viernes, 11 de noviembre de 2011

Silencioso (Versión original)

No hacía nada puesto que no tenía un propósito real en la vida a menos que ser comprendido fuera un objetivo que valiera más que la existencia. Solía hablar mucho con aquellos a quien conocía intentando siempre hacerles entender lo que pensaba y sentía. Pocas veces lo lograba… “Los seres humanos son animales obstinados, que por muy pocas razones aceptan los visiones de los demás” eso era lo que creía.

Una mañana, al levantarse paró de tratar. Y por vez primera en la vida, se calló. No emitió ningún ruido desde entonces…  Reía sordamente, e incluso sus estornudos no emitían el menor sonido. No es que su estilo de vida hubiera sufrido un gran cambio puesto que, a pesar de que no hablaba, se hacía entender tanto como cuando nadie lo oía.

No obstante, las discusiones con otros no cesaron, ya que sólo se había limitado a dejar de hablar y no al lenguaje en sí. Aún pensaba que podía escribir y leer; no tenía la voluntad para hacerlo. Entonces,  ¿por qué continuaban aquellas riñas? Las miradas eran suficientes para iniciarlas.  Dicen que los ojos son las ventanas al alma y esa era la función que cumplían ahora. Podía durar horas refutando lo que una mirada le había revelado. Gestos, muecas y movimientos del cuerpo eran esenciales para explicar lo que le molestaba de aquella observación o para refutarla completamente. A pesar de sus intentos, el esfuerzo era en vano.

Por esta razón, paulatinamente, comenzó a modificar su rutina. Se despertaba temprano, salía a la pradera y paseaba por allí con tranquilidad mientras los propietarios de la gran hacienda y el terreno, dormían. Había habitado toda la vida en ese lugar, pero, poco antes de su resolución, nuevos inquilinos habían comprado lo que era suyo.  Creía que, al menos la parte que él había colonizado le pertenecía. En días pasados, podía disfrutar tarareando canciones que había escuchado en las casas contiguas cuando deambulaba por los extensos terrenos en torno a la casona principal. Pero ahora, no le era posible darse ese gusto; no quería emitir sonido alguno ya que los dueños armaban un escándalo al verlo vagando como un ente por su propiedad. Como consecuencia, debía despertarse temprano para salir de su escondite.

Ese día, había salido a trotar, recordando su familia y su antigua vida. Cuando era pequeño, no tenía responsabilidades y solo se preocupaba por hacer lo que le placía. Así que buscaba por todos los medios estar solo, pues aún a esa edad, era incomprendido por los demás. Siempre pensaba que la causa de este hecho estaba relacionada con su extraño e inadecuado comportamiento.

Rehuía de los otros de su edad, no acostumbraba ser tan hiperactivo como ellos y lo que más le gustaba era imaginarse lo que existía más allá de los límites de la propiedad en la que vivía. Soñaba con un paisaje sublime, de blancas mesetas y vastos valles donde serpenteaban ríos y riachuelos. Con profundos bosques de altos árboles que se juntaban a medida que crecían, permitiendo ver retazos de un cielo completamente gris entre sus ramas entrelazadas.

No tenía sentido que anhelara esto cuando su hogar se encontraba rodeado de verdes llanuras que se perdían en el horizonte. La única diferencia entre su sueño y su entorno era la presencia de la manipulación humana; nadie más podía entrar a ese eterno paraíso que creaba. La soledad le atraía y la ilusión de vivir por su cuenta lo hipnotizaba.

Ya mayor no soportaba las críticas de sus contemporáneos cuando hablaba de su lugar perfecto. ¿Quién desearía vivir permanentemente entre vegetales congelados? Es muy probable que un día ahí baste para afectar tu salud para siempre. Ridículos mortales, pensaba para sus adentros. No son capaces de admirar la supremacía de una maravilla natural, en donde el tiempo se detiene ante su grandeza.
Esta era una de las excusas preferidas de la que sus congéneres se valían para iniciar una discusión. Su habilidad para debatir era impresionante. Sin embargo, le era completamente inútil porque nadie lo  parecía escuchar. Cuando esto ocurría, solía salir corriendo de la casa para continuar trotando por la llanura hasta alcanzar un punto con la altura precisa para vigilar su residencia y sus alrededores desde una distancia segura. Una diminuta gota de solución salina resbalaba por su mejilla, muestra de la impotencia que sentía. Cerraba los ojos como ahora, para viajar hasta ese lugar asombroso en el que se reconocía libre.

