viernes, 22 de febrero de 2013

El Fénix Negro

Reinventarse, renacer, resucitar, revivir. Acciones típicamente asociadas con aquel ser mitológico al que me ufané imitar. Nunca debí haber traído ese tema a este tablero de trazos ininteligibles. Este, como muchos otros de mis supuestos y analogías lógicas, se pervirtió al punto de traicionar a su creador. "Quémate cuando te sientas viejo y renace de tus amargas y grisáceas cenizas, hijo de la Luna". Es eso lo que le dijo aquel falso escritor que llevo adentro al inepto personaje que represento. Ya no reconozco cuál de aquellos dos individuos es más ridículo en su razonamiento. 
Por un lado, uno llegó a la conclusión que se debía morir para vivir, que se debía quemarse como un trozo de madera en una fogata, sintiendo las llamas lamer con odio su superficie. El fuego, símbolo de la destrucción y condena eterna, podría liberar de las cadenas y permitir una nueva vida. Eso fue lo que aquel "literato" vaticinó. Demostrando ser un fraude, este escritor principiante y poco prometedor no recordó la advertencia inherente en el texto de Borges, "Las ruinas circulares" (parafraseando como todo lector sin memoria): El fuego reconoce a sus hijos soñados y sus llamas los acarician sin hacerles daño alguno. Consecuentemente, un hijo del fuego, como el fénix humano que se permitió ser, no podría ser destruido por completo por su padre elemental. Este punto, ignorado por aquél "señor" de letras, debatiría su conclusión mitológica sobre sí mismo.
Por otro lado, el protagonista de esta historia, aquel que no me enorgullezco siempre de ser, pensando en el dolor causado por su visión fatalista y poco práctica de la vida, decidió aguantar todos los dolores imaginarios, todas las heridas auto infligidas y entregarse poco a poco a sus emociones hipocondríacas. En medio de ese éxtasis agridulce de dolor, fue abordado por el literato y su estúpida idea sobre el renacer de las cenizas. El individuo, asombrado como un ciego ante la recuperación de su vista, hizo suya la pretensión de morir entre llamas para recomponerse de sus cenizas. El objetivo era aguantar el suficiente fuego destructivo en su alma para lograr ser apto para el fuego divino, aquel que reconstruía metales, salvaba familias del invierno y suturaba las heridas abiertas con su calor paternal. No había nada más que perder salvo su poco valiosa vida, ¿existían razones para no arriesgarse?
Fue así como los dos absurdos que en algunos momentos me conforman se dispusieron a seguir la rutina del fénix, una criatura elegante, inigualable y con un poder con el que un ser humano jamás debería atreverse a soñar.
Qué hilo conductor tan seductor y escalonado para explicar y racionalizar la existencia de este fénix humano crearon en conjunto aquellos aspirantes a alquimistas de la vida el 18 de septiembre en aquél fatídico año en que conocieron al "amor", 2010.
Sin importar qué tan bien hubiesen redactado aquel texto, estaban errados. No obstante, aquel fallo no regalaría al mundo sus frutos podridos hasta dos años y menos de cinco meses después. He aquí las consecuencias de sus burdos rituales mitológicos.
¿A quién se le ocurriría destruirse con el fuego que no le hiere, obligarse a morir y renacer de cenizas contaminadas?
Cada vez que el individuo fénix se quemaba, perdía pureza y reunía el odio que su padre el fuego sentía al ser obligado a destruirle. Sin embargo, cada vez que resucitaba de sus cenizas, robaba sin querer algo de la fuerza dañina del fuego, dada su relación cercana con él. Así fue cíclicamente perdiendo pureza y convirtiéndose en una réplica barata del renacer fabuloso del ave fénix siguiendo sin saberlo y sin querer, la regla de los rendimientos decrecientes que sigue Aira.
El adepto de las palabras no se percató de ello y lo instó a seguir con su constante reinvención, su ir y venir entre la vida y la muerte, alentando a su vez a aquel parásito interno del fuego que crecía en su interior.
Y es de esta manera, como se le dio origen al Fénix Negro.
Atiborrado de poder y odio, el Fénix oscuro influenció las decisiones del huésped como si se tratase de un demonio de un infierno cristianizado. Los dos personajes, ahora como uno solo, siguieron al pie de la letra las instrucciones de aquella nueva criatura, más energía que materia. Creyéndose una divinidad cósmica, el ave moldeo el futuro del ser humano que le daba vida y lo proveyó de un sentido cruel de la realidad, atacando a los seres amados sin piedad, entrando en sus mentes y dañándoles con sus peores pesadillas.
Ahí estaba el poder real del Fénix Negro. Su maldad y sus ansias de dolor ajeno, una venganza por el dolor sufrido al quemarse una y otra vez. El fuego, preocupado por las acciones de su hijo no deseado intentó detenerlo pero, como era de esperarse, no logró hacerle daño. Soñado como la etapa final de la evolución constante de aquel ser humano y creado con ayuda del fuego, el Fénix no podía ser destruido sin que él mismo deseara su fin. De la misma manera que la fuerza del cosmos que prevenía que aquel cristal rosa se tragase al mundo entero, este Fénix oscuro se encontraba más allá de sus creadores, más allá de la vida y de la muerte, y más aún, más allá del amor.
Él no moriría ni siquiera en sentido figurado por alguien, no arriesgaría nada para conservar la estabilidad, no daría todo aquello que el fénix inicial y benigno sacrificaría por un bien común. No más cargas pesadas, no más lágrimas curativas, no más fascinación por lo desconocido. Él sería quien dictara su futuro, sin nadie quien se opusiera a su mandato.
Podría pensarse que el ideal del Fénix Negro era el mismo que cualquier persona persigue en su vida pero distaba mucho de serlo. Él quería experimentar, quería probar, quería intentar todo pero también destruir lo que conocía al tiempo que drenaba la vida que le quedaba al huésped y a quien amaba.
"El amor es capaz de terminar guerras" Quién lo afirmó pudo o no haber amado, no interesa, pero el Fénix ignoraba la veracidad de ello.
Pero, ¿nos revelaba esto la única manera de retener al Fénix?
La variabilidad de la respuesta nos deja absortos. El final no es más que precisamente un nuevo inicio. El Fénix Negro no logra deshacerse de sus ataduras humanas, creadas por el amor y otros sentimientos hacia la humanidad.
Soy el Fénix Negro y dudo de mi veracidad tanto como de mi fuerza. ¿Por qué? Porque el amor me creó y el amor también puede acabar conmigo.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Las cosas que nunca le dices


