicio ni su final; supuse que se extendía al infinito. Pequeñas luces que estaban incrustadas en el cielorraso iluminaban tenuemente aquel lugar. De una puerta que estaba a dos a mi derecha salió Caleb. No estaba solo. Como estaba de espaldas a mí, no pude ver la mujer que estaba besando hasta que estuvieron por completo fuera del umbral de la puerta. De cabello largo y de un rojo encendido, la chica demostraba su atractivo y superioridad en una sonrisa mientras sostenía su mano de forma posesiva en la cintura de Caleb.
-Gabriel, te presento a la mujer que nunca tendrás-exclamó mi gemelo con odio. La pelirroja se rió de manera encantadora tras su comentario y me observó con una mirada curiosa e inquisidora.
-Si no fueras como eres...-musitó ella luego de un largo periodo de contemplación. Ambos volvieron a reaccionar con carcajadas dulces y estridentes que pese a ser melodiosas, no evidenciaban nada más allá de arrogancia.
Quise golpear a mi hermano y refregarle lo inhumana que era su actitud y la de su acompañante. Quise arrancarles esas máscaras y exponer toda la verdad que había bajo ellas. Cuando me decidía a responder a sus ridículas afirmaciones, todo pareció llenarse de una luz cegadora. Pensé que todo era un truco de mi agraciado y odioso gemelo y maldije al resplandor inútilmente.
Me sentía ingrávido, como nadando en una corriente de aire y de golpe y sin aviso, caí en una superficie suave y firme. Me encontraba en el sillón de mi sala de estar y respiraba de forma entrecortada como si hubiese corrido una maratón.
"Caleb tratará de traicionarme" me dije a mí mismo "pero no creo que lo haga ahora. Tendré cuidado con esa pelirroja". Dada esa conclusión, decidí tomar más precauciones a la hora de aceptar su ayuda para ir en busca de Bianca. No podía correr el riesgo de ser capturado y utilizado como sujeto de experimentos por mi propia sangre.
Me levanté y me dirigí al dormitorio de Caleb para comprobar que estaba cerrado con llave. Mientras me arreglaba en el baño, hice una lista concreta de los objetos esenciales que llevaría conmigo en caso de un eventual engaño por parte de mi hermano. Salí sigilosamente del aseo y me preparé en silencio, esperando a que él apareciera en el umbral y me llevara al lugar donde él sabía que mantenían a Bianca.
Me acerqué de nuevo a la puerta de la habitación y golpee con fuerza.
-¿Te quedaste dormido, Caleb?¡Sal de ahí!
No sabía qué decirle ni cómo tratarlo desde aquel momento en el que me desperté de mi primer sueño con Bianca. Todo había cambiado y yo sabía que ella me había revelado la verdadera cara de mi eterno compañero. No hubo respuesta del otro lado de la puerta. No obstante, Caleb respondió a mi pregunta. Mi teléfono celular timbraba y, al contestar, su voz me ordenó sin saludarme que fuera a la Clínica Central de la ciudad.
Era una institución poco frecuentada por él y me extrañó que me hubiera citado allí. No habría imaginado que mi amada se encontraba en un lugar fuera del ojo atento del supervisor Caleb, ya que había sido él mismo quien me la había ocultado.
Me felicité por haber tomado las medidas de precaución necesarias al tiempo que bajaba velozmente por las escaleras del edificio. No me disponía a someterme a lo que Caleb me dijera y me aprovecharía incluso de la semejanza obvia entre él y yo para dar con Bianca. Al salir, me asombró percatarme que en la noche había llovido y por ello, recordé la promesa que había hecho frente a ella:
-Prometo que no me fiaré de nadie hasta encontrarte y prometo defender esta promesa con mi vida, hermosa.
Antes de subir al auto que me llevaría con Caleb, creí escuchar una risa femenina de gran belleza impregnada de un puro y absoluto desprecio.
-¿Estás seguro de ello?-susurró a mi oído un sutil y extraño viento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario