martes, 29 de octubre de 2013

Costume - Custom

Es hilarante que dos palabras tan diferentes en un idioma se puedan parecer tanto en otro. Costumbre y disfraz. Custom y costume. A decir verdad, si yo no manejara el inglés como supuesto segundo idioma, tendría más que preocuparme por esas dos. Nadie quiere decirle a otra persona que tiene una bonita costumbre cuando intenta halagar un disfraz, o que deje ese disfraz cuando le pide que renuncie a la costumbre de vestirse elegante. Se producirían muchos malentendidos de ser así.

Ahora que tengo la costumbre de hablar en inglés, me aburre hasta cierto punto y en determinados momentos, estar tan inmiscuido en ese idioma, tan empapado y no sentir que lo domino por completo. Ahí está el problema; no en el hecho preciso de no ser capaz de perfeccionar mi dominio sino en la costumbre. En la acción repetitiva y monótona de hablarlo, oírlo, escribirlo, sentirlo todos los días. No poder escapar de él y tampoco querer hacerlo. Y este es solo un ejemplo de la multiplicidad de costumbres en la que la mayoría de los humanos se enfrasca cada día, no solo yo. No necesariamente tiene que ser el idioma, puede ser cualquier cosa. Todos los días tomo un bus en el mismo lugar para ir a mi casa, cada noche me siento en la misma silla a observar la misma pantalla y rehacer las mismas actividades del día anterior por algunas horas, con minúsculas variaciones al igual que otros miles de millones de personas en el mundo que simplemente "viven" un libreto.

Custom is only something that you agreed to do. No one can ever make you adopt a custom.
No es por completo cierto. Cabe la gran posibilidad de que el planeta Tierra dando vueltas alrededor del Sol sea el que provoque u obligue a que el mundo sea tan "acostumbrado". O la sociedad tan empecinada en navegar hacia un futuro porque sí. Porque las siguientes generaciones merecen un futuro en el que seguir haciendo lo mismo de por vida.
No me decido si está bien o no seguir una rutina. Para alguien a quien le gustan las cosas seguras, a la mano, predecibles, es un camino perfecto. Para otro tipo de persona aventurera, que se aburre fácilmente y que desea verlo todo, es solo la guía a un infierno. Para mí, depende del día pero está mal cuando siempre es siempre. Incluso la forma en la que escribo es una rutina; no porque sea un ciclo o el mismo tema sino porque ¿cuándo carajo voy a cometer un error garrafal en la redacción, ortografía, coherencia, cohesión o sintaxis que saque eso de mis costumbres? Bueno, ya lo hice. Ya no es costumbre *Risas* (Sí, de esas que ponen en las entrevistas a famosos, los cuales se pavonean al no tener una vida llena de hábitos diarios).

No contentándose con darnos un libreto, a la vida se le ocurrió darnos un "costume" también. Sí, ese disfraz que llevan los políticos antes de las elecciones y del que se despojan una vez tienen el poder. Pero no es exclusivo de ellos, no lo crean. Yo mismo tengo uno. La apariencia física tanto como la manera de vestir que convencen a las personas que soy menor de edad, que soy tonto e inocente, muy al estilo de un muchacho sobreprotegido por una familia llena de lujos. ¿Quién quita que sea verdad, no? Ya quisiera en parte que lo fuera y no tuviera la inteligencia suficiente para escribir esto, o la libertad. No sé cuál de las dos es más necesaria para una empresa así. El asunto aquí es el disfraz. Veo personas caminando hacia el futuro, muchas de ellas se parecen, pero al conocerlas, al probarlas, cada una se comporta de una manera diferente. Un mismo disfraz pero diferentes personalidades bajo él. Un policía que entrega su vida al servicio y se arriesga por hacer respetar la ley mientras otro se sienta a ver autos pasar a toda velocidad por la ventana de su auto. ¿Ambos son policías, no? Y uno es gordo y tiene sudor en la camisa, lagañas en los ojos y un bigote poblado mal cuidado mientras que el otro parece salido de un club de striptease, vestido con elegancia y unas gafas oscuras de diseñador. Las apariencias engañarán y ustedes me dirían que el gordo es el que deja pasar los autos, pero puede que no sea así. ¿Quién sabe? Ver para creer.

Habría que quitar todos los estereotipos, prejuicios antes de entablar cualquier tipo de comunicación, para asegurar una relación libre de asuntos ocultos o malentendidos. Mas aún, estos disfraces son los que causan que las personas se resignen a las mismas costumbres. Que si soy un estudiante adolescente, debo seguir mi rol de estudiante a la vez que me debo rebelar una vez a la semana, yendo a hacer lo mismo en un lugar muy similar después de recorrer el mismo horario académico de siempre. Que si soy una ama de casa, debo primero lavar la ropa antes de trapear el piso o arreglar las habitaciones. Que si soy un ingeniero, debo pensar, hacer cálculos y planear mucho como primer paso, sabiendo que aun así, todo puede salir mal. Nada es predecible y así debe ser la vida.
Sin costumbres o disfraces.
Incluso si haces lo que te gusta todos los días de tu vida, olvidarás cómo lo disfrutabas al inicio, porque la monotonía de la costumbre caerá sobre tí y suavizará considerablemente el placer que sientes por hacer algo. Incluso si aparentas ser quien quieres ser, te darás cuenta que estás vacío y no tendrás más en tu vida más opciones sino seguir muchas charadas cíclicas para mantener la imagen.
¿Cómo puedes reconocer la felicidad si siempre estás feliz?
¿Cómo darte cuenta de lo que eres cuando ves en el espejo a alguien predeterminado, moldeado?
La utopía más grandiosa de la humanidad en la que olvidamos los disfraces y nos deshacemos de las costumbres que nos atan a una existencia cegada y sesgada. La conclusión a la que llego después de un inusualmente desordenado escrito es esa. Realmente no interesa sino eso, dejar de pretender tanto por la apariencia como por los actos, repetidos que nos hacen a todos ver iguales.
El secreto está en arriesgarse por ser, hacer y vivir. No hay libretos, vestuarios; solo un escenario y tenemos la oportunidad de hacerlo nuestro, creando lo que sea que más querramos.
Sea bienvenida la verdadera vida.

domingo, 20 de octubre de 2013

Escondido

La larga serpiente de tonos verdosos se deslizaba por la hierba, pensando. Sí, podía pensar y recordaba muchas cosas.
Otra serpiente, más larga que sus congéneres, hermosa como ninguna que rehuyó de su presencia apenas tuvo la oportunidad.
Un príncipe que le quiso. Un príncipe que le acogió en su hogar como un ser humano más.
Una oportunidad. La oportunidad de vivir como una persona más.

Crítica a la razón impura

Échale un vistazo a aquella persona, siempre tan elegantemente vestida, tan culta y correcta. ¿Ves cómo actúa? Es educada y demuestra todos los valores que deben enseñarle a las personas en su hogar. Da orgullo verla mientras se ríe de las desgracias ajenas y hace comentarios sobre ellas como si se tratara de un día de mal clima...
-¿Será que ya puede dejar de llorar? Deje el show y empiece a comer. Para eso la invitamos, no para amargarnos el rato (En susurros a su otro compañero de mesa) No es como siempre lo hiciera...
Un espectador podría llegar a preguntarse, viendo la actuación tan impecable de aquella persona de la alta sociedad, ¿qué fue lo que le hizo la mujer que está presa en sus propias lágrimas para tener el honor de ser tratada de una manera tan privilegiada y única?
La respuesta correcta puede llegar a impactar y a dejar dudas en las mentes de los lectores, por su naturaleza perfectamente irracional e ilógica: Nada.
La mujer tan solo quería pasar un rato agradable con sus amigos, los cuales, al verla llorando luego de recibir una mala y triste noticia, no son capaces de entender por lo que está pasando y más aun, se limitan a criticar subjetivamente y con crueldad la actitud por completo natural de alguien que se siente impotente en algún momento de su vida.
Nadie desearía tener ese tipo de amistades cultas, inteligentes y amantes de la lógica que, tan pronto que ven alguna demostración de sentimientos, algún error cometido o desgracia acaecida, caen sobre la persona con el único propósito de hundirla aún más, de ahondar en lo malo, recalcando la vergüenza que les da lidiar con alguien tan ridícula como para llorar por un ser querido.
Porque al caído hay que caerle para que no se levante, ¿no? Extraño que sean aquellas personas tan sincronizadas con la razón y los algoritmos lógicos los que más practiquen esta afirmación dado que no hay forma acertada de argumentarlo sin riesgo a caer en axiomas e hipótesis improbables. Lo confirmo yo, un supuesto intelectual y culto personaje que jamás leyó la Crítica de la Razón Pura de Immanuel Kant, la cual (según creo y temo estar absolutamente equivocado) habla de la manera en que la experiencia y la razón en sí misma logran complementarse para hacer de cada ser humano lo que es, incluyendo su comportamiento, reacción frente a situaciones usuales y catástrofes. No soy precisamente un gurú en el tema... A decir verdad, no soy experto en prácticamente ninguno pero ese no es el punto aquí.
Sea como sea, una persona con la capacidad de razonar con la cabeza fría, tiene la habilidad de darse cuenta de los problemas de los demás, comprenderlos, ofrecer ayuda y demostrar algo de empatía, conexión con el fin de hacer sentir mejor a la otra persona sin incitarla a dar círculos alrededor del mismo asunto.
No obstante, son aquellas supuestas grandes mentes y pensadores actuales en las pequeñas sociedades los que menos hacen gala de esta capacidad. Se remiten a su razón una vez necesitan defender sus ideales pero la olvidan por completo cuando ven la oportunidad de criticar, ridiculizar y hacer sentir a alguien menos que ellos. En esos momentos se dejan llevar por sus educadas emociones que les incitan a hacer comentarios cuando no deben y de una forma incorrecta. Falta de tacto, imprudencia y la necesidad de ver a alguien peor que ellos para sentirse mejor son las guías de sus vidas, realmente carentes de cualquier lógica y razón.
¿Cuál es la necesidad de insultar, criticar y exaltar las peores cualidades de sí mismo con el mero hecho de comentar ácidamente la situación deplorable de alguien más?
Cabe aclarar que la crítica está bien y es beneficiosa, siempre y cuando se haga de la mejor manera, con la intención de mejorar a la otra persona, dando argumentos y demostrando la experiencia propia para enaltecer al otro, dejando de lado cualquier sentimiento errante y pútrido que afecte el verdadero razonamiento.
Claro está que esa no es la manera en que estos falsos intelectos actúan al acercarse a otra persona y es precisamente ese detalle el que soporta la teoría. De ahora en adelante se podrá llamar "razón impura" a ese hilo de pensamiento que utilizan muchas personas, quienes se creen abanderados del Siglo XXI y su desarrollo, para demostrar su superioridad sobre sus congéneres, resaltando más sus propios defectos que los ideados para otros.
No tiene lógica alguna que un grupo de gente que pretenda ayudar al desarrollo de una sociedad confíe en lanzarse críticas internas con las palabras menos adecuadas y de la peor forma como la más común forma de retroalimentación. No hay necesidad alguna de utilizar insultos o comentarios de mal gusto para expresar una opinión, que si está bien infundada, se argumenta por sí sola y calla al interlocutor de manera inmediata, haciendo que reflexione sobre la misma. Esa "razón impura" llena de prejuicios, primeras impresiones y suposiciones sirve únicamente para hacer críticas destructivas, las cuales van en contra de la evolución de cualquier comunidad. Es más sencillo evolucionar cuando los individuos colaboran en conjunto por ello mas que cuando se matan por ser mejores en vez de competir de manera amigable entre ellos.
He aquí entonces a un individuo sinvergüenza, descarado y algo imprudente que, a través de esta reflexión, concluye que la crítica se debe hacer de la mejor manera, utilizando las palabras adecuadas y en los momentos justos para que sea efectiva y beneficiosa. Sin embargo, hay momentos en los que no se necesita y lo que es más recomendable es entender y acompañar a la persona en cualquiera que sea su situación antes de lanzar juicios de valor u opiniones llenas de resentimiento y rencor.
De esta manera y siendo yo un crítico de primera, espero no caer en la misma bolsa que otros, dispuestos a hacer uso de la "razón impura" para alcanzar objetivos materiales y llenar su vacía vida, y los cuales siendo capaces de escribir de la misma manera que yo, lograrían escribir un texto argumentativo refutando este, como se esperaría que hicieran, una vez se identifiquen subliminalmente con él.
Finalmente, una advertencia. Piensa objetivamente y sin reparos antes de hablar y así evitarás caer en el abismo de la ignorancia por omisión como la mayoría de los críticos de gran inteligencia hacen al encontrar la oportunidad perfecta de opinar. No tendrás que preocuparte más por aparentar ser inteligente si lo demuestras con tu forma de razonar y tratar a los demás. Y olvídate de una vez por todas de la "razón impura".

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Schokolade

Todo empieza cuando debe pero no sé por qué todo termina de un momento a otro.
Comienza con un comentario estúpido y para nada atractivo. Todo es diferente y las nuevas personas cambian la perspectiva. Pero yo escondo más de lo que debería. Si todo estuviera planeado en una vida alterna...
Tiempo. De ese que no importaba mucho hace unos meses. Del que me había olvidado y había dejado ir. ¿Para qué me lo pides? No soy nadie. ¿Me conoces?
Compartir experiencias con alguien que no debes, que es solo otro de esos rompe-corazones sin alma que la Tierra escupió un horrendo día.
Saltando de flor en flor como un maléfico pero encantador colibrí, así es como vive la persona a la que no le cobras renta.
Es como convivir con el enemigo disfrazado de pretendiente...
Valentín. ¿Sabes qué significa eso? No, no lo sé (o al menos pretendí no saberlo).
Un regalo que no dañará a nadie y se podrá ocultar fácilmente. ¿Por qué no compartirlo con el mundo exceptuando aquel quien no pone atención? Buena idea.
Sé que debes querer besarme y no puedo permitirte hacerlo. ¿Quieres saber por qué? Ese maldito secreto que no debería serlo, que por otra persona lo es. No soy tan libre como parezco... pero soy un descarado y coqueteo con la mitad de las personas, tan pronto me doy cuenta que son atractivas.
¿Estás de acuerdo con eso?¿Te das cuenta que te topaste con uno de los peores partidos de la historia?
Nadie en sus cabales podría aguantar un golpe tan bajo como ese. Una ilusión literal de una persona, una imagen de un espejo oxidado y roto.
No pidas disculpas por reaccionar de una manera tan natural frente a una catástrofe humana como yo.
¿Por qué tratar?¿En serio quieres hacerlo?
No sabes en lo que te estás metiendo y agradezco ahora que hayas salido a pesar de todo.
NO PUEDO o mejor dicho no debería hacerlo. Dejemos que todo fluya como "debe". Que el destino tan hermoso que siempre me huye me confunda y me encuentre con su gemelo malvado.
Podemos pretender que las horas, los escasos momentos, son mejores de lo que realmente son. Actuemos y hagamos de cuenta que todo puede ser mejor.
De cualquier modo, nunca estoy solo y la Muerte no vendrá por mí tan pronto como parece.
Tantas cosas que se pueden encontrar en común con alguien...
Pero no nos dejemos llevar por ellas. "No espero mucho de esto".
¿Por qué me das tanto de tí mientras que muchas personas no lo darían? No soy el correcto, para tí ni para nadie. Solo soy un fantasma sin rumbo...
Desinteresado con D de... No sé qué pensar. Las comparaciones son tediosas...
Apúrate, el tiempo se acaba y las oportunidades caducan. ¡No te afanes por mí! No vale la pena.
Cierra los ojos que tengo una sorpresa para tí. ¿Sorpresa?¿Cerrar los ojos?¡Claro que no! Tengo que ver a quién le hago daño...
Olvidemos el episodio y volvamos al momento en el que todo parecía funcionar, ¿te parece?
Amnistía para todos.
Entra, vive acá y no pagues renta. Chocolat. Schokolade.
No agradezcas.
Danke? Arigato? Thanks?
¿Importa el orden en el que narre las cosas? Al final, será el final y el principio estará donde debe estar.
Encuentros casuales, charlas no tan casuales...
El reloj está en contra de nosotros pero el pícaro y malintencionado destino consigue juntarnos en algún momento.
Ocupado en tus cosas. Por eso me ignoraste.
(Tenía miedo de verte) No es que seas alguien que pase desapercibido...
No importa. Mañana.
Todo pasó tan rápido y fue agradable. Más cosas en común pero ¿acaso importa? No tienes ninguna oportunidad conmigo. Mientras tú tratas te llamar mi atención, yo no me rindo y peleo por una causa prácticamente perdida...
Te acordaste. No me olvidas.
Es bonito saber que la gente lo recuerda a uno.
100/100. Buzón de entrada lleno. Borrar mensajes.
Leo. Tomaste la mejor decisión. No te hago ningún bien. No suelo hacer bien a las personas. Soy uno de esos superhéroes secundarios, que solo están para soportar al principal y que cada vez que intentan hacer algo bueno, no hacen sino empeorar las cosas. No intentes nada aunque sea benigno por tu cuenta...
Perdóname por herirte. Eres una gran persona. Soy yo el que debo decir "Lo siento".
(It means I can't stand looking at your eyes)
Vuelve a los días en los que tenías oportunidad de encontrar a alguien que se enamorara de tí, de tu sonrisa y de tu mirada.
Vielen Dank. Es ist ein köstlicher Schokolade.
(Ich spreche kein Deutsch).


sábado, 20 de julio de 2013

Mascarada. Entrada C

Ya estamos a salvo. Angela y yo. Hemos conseguido más de lo que nos proponíamos. Intuía una gran parte de lo que nos esperaría en ese lugar pero siempre se pueden esperar sorpresas cuando se lidia con esta desquiciada organización.