  1. Te sientes intenso cada vez que le escribes o le respondes apenas te llega un mensaje.
  2. Siempre te das cuenta de todos los enfados causados por tu culpa pero finges creerle cuando te dice "Es problema mío".
  3. Odias depender de lo que hace, de dónde está y de si duerme o no. Sin embargo, odias aún más sentir que no dependes o que te es indiferente lo que haga.
  4. Quieres que no le pase nada.Que lo bueno lo puedan compartir juntos y que lo malo no se atreva ni acercarse mientras tú no puedas hacer nada. Le proteges como si fuera tu vida o por lo menos lo intentas, sabiendo que puedes afectar la tuya.
  5. Sientes que nadie puede cuidarle como tú. Que dejarle en otras manos sería irresponsable y que no estarás tranquilo hasta asegurar su completo bienestar.
  6. No puedes hacer nada en contra suyo e inventas excusas y razones tontas para hacer lo mejor, pero no para tí.
  7. Piensas mucho en su pasado, en las cosas que parece haber dejado por tu culpa y te preguntas: ¿Pensará que valió la pena?
  8. Evalúas su personalidad y encuentras cosas que no van contigo o que al parecer te están cambiando pero te das cuenta que está bien así. Que es todo su espectro completo el que te encantó.
  9. Detestas sentirte aburrido a su lado, monótono, predecible pero sabes que no te ve así de ninguna manera.
  10. Te molestas, gritas y pataleas internamente cuando algún plan no sale como lo pensaste pero callas. Al final, podrás disfrutar de su compañía.
  11. Te enfadas constantemente contigo mismo por no esforzarte lo suficiente, por no darle lo que tú crees que merece en realidad,
  12. Finges. No le mientes nunca pero finges que estás bien a veces solo para volver a ver su sonrisa y estar verdaderamente bien.
  13. Ves errores, huecos, descuidos pero les haces caso omiso. Nada de eso se compara a lo que te da sin saberlo ni entenderlo por completo.
  14. Perdonas. Te perdonas a tí mismo por ser como eres y creer muchas veces cosas que no son, enfadarte y por ellas hacerle daño.
  15. Le amas. Le amas con intensidad, sinceridad, certeza, obsesión y pureza, con independencia y necesidad, con interés y humildad, con orgullo y modestia. Le amas por su alma, por su cuerpo, por su intelecto, por sus errores que los juntan más, por sus cualidades comunes pero en conjunto únicas, por sus características inusuales y hermosas, por lo que te enseña, por lo que representa, porque te ama y porque sabes que es cierto. Le amas, de pronto no más que nadie en el mundo ha amado, de pronto menos que todos ellos, pero todo lo que eres capaz de amarle. Le amas y solo por eso esperas que perdone las cosas que nunca le dices.