Abrió los ojos en su realidad, recorrió con la mirada lo que ya no era suyo. Aquél hermoso conjunto de edificaciones y plantas que una vez denominó hogar. En este momento, lo veía distinto, como si fuese una copia desconocida de su familiar hábitat, enmarcada por un cielo que se oscurecía a medida que el sol se escondía. Era hora. Este día tan eterno y miserable llegaba a su fin. Tenía que hacerlo antes que fuera demasiado tarde. Después de tanto tiempo de espera, divisó la dirección correcta. Sonrió como nunca lo había hecho y desplegó sus alas para alzar el vuelo mientras escuchaba el asombro que su presencia y partida provocaba en los habitantes de la casa.

sábado, 29 de octubre de 2011

Retos y desafíos

La vida. Siniestra pero grandiosa palabra que denota un estado (¿O un intervalo de tiempo?) de los muy auto-aclamados animales más inteligentes de la naturaleza, los seres humanos y por supuesto del resto de los seres biológicos. La vida puede ser injusta, llena de obstáculos, un calvario, un martirio, un paraíso, una hermosa época llena de placeres, de dudas, de prejuicios y felicidades, pero siempre llegará a retarte. No quiero decir que la vida en sí misma represente un reto a todos los seres humanos; no creo eso. Pretendo asegurar que ella se encarga de poner los desafíos, de hacernos más fuertes cada día, aunque no desea (porque no es una persona) hacernos la existencia más difícil, más complicada o más divertida. Desafía la capacidad de aguantar, de prosperar, de continuar en tantas maneras y en tantos ámbitos al tiempo que puede enloquecerte tan fácilmente como puede prepararte para lo que sigue.

Sin embargo, esta pequeña reflexión no irá encaminada a ver los privilegios de la vida y sus inconvenientes. Presentaré un reto que a muchas personas les ha ocasionado percances, desconcierto e incertidumbre: El desafío de conocer a alguien. No me refiero a acercarse a un(a) desconocido(a) e iniciar una charla informal y aleatoria con el fin de conocer a la persona que tiene adelante; lo que deseo resaltar es el hecho de dar con alguien diferente pero parecido a tí mismo(a) pero que tiene actitudes que de una u otra manera confunden y no permiten (al menos en un principio) entablar y consolidar una relación de amistad con ella. Puede que para muchas personas no sea un desafío lo que digo, ya que poseen habilidades sociales que sobrepasan con creces las mías. Para mí, se convirtió en eso. Un reto de mí para mí; el desafío social en esta época.


No procederé a contar si lo hice o no, a ponerle un apodo a la persona de la que estoy hablando, a elogiar o criticar su personalidad, me limitaré a contar en qué se ha convertido el reto. Pocas veces hay alguien que me logre llamar mi atención en un primer encuentro y esta persona no es una de ellas. Tantos encuentros, charlas superficiales y chistes malintencionados no posibilitaron un acercamiento de mi parte y me atrevo a decir, de la suya. Fue algo inconsciente, creado por una parte de mi mente que intentaba ignorar y que exitosamente había ocultado de las miradas externas. Todo lo que he escrito desde ese momento plasma diferentes aspectos de lo que fracasé en esconder. No un enamoramiento, no un encaprichamiento, casi ni siquiera un gusto, era sólo el deseo de acercamiento. Desconozco la razón exacta del desafío preparado por mi subconsciente y, aunque pueda hacer múltiples sugerencias, que establecí una minúscula y oculta conexión por pequeñas similitudes entre los dos, que después de un tiempo me atrajo de una manera única pero débilmente sutil, que me identifiqué en su forma de ser y sus reacciones frente a ciertos eventos, que un personaje mío se dispuso, en contra de mi voluntad, a asimilar sus rasgos más sobresalientes, convirtiéndose en la idealización perfecta de esta persona, sé que ninguna de ellas es completamente verdadera. No obstante, el por qué no interesa; ya acepté este reto sin saber en qué momento podré decir que lo he superado o si seguirá evolucionando hasta obligarme a destruir lo que he logrado con este ser humano.


Debería terminar aquí con esta confesión tan poco trascendental y relevante, pero tengo que añadir unas últimas palabras respecto a ello. Pueden tener menor importancia que lo anterior, así que podrían omitirse, mas deseo plasmarlas en algún lugar, tratando evitar que vuelvan a mí.