Una vez pude llevar a Angela a la Biblioteca de la Historia, busqué allí con detalle y dedicación cualquier información que pudiera darme indicios de la verdadera función de ese y otros lugares que el Gobierno cuida con celo. Encontré entre los archivos, la ubicación de otra biblioteca apoyada por el Gobierno, la cual se elevaba ostentosa en un barrio rico del norte de la ciudad. Después de asegurarme que la historia escrita no me daría más pistas sobre el poder de mi enemigo, me dirigí junto a Angela a esa biblioteca de seis pisos y nombre Hiden. Al llegar a ella, le permití a mi amada acompañante que paseara entre los estantes de los libros maravillándose ante títulos que yo estaba seguro ella ya había leído. No había nada de qué asombrarse, ya que los experimentos de Renata habían afectado seriamente su memoria (Algo que agradezco pero que repudio a la vez).

Tenía entendido que ese edificio guardaba una gran cantidad de conocimiento e intuí que había algo en especial que protegía con inusual cuidado. Examiné entonces cada resquicio entre los estantes, cada puerta y cada mesa de lectura. Cualquiera de ellas podría guardar información primordial para capturar a quienes habían hecho daño a Angela y a...
No estaba solo. Había llamado a unos de mis más dedicados y allegados compañeros en la lucha contra la opresión. Ellos se encargaron de engatusar a los trabajadores de la Biblioteca que nos dieron acceso a las áreas restringidas al público.

Me encontraba inspeccionando las cámaras traseras de la Biblioteca, donde almacenan el material sin clasificar nuevo y el inventario de reserva de libros cuando descubrí una pequeña anomalía. Esta sala se extendía hasta el cuarto piso, lo que sugería que los otros dos pasaban por encima de ella, hecho que se contradecía con que todos los pisos de la Biblioteca terminaban en un callejón sin salida al encontrarse con la pared frontal del almacén. Existían entonces dos posibles causas para que esto ocurriera: Se podía acceder a otras cámaras traseras desde otro lugar en el quinto o sexto piso o los dos pisos superiores eran más estrechos que los cuatro primeros.
Salí entonces de la Biblioteca y me enfrenté a ella. Tal como me parecía, desde cualquier ángulo, la edificación se veía regular y rectangular sin ningún bloque faltante en la parte posterior que confirmara mi segunda teoría.

Emocionado por mi descubrimiento, regresé al edificio de nuevo y subí al quinto piso, que recorrí hasta el callejón sin salida en la parte trasera. Me incliné sobre el muro de ladrillo que cerraba el paso, esforzándome por dar con algún interruptor u orificio oculto. Después de reconocer mi fracaso en la búsqueda, examiné los estantes, libro por libro sin encontrar nada extraño. Me disponía a continuar con mis pesquisas en el sexto piso, sintiéndome desanimado y algo estúpido por haber subestimado al déspota Gobierno de la ciudad pero decidí entonces tantear el suelo. Agachado, seguí con las puntas de los dedos los surcos en la madera que recordaban los que habían tenido los árboles antes de ser talados. Pensé que sería algo desgraciado terminar así, en el suelo, donde todos pasarían por encima tuyo sin detenerse a pensar en tus sentimientos. Se asemejaba a la trama principal de cierto libro, donde una mujer ya fallecida veía como sus amigos y familiares desfilaban por su lecho de muerte diciendo aquello que en verdad sentían, ignorando por completo su presencia.