martes, 16 de octubre de 2012

Yo sé que me echas de menos

Yo sé que niegas que me necesitas
O el hecho que te haga falta
Sería mejor que no lo hicieras
Éste muchacho podría sentirse ofendido
Queriendo dejar para siempre tu lado
Una parte impulsiva que no puedes dejar
Entre tu alma se encuentra encerrada
Moviendo tus deseos más íntimos
Encandilando tus añoranzas más ocultas
Entrelazando tus armas lógicas
Convirtiéndolas en menos que restos de viruta
Hidalgo de gran temple
Amigo incondicional
¿A qué es lo que apuntas ahora?
Salir de tu vida no es mi meta.
Desearías que no existiera
E incluso osarías negar mi existencia
Me mofaría si eso hicieras
Eres más ridículo que una mofeta
Normal, corriente y cegado por tu
Omnipotencia que solo sabe
Susurrar a tu oído: Yo lo puedo todo por mi cuenta

Aquí estoy y aquí me quedo, mi querido hermanito.
Att. S

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Y qué puede cambiar?

¿Qué puede cambiar en mi vida si continúo siendo el mismo? Si sigo cometiendo los mismos errores, si sigo corriendo con los mismos defectos. Es difícil aprender y es difícil amar. No hago ninguna de las dos cosas muy bien y tampoco logro hacerlas mejor. Estoy estancado. Como un bote en una playa en marea baja. Como el agua en una represa. Solo con altura pero no con movimiento.
No puede cambiar nada. De pronto dejé de hacer actividades. Dejé de escribir. De leer. De jugar. Dejé cualquier pasatiempo alterno y todo sigue igual. Todo se destruye. Se cae. Se va. No tengo fuerza para sostenerlo. ¿O es voluntad lo que me hace falta?¿Es entrega aquello que necesita esta maldita desordenada vida?
Poca voluntad, nada de entrega. Una desastrosa combinación, perfecta para el fracaso. ¿Y qué si soy un fracasado? Sigo y no veo forma de que cambie esa imagen. Un hecho fantástico seguido de varias caídas, varios golpes contra la tierra sucia en la que camino. Todo lo que hago con las manos, lo acabo con la omisión. La negligencia de mi ser. La inconstancia. La esencia incompleta de un yo.
¿Y qué si no fui hecho para cambiar? Ya no entiendo ni lo que escribo. Ya no escribo lo que entiendo. Estoy atascado en un prototipo de superficialidad y falsa inteligencia, falsa intelectualidad, falsa bondad y falsa dedicación. Estoy elaborado de barro seco, poco maleable, voluble y confiable para crear algo rígido y realmente fuerte. Uno que me hace falta y que no debería volver. No puedo pretender convertirme en alguien mejor si esto es todo. Todo lo que logro. Todo lo que soy. Yo no paso por la vida. Ella pasa por mí. Transcurre corriendo y me deja atrás, esperando a que yo la alcance. Nunca lo hago. Camino porque sé que aunque corra no la alcanzaré. ¿No quieres correr a mi paso, vida enajenada?
Un cielo y yo soy el infierno. No progreso. No éxito. No sé si es peor un falso éxito o la ausencia de cualquier éxito. Un lindo fracaso. "No sabes lo que quieres ni a donde vas" Camino errado, camino correcto. Vía de escape. Una danza de demonios y ánimas en pena.
Lento pero no seguro. La confianza que me tengo es nula. Y la esperanza es aquello que a duras penas conozco. Una distracción hermosa pero difícil de satisfacer. Muéstrame el camino de nuevo. No creo que nadie más pueda hacerlo. Nada puede cambiar.

martes, 18 de septiembre de 2012

Una sonrisa

Hay momentos en los que quiero algo más. Alguien más parecido a mí. O los había. La verdad es que ya no puedo estar seguro. ¿O sí lo puedo estar? La verdad es que no sé cómo empezar y no sabré cómo terminar. Parece a veces que me embarcara ahora en un extraño e inesperado viaje del que solo sé su guía: una sonrisa.

No creo que alguien entienda lo que ocurre. Ya lo dije anteriormente, pero cada vez se hace más inexplicable. Tú, esa persona por la que ya dejé de tener miedo. Por la que enfrentaría a la muerte en su residencia macabra. De pronto tú tampoco lo entiendes. Me conociste casi sin miedos pues solo tu presencia los alejó sin que yo ni el mundo se diera cuenta. El miedo a amar. El miedo a establecerse. El miedo a estar tan cerca de alguien y saber que se convierte en una parte importante de mi mundo. El miedo de saber que cuando me deje de lado, me desharé en pedazos y guardaré más rencor del que ya tengo en mi oscuro y malintencionado corazón. El miedo de saber que seré capaz de lanzarme al agua cuando se termine. No me estaré rindiendo, solo me estaré entregando. Pero... ¿qué punto tiene hablar de miedos que ya no existen? Palabras sin sentido dignas de un charlatán en un esmoquin. Aquél que siempre he sido.

Esto es algo que nunca se me ha dado
O que nadie me ha inspirado
La verdad no sé por qué lo intento
Terminaré pareciendo un inepto

Pero a veces vale la pena el riesgo
Tratar de hacer algo por esa persona
Que es diferente a todo el mundo
Y que es el respiro de tu vida

Diré tu nombre
Para iluminar todo el orbe
Para recobrar aquello
Que me luce más que mi corte
Es aquella sonrisa
La que me has regalado
Y la que quedará por siempre estampada
En esta alma de endemoniado

Cada vez que te observo
Amo el color del mundo entero
Me pierdo en tus ojos castaños,
Inundando mi corazón de alegría
Locura, dicen ellos, es aquello que ocurre al
Olvidar tu existencia

Una y otra vez lo releo
E intento dar
Con aquello que no veo
Esa pureza innata
Con la que redactas
Todo lo que habla
De aquel alma
Que no debe separarse de la tuya
Pues de hacerlo
No encontrará más que penuria

Una sonrisa es lo que me has dado
Y no es la tuya
Es la mía
Que demuestra lo mucho que te amo
Y lo poco que deseo
Que te vayas de mi lado

