domingo, 8 de julio de 2012

Inmunidad

El "interesante e intelectual" pelinegro sonrió al ver como ella caminaba con presteza, demostrando una belleza que nunca había llegado a comprender. Ella le sonrió y él se dio cuenta que no le molestaba tenerlo cerca; que, a pesar de que las cosas habían llegado a su fin hacía mucho tiempo, ella no sentía reparos a la hora de demostrarle su inmerecido cariño. Su suave piel de tonos claros, sus labios dulces y sus penetrantes ojos atraparon la atención de él mientras ella seguía de pie al frente. Sin mutar su expresión, ella acarició con ternura su mejilla y enredó sus largos y estilizados dedos en su cabello. Él, anonadado por el gesto, solo consiguió hacer una mueca en vez de una sonrisa.
-Es igual que antes- dijo ella en un susurro.
Él abrazó el silencio. No quería pensar en lo que ello significaba. Preferiría seguir bajo el delicado cariño de aquella de quien alguna vez había creído estaba enamorado. Le permitió continuar, sostener su cara, su cabello, su ser a la vez que luchaba internamente por encontrar el valor para alejarla de sí.

Para mal o para bien, siempre he admirado a aquellos que tienen la capacidad de ser inmunes a cualquier estímulo externo de otras personas. Ese tipo de hombres y mujeres que no caen ante una sonrisa, una mirada, una cara bonita, un gesto atractivo, una melodiosa voz o un cuerpo esbelto. Tienen la habilidad de dejar pasar cada una de las características que componen a alguien para, si solo así ellos lo desean, evaluar a la persona como un todo, sin dejarse encantar parcialmente por sus llamativas cualidades físicas. No se preocupan entonces por alguien que osa acercarse a ellos y sin quererlo conscientemente, utiliza todas sus armas seductoras, ya que harán caso omiso a todas ellas, haciéndolas tan inútiles como un lápiz sin mina. Hechos del más puro mármol, las experiencias románticas no logran hacer mella en su superficie y solo logran pulir su ya brillante apariencia. Su historial amoroso no representa nada más que enseñanzas, oportunidades de ser mejores y aciertos, sin importar el desenlace de cada relación.

Nadie sabe cuanto desearía ser así. Un inmune al pasado, al presente y al futuro. He pasado gran parte de la vida lidiando con vergüenzas que podría haber evitado de no haberme dejado llevar por algún factor externo. He tenido que aceptar las consecuencias de mis actos con más sinceridad y compromiso que muchos otros. Y lo más importante, he tenido que ocultar lo mucho que me afectan ciertas personas de mi pasado. Alguna vez en mis idiotas memorias de mi pasado, aseguré que cada persona había dejado una cicatriz en mí, incurable y que se encargaría de recordarme lo que había ocurrido. En este momento, una de esas marcas palpita lentamente y no me permite continuar con tranquilidad.

Me pregunto, ¿en serio cree que no me causa nada? Para el infortunio de la para nada olvidada Hermione, no soy de piedra. Sus gestos y su forma de tratarme aún pueden influenciarme, aún me recuerda lo que sentí alguna vez, aún me hace rememorar el tiempo que pasamos juntos. No deseo hacerlo. Me opongo a volver al pasado, a pensar en inútiles segundas oportunidades, a retroceder en mi perdición. ¿Qué más da? Ella me olvidó y yo no fui capaz de hacer lo mismo. La dejé de lado y todavía me hace falta. La expulsé de mi vida y todavía deseo preguntarle por qué no somos amigos. La necesité y, aunque ahora no lo hago, no puedo arriesgarme a que vuelva a suceder. Siempre se vio tan hermosa en el pasado...

No puedo terminar esto acá. Tengo que confesar que me he dejado llevar más de lo que debo. Que he comenzado a tantear terrenos imposibles con una de esas personas inalcanzables por las que perdería lo poco que he ganado. La decisión es la adecuada. Adoptar la inmunidad del mármol.

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