-¿Qué haces?- una voz femenina interrumpió mis particulares analogías. Me levanté lentamente y me di la vuelta, encontrándome con Angela. Le respondí con ternura:
-Pensé que había dejado caer algo.- le sonreí con sinceridad mientras mi intuición me prevenía de un peligro latente. ¿Qué ocurría?
Me devolvió la sonrisa sin preocupación antes de decirme:
-La curiosidad mató al gato y yo no deseo que mueras.
Avanzó hacia mí mientras yo me preguntaba por qué se había referido a mí como el Gato, cuando ella no recordaba nada de mi trayectoria...
-¿Te pasa algo?- interrumpió nuevamente y me tomó la mano con la que había estado tanteando el suelo.
-No, no ocurre nada.- la miré evaluando la situación para dar con una excusa que me permitiera subir al sexto piso.
-¿Nos iremos entonces?- inquirió con un gesto de expectación en sus finas facciones.
-No, aún debo ver un libro que está en el último piso. ¿Me esperarás aquí?
Pareció quedar desconcertada con mi respuesta pero rápidamente se recupero, me sonrió y no pude evitar acercarme a ella, besándola con lentitud y brevedad en la boca.
-No te preocupes. ¡Ya regreso!
Tuve la impresión de que quiso detenerme pero no se movió.
Subí al piso superior y me dediqué por segunda vez a buscar una puerta oculta. Nada en el muro ni en los estantes por lo que me dirigí al suelo. Antes de haber examinado un palmo de la madera del suelo, alguien exclamó a mis espaldas:
-Conque esas tenemos.
Me levanté y giré de un salto, encarándome con el emisor de la voz en apariencia desconocida. Me embistió antes de que pudiese reconocerlo y me sostuvo los brazos detrás de la espalda. Intenté defenderme con las rodillas pero sus piernas inmovilizaron las mías y su cara se alejó cuando percibió mi intención de golpearle en la frente con la mía.
-¡Mira a quién intentas herir!- me advirtió, obligándome a mirarlo a la cara. La visión de su perfecta nariz, sus labios en apariencia suaves y rosados, sus ojos castaños y su mandíbula poco definida me golpearon con una fuerza abrumadora.
-¡Tú!¿Qué haces aquí?¡Pensaba que estabas encerrado!
-¿Y no pensabas hacer nada para rescatarme?
De nuevo, mi instinto me alertó sobre un mal desenlace pero hice caso omiso al ver la rabia que destilaban sus ojos. Sin pensarlo dos veces, me acerqué lo suficiente para que entendiera mis intenciones. En un arranque de furia, me besó con afán y sin detenerse. Nunca me había imaginado de esa manera el primer beso pero me rendí al sentir una felicidad ineludible que solo dejaba espacio en mi mente para sentir sus labios sobre los míos. Le conté lo que había sufrido esperando su regreso, lo que había perdido intentando encontrarlo. Le hice saber lo que sentía al haberlo traicionado y le prometí en el beso que nunca más lo volvería a hacer. Sin embargo, mi sexto sentido me informó del daño al que lo había expuesto tan pronto como él se apartó de mí bruscamente y me espetó:
-La besuqueas a ella y ahora me seduces a mí. ¡Eres abominable!
Su reclamo me dejó paralizado y no conseguí hacer nada mientras él me observaba con una histeria creciente. Me soltó y salió corriendo sin darme oportunidad de detenerlo.
Desolado y frustrado, me recosté sobre la pared y me resbalé con suavidad. Los hombres no lloran, ¿por qué lo habría hecho yo? Procurando distraerme, toqueteé el suelo y encontré sin intención una grieta, poco natural en la sólida madera de roble, que llamó mi atención durante un buen tiempo antes de que volviera a escuchar pasos cercanos.
-¿Enmascarado?¿Dónde te habías metido?- inquirió Angela al dar conmigo en el suelo del sexto piso. Intentando recomponerme y asombrado por la pregunta, me apoyé con la mano derecha sobre la madera brillante. Me resbalé y para sostenerme introduje los dedos en la grieta en el piso. Un sonido ahogado de un mecanismo invisible rompió el silencio. Angela se apuró a levantarme y alejarme de la pared.
-¿Qué ocurre?- suspiró ella a mi oído.
La pared sobre la que había estado recostado tembló unos segundos y se abrió por la mitad, revelando una amplia habitación que parecía abarcar también el piso de abajo. Tanto Angela como yo quedamos estupefactos ante tal descubrimiento. Escudriñé nuestro alrededor asegurándome que estábamos solos, le hice señas a Angela y con cautela, olvidando el episodio del beso, ingresé al recinto oculto.

La puerta descubierta por el interruptor daba a una amplia habitación que parecía abarcar también el piso de abajo. Tanto Angela como yo quedamos estupefactos ante tal descubrimiento. Escudriñé a nuestro alrededor, asegurándome que estábamos solos.
No sabía que esperar. Ésta entidad era célebre por ocultar los más repugnantes e indignos secretos. Lo que había dentro bien podría sernos útil o hacer toda nuestra búsqueda allí, una pérdida de tiempo. Con la mayor esperanza, caminé hasta el centro de la sala, similar a una biblioteca privada y me topé con una serie de instrumentos que no reconocí pero asocié con los experimentos retorcidos que Renata había practicado en mi dulce Angela.
Al lado de aquel intimidante conjunto de máquinas, había una escalera de caracol. Reluciente y compacta, parecía atraer a todo a quien entrara, invitando a que bajase por los peldaños rígidos de caoba. Hice entonces, junto a Angela, lo que la escalera quería al parecer que hiciéramos y al alcanzar el último escalón, un sentimiento de alarma atacó mi ya acelerado corazón. En una cama semidoble, una hermosa muchacha de cabellos oscuros y ondulados descansaba en lo que parecía un profundo sueño. Sus suaves y esbeltos rasgos estaban tintados de un color inusualmente blanco, a excepción de su boca, roja como la sangre y los pétalos de una rosa.
A la derecha de la cama, el aparato que le dispensaba suero contaba los segundos que pasaban mientras que el respirador se encargaba de los minutos. Ese detalle me lanzó a la carrera hacia ella. El suero que entraba en su brazo era anormalmente opaco y el compás al que se movía el respirador se hacía más lento cada vez. Arranqué con delicadeza la aguja de su cuerpo y palpé innecesariamente su cuello en busca de su pulso. Estaba débil y parecía en realidad inútil que intentáramos salvarla. Miré sus ojos cerrados, sus largas pestañas y cejas definidas. ¿Quién podría pensar que alguien como ella debía morir?
Estaba seguro que el suero que le había sido suministrado estaba envenenado y mi intuición me decía que había algo en la habitación que contrarrestaría de manera eficiente su acción nociva. Angela se acercó con timidez y observó a la chica con una curiosidad que pocas veces había visto en su rostro. Alargó su mano derecha al brazo de ella y lo sostuvo ahí durante un largo minuto, en el que cerró los ojos e inspiró con profundidad. Al terminar su meditación, abrió los ojos y dijo con voz grave:
-La muerte está cerca, pero tú y yo podemos salvarla.
Sin darme tiempo a reaccionar, tomó una jeringa y se extrajo una considerable cantidad de sangre. Intenté deneterla pero su mirada me lo prohibió. Buscó en el brazo de la joven una vena visible y realizó la transfusión rústica antes de decirme:
-Es un veneno que afecta al sistema nervioso de la misma manera que muchos de los medicamentos y máquinas que utilizaron conmigo. Mi sangre le ayudará a defenderse de los neuro paralizadores, pero no es suficiente. Necesito que defiendas tu mente de inclusiones externas intangibles.
¿Cómo podría un ser humano tan común como yo aguantar tales sorpresivas revelaciones en tan poco tiempo?
No había sospechado que Angela ya había iniciado a recobrar su memoria. Pensé en preguntarle qué tanto recordaba pero hacerlo hubiese abierto la posibilidad de que rememorara ciertos episodios que le dañarían sin remedio alguno. Yo no podía ni quería hacerle daño.
Con la destreza de una buena enfermera, Angela se aseguró que su sangre era recibida en el torrente sanguíneo de la desconocida mientras yo me esforzaba por entrar en su mente y defenderlas a ambas. Una potente conexión a distancia que esa chica mantenía con un joven, me alertó pero no logré contactarle. Mi esfuerzo dio frutos cuando la presión que ahogaba a la chica desapareció con lentitud y su respiración se tornó acompasada y relajada. Un aliento de vida fue el que dio en ese momento la rehén de la Biblioteca.
Tenía que sacarla a como diera lugar. El aura misteriosa que llevaba me dio la impresión de que ella era demasiado importante para dejarla ir sin protección. Contacté con rapidez a mis camaradas para que se hicieran cargo de trasladar a la débil mujer a un lugar seguro. Yo me quedaría con Angela buscando cualquier cosa que pudiera sernos de utilidad.