Haces todo real para mí. No hay nada que valga más la pena que ver en la oscuridad de mi vida, el color deslumbrante de tu buena alma. Nadie me ha podido salvar como tú lo has hecho. Es por eso que te he extrañado últimamente. No importa lo que el resto diga. No importa lo que yo intente deshacer. Esa conexión, ese enlace, que formó tu sonrisa con la mía, es inexplicable y durará más de lo que yo podría decir. No te dejaré ir y si lo haces, me iré contigo. Quiero ser feliz contigo porque es más difícil serlo sin tu presencia. Y no supe si terminé, lo que debí no empezar. Una sonrisa tuya y mía es lo único que deseo.

viernes, 31 de agosto de 2012

La inmerecida

Todo podría ser perfecto. Tú podrías serlo. Nuestra relación podría serlo... pero hay algo que nunca lo podrá ser y ese soy yo. Noventa y nueve por ciento una vergüenza y con una sola cualidad: obstinación. ¿Cómo podría antojársele a alguien una persona tan singularmente disminuida como yo?¿Qué puede brindar un individuo tan deplorable y auto compasivo a otra persona? Podría decir que aprenderías de mis errores, de mis monumentales defectos y de mis quejumbrosos fracasos. Así sería simplemente un modelo a no seguir y colaboraría a tu camino hacia una "buena persona". Sin embargo, tú ya sabes todo lo que yo ignoro. Reconociste los defectos que poseo antes de siquiera tenerlos y los corregiste. Eres precisamente el tipo de persona que no podría ni podrá sacar algo bueno de mi miserable personalidad. Entonces, ¿qué más te puedo ofrecer?

Cariño no te hace falta. Apoyo, tampoco. Personas a tu alrededor que se sientan tan orgullosas de tí como yo lo hago me atrevería a decir que sobran. Amigos, familiares, conocidos... Nada te hace falta. Una persona especial, amorosa y que diera todo por tí... es lo que podría hacerte falta. No obstante, no es cierto. Tú eres feliz así, en la soledad. No necesitas a nadie para recobrar tu maravillosa sonrisa. No requieres un halago para saber lo que eres. Tienes la seguridad en tí de la que yo siempre he carecido. ¿Y qué si necesitases de alguien más? Bueno, tendría que ser perfecto a su manera, amoroso siempre y dar absoluta y completamente todo lo que tiene y lo que no para tu bienestar. ¿Soy yo eso?

No debería ni molestarme en responder esa lógica y ridícula pregunta. No soy perfecto. Mis "cualidades" no armonizan con mi asombrosa y variada "fauna" de defectos. Podría durar páginas detallando mis gigantescas fallas, comentando como han terminado de minar mi etérea confianza y convertido en el fracaso de persona que soy ahora. He fallado a la primera condición para ser tu alguien. Amoroso tampoco lo soy. Soy romántico pero mi amor se desvanece como la bruma en una mañana. Parece tangible, envolverlo todo y antes de que nos demos cuenta, desaparecerá. Ese es mi inconstante y efímero amor. Del que no deberías recibir. Segundo requisito no llenado.

Del último. De aquél que define por completo lo que no soy. Yo podría decir muchas cosas, podría hacer muchas cosas, podría dar mi sobrevalorada vida por tí. Pero se queda ahí. En un "podría". No pude hacerlo cuando lo necesitaste. No pude protegerte. No pude defenderte. No pude darte apoyo. Me contenté con estar ahí como una estatua defendiendo su territorio, ajena a cualquier cosa que ocurriese a su alrededor. Me limité a observarte mientras te auto destruías. Si no puedo hacer que estés en paz en tu interior y no te hagas daño, ¿cómo podría lograr darte la fuerza para que nadie del exterior te lo hiciera? Más aun, no soy agradable para tus seres queridos. Tu bienestar está comprometido cada vez que sales conmigo y sé que podrías llegar a perder personas mucho más valiosas que yo por quererme como lo haces. Perderás mucho y ganarás alguien que no puede darlo todo por tí. ¿Cuál es la ganancia? Y el tercer requisito acaba con mi extinta posibilidad de darte lo que mereces.

No te merezco y ese es el punto. Un punto que yo supe desde siempre. Puede que te "haga bien" pero al final del día me encargaré consciente o inconscientemente de arrancarte el corazón, de tomarlo entre mis blancuzcas y huesudas manos y comerlo mientras mis lágrimas se mezclan con tu sangre. Seré yo responsable de desangrar tu amor, de lastimar tu confianza y arrastrarte conmigo al tártaro en el que debo estar. Te transformaré, te destruiré e intentaré componerte con un plano que representa más mi maldita alma que la pura tuya. No quiero hacerlo. No deseo besarte, robar tu esencia y condenarte. Pero mi arraigado demonio logrará hacerlo si estamos juntos.

No podría negar que me haces bien. Soy feliz y debería ser suficiente si no supiese que es un sentimiento que no debo sentir. Una felicidad inmerecida. Un paraíso contigo que nunca he ganado. Al que nunca debí haber intentado entrar. Al que nunca seré bienvenido. Al que cualquier otra persona, con más talentos, más capacidades, amor sincero, y muchas más cualidades que yo debería ser invitado. Inmerecida. La inmerecida euforia que siento debe ser devuelta a su origen y debe aguardar ahí a que una persona fabulosa, espectacular e inigualable entre a tu vida. Ese que no puedo ser yo.

miércoles, 22 de agosto de 2012

11+11

Muchas veces dije muchas cosas. Muchas veces aseguré lo que pensaba era cierto. En ciertas ocasiones, tomé mis afirmaciones con la gravedad digna de un axioma. Algo que sin demostración debía ser cierto. Dije muchos "nunca". Limité por completo mi vida a unas cuantas incursiones muy tormentosas en el terreno amoroso. El amor duele sin importar si está bien o mal. Nunca sentí que estuviera bien. Nunca sentí siquiera al amor tan cerca. Otras veces escupí al amor, pensando que no valía la pena. Rehuí de él, como una presa de su cazador. Escribí sobre él, idealizándolo de una manera casi ridícula mientras que en la realidad lo evitaba, lo retardaba, le ponía obstáculos. ¿Qué anduve haciendo todo este tiempo?
No enamorarme, no querer a alguien de ese tipo, no mostrar mi cariño en público, no comprometerme lo suficiente, no entregar nada que pudiera extrañar... Todo era una preparación, un entrenamiento, un preámbulo a algo que yo concebía imposible. Una opinión que podía defender en contra del mundo entero...
¿Quién osaría aceptar tantos defectos y tan pocas cualidades en una persona?¿Quién lograría atrapar el corazón de esta serpiente que escupía veneno a la simple vista de un congénere amoroso?¿Quién retendría entre sus brazos a este escurridizo ser de letras y sentimientos?¿Quién sería capaz de adoptar e incluso desplazar a las perfectas creaciones literarias de este muchacho, por las que él haría lo que fuera dado el caso que existieran?
Si me hubiesen preguntado o a cualquiera de mis cercanos antes, las preguntas habrían parecido absurdas y sus respuestas no hubieran variado de una palabra negativa de 5 letras: Nadie. Todos podíamos poner las manos en el fuego por defender la teoría que yo era un alma en esencia solitaria, a la que el amor no podría llegarle a afectar. Nunca pensé en la inmunidad que tuve, hasta hace poco... Sí era capaz de rechazar muchas cosas, de negar otras y prescindir fácilmente de las personas, sin involucrar demasiado mis alocadas e incontrolables emociones. ¿Es que valía la pena correr el riesgo por alguien?
"No". La tajante y concreta respuesta que daba a mí mismo y a los demás. Algo que más que haberlo definido yo hacía parte de mi inconstante y voluble ser. De pronto era mi culpa, de pronto era la culpa de las personas con las que me había encontrado. No lo sé, pero algo imposibilitó, para mi gran fortuna, llegar a desligarme de mis miedos por cualquiera.