Temía y deseaba que él volviera. Añoraba verle de nuevo pero quería escapar de las consecuencias que podría causarme el haber besado a Angela. Le había vuelto a hacer daño, no importaba si era a conciencia o no. ¿Me perdonaría? Si no lo hacía, bien podría ir a buscarlo al propio corazón de la maldad para rogar por su alma de la misma manera que Orfeo descendió al Inframundo por su amada Eurídice.
De pronto estaba errado y el beso que me había dado era la forma más detestable que había encontrado para despedirse. Es posible que no me quisiese como yo le quería y que mi reacción solo hubiera reafirmado su decisión de alejarse en definitiva de mí. Yo estaba tan seguro...

Imitando al famoso Sherlock, intenté ligar entre sí los hechos, los objetos y las situaciones que había presenciado. Habían dejado a la chica allí para que muriese, ya que les había dejado de ser útil. Este era el punto extremo de la deshumanización. Para esa entidad, las personas no eran más que medios, no un fin como sabiamente dijo Immanuel Kant. Así habían utilizado a Angela, así lo utilizaron a él y así habían sacado provecho de la mujer presa sin compasión.
No había nada en aquella biblioteca oculta que asegurara la veracidad de mi teoría. Los instrumentos desconocidos me producían una gran incomodidad pero los revisé, pretendiendo saber su utilidad. Al poco tiempo, Angela dio con una placa oculta entre las sábanas de tonos rojizos. "Sujeto A" era lo único que decía esa macabra pieza regular de metal. El objeto debía pertenecer a la chica y era el nombre clave que le habían dado de acuerdo a su habilidad que yo desconocía.
Revisamos una última vez aquella habitación escondida y no había nada más que pudiera descartar o corroborar mis suposiciones. Ya se habían llevado a la muchacha y tenía la sensación que alguien me agradecía a distancia por su liberación. Angela se encontraba anonadada y yo no lograba conocer la razón. Su largo cabello castaño ocultaba su cara mientras revisaba el suelo frente a la entrada escondida. Si buscaba algo en específico, no lo encontró. En cuanto salimos del edificio, echó un vistazo por encima del hombro, con preocupación.

-¿Qué ocurre?- le pregunté con gentileza.
-No lo sé. Siento que un detalle se nos ha escapado pero no logro concebir qué pudo haber sido.
-No te preocupes. Les diré a mis compañeros que revisen ese edificio por completo en busca de cualquier pista.
-No, no es una pista. Es algo más. Es un peligro que lo hayamos pasado por alto. Se escapa de mi mente. Se oculta. No sé lo que es, enmascarado.
Medité durante un momento mientras nos dirigíamos al apartamento en un auto con uno de mis camaradas.
-Ya veremos. Si dices que es una amenaza, sabré de ella antes que llegue.
Mi afirmación pareció tranquilizarla. Nos bajamos del auto frente a nuestro edificio, nos despedimos de nuestro acompañante y subimos con calma a la habitación que compartíamos desde hacía dos días.
Angela seguía algo tensionada así que le sugerí que tomara un baño mientras yo aprovechaba el tiempo para escribir esta entrada. Me pregunto aún qué ha sido de él. No comprendo en absoluto su intención de molestarme y tampoco entiendo las razones por las que olvidé buscarlo en la Biblioteca, luego de salir de aquella habitación oculta. ¿Sería su presencia la que percibía Angela como una posible amenaza? Para mí, jamás lo sería y eso se explica en la forma en que mi intuición lo dejó pasar. No obstante, no puedo asegurarlo. Odio vivir en este mundo plagado de dudas, suposiciones y conjeturas que nunca llegan a ser cien por ciento correctas hasta que los hechos te golpean en la cara, como una bofetada.
Creo que ella ya ha salido del baño y se arregla en la habitación. Es tiempo de terminar con este escrito. No deseo que ella se dé cuenta que escribo para alguien que considera su enemigo. Para aquél que batalla por mi lealtad. Perdóname por lo ocurrido. Jamás fue mi intención herirte más pero hay muchas lecciones que debes aprender antes que pueda volver a tratarte siquiera. Sé libre y aprende lo que debes mientras puedas. La libertad es una utopía y mas para alguien como tú, que quiso atarse a tantas cosas. Hasta una próxima ocasión...