Cuando llegaste, negué la posibilidad de quererte. Negué la posibilidad de gustarte, de enamorarte o de cualquier sentimiento parecido. Demasiada bondad para demasiada maldad. ¿Cómo podía ser que alguien como tú osara hablar con alguien como yo? Era como si un ángel intentara redimir la malicia innata de un pequeño demonio. No podía aceptarlo. Si alguien te gustaba, tenía que ser alguien como tú, no alguien como yo. Yo no te busqué, tú me encontraste. Yo no te atrapé, tú me capturaste. Yo urdí miles de planes, de conjeturas, en las que yo no quedaba contigo. Me los quería hacer creer, me los relataba todas las noches, mientras la luna condenaba mi comportamiento. ¿De qué sirvió?
De darme cuenta que mentía. Porque sabía la trascendencia de lo que ocurría, porque sabía que aquella persona que me empeñaba en creer que no existía, había llegado y me quería de una manera diferente y completa. Tú dijiste la verdad, a pesar de tu personalidad, de la mía y de las múltiples barreras que había puesto. La correspondencia de los sentimientos que empezó es inigualable y no la cambiaría por nada. El pasado es insípido cuando me doy cuenta que perdí mucho de él sin tenerte. El futuro no existe y el presente se alargará hasta fundirse con él y tú estarás ahí. Se suponía que tienes características que me disgustaban. Se suponía que no podía querer a... Pero tú eres diferente, incomparable... No cambiaría nada de lo que eres, de lo que representas, de cómo te ves, de lo que sabes. Sé tus defectos y te quiero con ellos. Eres todo lo que nunca existió para mí. Ya no veo miedo en nuestra relación. Te he entregado prácticamente todo. ¿Quién pensaría que este huraño y maligno servidor terminaría enamorado de tí?
Me has hecho entender lo que soy, lo que eres, lo que significa tener a alguien incondicional a su lado. A alguien con la sinceridad más grandiosa de este mundo. Lo veo en tus ojos, en tu boca, en tu cabello y en tu sonrisa. Aquella por la que caería una y otra vez. Ya no discuto conmigo mismo. Soy uno y ese uno te quiere como nunca ha querido a otra persona. Ves los colores en mí como nadie más. Pensé que el amor estaba muerto, pero cambiaste mi forma de pensar. Pienso en tí todo el día y toda la noche, porque nunca es suficiente. El tiempo desapareció, ya no siento la necesidad de ver todo en cámara lenta. No quiero dejarte ir, este sentimiento tiene que quedarse. Iré hasta el último momento, seré tu fuerza cuando te pierdas y no pienses que puedes seguir. Soy real y sé que tú lo eres también. Cuando me miras como lo hiciste la última noche, no puedo aguantar decirte adiós. Soy torpe porque me enamoré. Yo sabía que tú sabías que me habían flechado. Este será el mejor de mis sueños. Eres como un toque de luz dorada en la oscura noche. No me rendiré incluso si el mundo está en contra de nosotros. No seré alguien que se vaya tan fácilmente, estoy aquí para quedarme y haré la diferencia, la que pueda hacer. Una mirada y nada es lo mismo. Desde ese día robaste mi corazón y eres culpable. Tú eres la razón por la que sonrío. Me despiertas de los sueños en mi cabeza y me sacas de la oscuridad de la soledad. No hay conspiración en la forma en que nuestros corazones se encontraron. Es una vía de dos direcciones. Tú y yo. El deseo de la hora repetida... y la declaración del día en el que se sumaron las horas y los minutos. Te quiero mucho, Judas.