¿Sería capaz de enviarle alguna vez este diario, estas entradas a quien se las había escrito? Aunque tuviera la valentía para hacerlo, no tenía una dirección, electrónica o en la ciudad, para enviárselas. No tenía idea donde se encontraba. Lo mejor era guardarlas para mí y entregárselas personalmente, en cualquier ocasión que se presentase. ¿Para qué quería que supiera lo que yo hacía? No era una obligación moral de ninguna forma que yo le contara pero deseaba hacerlo. Como si escribirle sin contacto alguno sobre mis anécdotas, no hiciera nada más sino acercarle a mí.
Apagué el computador y esperé con calma a Angela. No sabía cuáles eran mis intenciones pero tenía que hablar con ella.
Esperando a que el destino me dijera que debía hacer. Cómo debía proceder. Había encontrado a aquella inofensiva chica tan fácil que turbaba la poca tranquilidad que tenía. Además tenía siempre que proteger a mi amada.
-¿Qué haces?- dijo con interés Angela al verme sentado observando con atención el cielo.
-Pensando... en tí.
Rió al escuchar mi respuesta. No se burlaba. Le hacía gracia saber que era verdad y su dulce risa inundó por un momento de esperanza la habitación.
Se dirigió hacia mí y se sentó en mis piernas, abrazándome con ternura. El débil calor de su cuerpo me acogió y reconfortó con inusual efectividad.
-¿Qué haremos ahora?- inquirió con curiosidad más que con premura.
La temida pregunta, en su boca, pareció tornarse hermosa, como una rosa con muchas espinas a la vista.
Una amenaza, un peligro que venía hacia nosotros, con rapidez y astucia. Sentí que debía protegerla aunque también comprendí que yo caería en aquella trampa.
-Escondernos. ¡Rápido, Angela! Entra aquí.
Saltó de mi regazo y yo me puse de pie. Abrí la entrada a una especie de ático que tenía aquella habitación y le tendí la mano para ayudarle a subir. Sin perder tiempo, se encaramó en la mesa del computador y finalmente, a ese falso techo.
Yo, por mi parte, me escondí detrás de una biblioteca y una falsa pared después de asegurarme que Angela quedaba cubierta. Como todas las propiedades de la resistencia, este apartamento estaba equipado con escondites secretos. No bien hube asegurado la falsa pared, escuché alguien irrumpiendo en el lugar.
Revisaban todo resquicio como si supieran de la presencia de alguien que les interesaba. Por un orificio entre la pared que me cubría y la biblioteca, logré observarlos. Eran agentes del Gobierno como los que fueron en busca de los hermanos talentosos a los que yo pretendí proteger en aquella casa hacía muy poco tiempo. Durante más de media hora, levantaron las colchas de las camas, buscando bajo ellas y en su interior, tumbaron los armarios sin encontrar a nadie dentro ni detrás e intentaron ingresar a la información del computador, sin éxito alguno. En su frenética búsqueda, hicieron caso omiso varias veces de la biblioteca hasta que un agente, que al parecer acababa de ingresar, la empujó, dejando a la vista un resquicio en la pared, que los otros se apuraron a inspeccionar. Podía sentir que ellos no eran la verdadera amenaza pero intuía que me encontrarían de todos modos. De repente, se presentó en el umbral de la puerta, con un vestido rojo que no sugería que fuese quién dirigía a los agentes. Renata, con sus peligrosas piernas a la vista y una pequeña pistola atada a un brazo. Caminaba con gracia, junto a un hombre maduro, que le susurraba a toda prisa información que no alcancé a escuchar. Ella se limitaba a asentir con la cabeza mientras sus ojos recorrían con audacia todo el recinto. De un momento a otro, todos los agentes se quedaron quietos al percatarse de su presencia. El que se encontraba junto a ella, salió corriendo por la puerta por la que había ingresado hacía unos minutos y ella se quedó sola, en la mitad de la habitación, con el porte de una verdadera emperatriz. Allí, se limitó a decir en voz alta:
-Quienquiera que esté escondiéndose en este apartamento, debe salir ahora mismo.
Su voz, cargada de persuasión y fuerza me aterrorizó mientras pensaba en Angela. Quería decirle telepáticamente, que no saliera de su escondite, que se quedase. Que no se dejara asustar por la imponente figura pelirroja en medio de todos esos agentes. "¡No te dejes de ella, Angela!" gritaba en mi interior. Me ví a mí mismo, corriendo la pared falsa y caminando hacia Renata.
No quería hacerlo pero era su poder, ese que intuía como una gran amenaza, el que me instaba a salir, exactamente como ella había dicho.
-Que gato tan curioso.- comentó Renata al verme salir.- Quédate quieto allí por favor.
-No soy curioso.- respondí con furia al sentir que mis extremidades se entumecían.
-Guarda tus garras para herir a alguien que sienta miedo de tí.- me dio la espalda y dijo nuevamente a todo el apartamento- ¿No hay nadie más que se esconda? Salgan ahora mismo.
Yo rogaba porque Angela no saliera. Porque algún capricho del destino le diera a Angela el poder de resistirse ante la influencia de aquella voz y sus órdenes.
-Dime, querido felino, ¿tenías compañía en tu escondite?- me preguntó con sorna.
Intuyendo que debía recordar los días anteriores al rescate de Angela, con la esperanza de que respondiera negativamente, esperé a que su poder hiciera efecto sobre mí y me hundí en la soledad de aquellos días.
-No... que me acuerde- escuché decir a mi boca.
Renata sonrió despectivamente y ordenó a sus hombres que desistieran. Que nadie más había por allí.
Lamenté tener que abandonar a Angela para salvarla pero me esforcé en ocultar su recuerdo en mi mente.
-Ven conmigo; tu lealtad es mía ahora.- afirmó Renata mientras me invitaba a salir del apartamento y me alejaba cada vez más de Angela.
-No puedo resistirme pero no creo que esté de más negarme. Jamás tendrás mi verdadera lealtad, "Doctora" Renata.
-Ya veremos. Serás para mí como la mascota que nunca tuve.- dijo riendo con burla.
-Sube al auto. - me ordenó una vez habíamos salido del edificio.
No sabía qué sería de Angela. Esperaba que lograra comunicarse con la resistencia y salir de allí sin contratiempos. Me convencí de que la protegí lo más que pude. Ahora solo dependía de ella salvarse.
Había fracasado en mi intento por vencer la organización de la que hacía parte Renata y estaba a merced de ella. Ojalá otros pudieran terminar lo que yo no fui capaz. Subí al auto y me despedí de Angela y de él. El ángel que guardaba mi alma y el fantasma que me lastimó con un beso.

martes, 14 de mayo de 2013

Pensamientos

No deberías pensar en las noches oscuras que el enfado nubla tu mente.
Sería aconsejable no pensar cuando la tristeza fluye por tu alma como un arroyo.
Apropiado es que pienses cuando el sol interno ilumina tu horizonte.
No escribas cuando la fatiga emocional carcome tu alma.
Digitar cuando la mente está en pena es una condena.
Peor será lo que tu cerebro producirá.
Escribir no es el fin.
Ni el inicio.
Redactar feliz es una utopía infeliz.
Pensar con euforia es un arte adivinatoria.
Rimar con presteza es como reír con destreza.
La ignorancia alentadora es también tu peor conocedora.
Lógico es lo que no debe ser e ilógico lo que también debe ser.
La felicidad que llega por una suerte buena se va en una apuesta buena.
Coherencia y cohesión, como dos ángeles, al lado de su compañera la ilusión.
El olvido es tu único amigo y la literatura y la escritura, tus enemigas innatas.

domingo, 3 de marzo de 2013

Superhéroe

Estoy despierto. De pronto no más o mejor que nunca pero al menos lo estoy. Escribo esto porque entiendo perfectamente lo que quiero escribir. Estoy cansado pero no lo suficiente para lanzarme al mundo de los sueños. Solo sé lo que quiero. Quiero ser un superhéroe.

Harto de intentar ser un buen adulto quiero regresar y volver a ser un buen adolescente y un buen niño. Uno de esos muchachos inocentes en lo que de verdad importa y no en los asuntos secundarios "corruptos". Sé que quise saltarme esa etapa pero no puedo ni podré jamás negarla. Quiero ser un superhéroe.

Quiero ser alguien. No quiero ser alguien importante. Solo quiero ser alguien bueno. Ese tipo de personas que todo el mundo se enorgullece de presentar a sus amistades, familiares y amores. Deseo ser lo que llaman una persona de bien, que logre dar todo por todo el mundo y que su corazón sea más grande que su mente. Quiero ser responsable y dar a todo y a todos el tiempo y dedicación que se merecen y mostrarles lo mejor de mí. Anhelo ser mejor de lo que fui y de lo que soy por el bien de todos. No quiero ser mejor que nadie más que yo mismo. No quiero pasar por encima de nadie, solo aspiro corregir mis errores y ser una de aquellas personas que todos agradecen a la vida haber conocido. Deseo ser perfecto en el sentido más humano imaginable.

Quiero volar en las mentes de quienes me quieren y defenderlos de cualquier demonio interno que los pueda atacar. Quiero trepar por las paredes de sus pensamientos y estar allí, como un vigilante, ante cualquier amenaza que pueda darse dentro de ellas. Anhelo ser super humano y lograr vencer cada villano que ataque la alegría de todo a quien conozca, que afecte su sonrisa o apague su ánimo. Quiero ser super fuerte y levantar aquellas cargas pesadas que los otros no logran levantar por sí solos. Ansío correr a la velocidad de la luz por los pasillos llenos de maliciosas impresiones y salvar a las buenas ideas de perderse en la mente de todos. Deseo arriesgarme por otros, por alguien, por ustedes, por mí, por tí. Quiero poder regenerarme y así sacrificarme, dejar todo mi orgullo atrás y convertirme en un escudo, una defensa viva que se encargue siempre de luchar por  los demás. Aspiro ser algún día un superhéroe.

Pretendo ser su superhéroe. No solo el de quien lee este escrito sino de quien me conoce, me conoció y me conocerá. Pretendo ser el superhéroe de la única persona que no quiere un superhéroe. Pretendo ser el superhéroe de aquellos que no creen en ellos. Intento ser aquel que muchos rechazarían ser. No pretendo buscar reconocimiento, ni fama, ni dinero; solo procuro el bienestar de la mayoría. No tengo poderes pero quiero ser un superhéroe. No soy constante pero anhelo hacer esta vida más justa. No soy fuerte pero trato de aguantar por el resto. No es una resignación, es un objetivo, una meta, un propósito.

Soy inocente. Aún creo que siempre todo puede ser mejor y más que eso, estoy seguro que yo puedo hacer algo para que lo sea. Si soy un superhéroe, nada me detendrá en mi búsqueda por hacer el bien. Si lo soy, podré salvar las alegrías de muchos. Si lo soy, podré asegurar la felicidad de otros. Si lo soy, podré garantizar la seguridad de todos. Si lo soy, habré encontrado el sentido de mi vida.

No obstante, no soy un superhéroe pero ¿quién dijo que no podía serlo? Si puedo vencer a mi peor enemigo y el villano más obstinado que conozco (yo mismo), ¿por qué no podría enfrentarme a los rivales de mis seres cercanos? Una parte de mí fue un villano pero ahora soy un superhéroe y sé como se comportan de primera mano mis adversarios. No hay razones válidas para que no pueda ser un superhéroe y salir exitoso en el primer intento.

Quiero ser un superhéroe porque alguien me dijo que no quería un superhéroe. Quiero ser un superhéroe porque alguien me enseñó como serlo. Quiero ser un superhéroe porque alguien me mostró que tenía la fuerza para hacerlo. Quiero ser un superhéroe porque alguien me explicó la manera de vencer a mi propio villano. Quiero ser un superhéroe porque alguien me reveló que la vida no es justa. Quiero ser un superhéroe porque alguien me hizo percatarme que deseo serlo. Quiero ser un superhéroe porque soy inocente, bueno, inteligente, obstinado, sensible, honesto y más importante aun, porque no necesito tener más superpoderes para serlo.