Nunca había pensado que alguien me podría inspirar a escribir algo tan hermoso (al menos para mí) como "Sueños" a pesar de no tener ningún sentimiento que sirviera de excusa al momento de redactarlo. No estoy dedicándole a la persona involucrada ninguno de los dos escritos. Solamente quería recalcar el hecho de que fuera la causa sin causa de ellos y la que seguirá impulsándome sin saberlo a continuar con la historia de los gemelos y Bianca.


Debido a la evidente carencia que me hizo reconocer la escritura de estos relatos, he querido prometer una cosa: No me involucraré con ninguna persona nueva en ningún ámbito social de mi vida hasta que haya dado por terminada la construcción del mundo de mis personajes. Simplemente no deseo que alguien más perjudique el ritmo de la historia que esta persona posibilita. Finalizaré con este desafío antes de iniciar cualquier relación más comprometedora.


Esperando ser tan ilógico que el ser humano implicado no entienda  y me regale un poco más de su compañía para continuar tanto con el reto como con la historia, he acabado con este trillado tema.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Test de Personalidad

CaracteristicaGrado
DESCONFIADO (paranoide)NADA
SOLITARIO (esquizoide)BASTANTE
EXCÉNTRICO (esquizotipico)BASTANTE
TEATRAL (histrionico)MUCHO
TRAVIESO (anti-social)NADA
PRESUMIDO (narcisita)MUCHO
TRÁGICO (limite)NADA
MANIATICO (obsesivo-compulsivo)MUCHO
SUMISO (dependiente)NADA
TÍMIDO (evitativo)UN POCO

Un test que había hecho hace mucho y que estoy completamente seguro estuvo de moda en los orígenes de los blogs. Quería postearlo porque a pesar de que quiera desmentirlo, no puedo. Juzguen ustedes mismas.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Sueños. Segunda parte.

Intenté infructuosamente resistirme a que inundaras mi vida, mi mente y esta nueva realidad. Pero no podía controlar todo lo que ocurría. Todo lo que había visto, se había desvanecido. Sin que yo pudiera hacer nada, tú desapareciste con todo ello. Abrí los ojos como tú abriste los tuyos; era solo el mundo real. Nuevamente me encontraba en una camilla pero esta vez, no estaba en ningún recinto cerrado. Me hallaba en una hermosa pradera, cercada por una rústica línea de tablones de madera enterrados en el suelo. Me esforcé por incorporarme y alejarme de esa tétrica cama de pruebas y del científico desquiciado que se encontraba a menos de 2 metros de ella. Me sentía algo adolorido así que empecé a andar despacio con todo el cuidado para no hacerme daño.

Alcé la vista en dirección a la verja de roble y justo allí, en perfecto estado y con una expresión imperturbable, estaba el primogénito de mis padres. La rabia volvió a mí. ¿Cuál era el objetivo de aquél despreciable experimento? Eché a correr hacia mi hermano sin detenerme a pensar en la picazón que sentía en todo el cuerpo y que aumentaba cada vez que respiraba. Tropecé con una roca saliente y caí de bruces hiriéndome el labio inferior. Percibí el sabor salino de la sangre en mi boca y maldije mientras trataba de levantarme con mis últimas fuerzas. Él, impasible, me lanzó una mirada indiferente antes de darse vuelta y alejarse de mí con paso firme y apresurado.

--¡Ayúdame!-- creí gritar--. ¡No me dejes con ese loco!
Desesperanza. El sentimiento pareció poner en marcha algo a mi alrededor y en mi organismo que me envió a un estado de inconsciencia.

Si me hubiesen preguntado, habría dicho que había estado inconsciente menos de medio minuto. Descubrí que no era así cuando me reconocí parado en medio de un frondoso bosque de pinos no aborígenes. La necesidad de encontrar a alguien me asaltó y distrajo de otros pensamientos. ¿Dónde está? Un eco que incrementaba su volumen poco a poco se escuchó en aquél bosque solitario. Busqué el origen de la voz tanto con la vista como con mi capacidad auditiva. Comencé a correr hacia el este, sorteando diferentes raíces y ramas caídas en el suelo silvestre. Podría jurar que esa bella voz me llamaba pero no parecía que me acercara a quién la emitía. Llegué a un claro que recorrí con la mirada frenéticamente. Al otro extremo del mismo, vislumbré un destello de luz sobre un fondo negro brillante y suave. Una cabellera que se escondió al instante.


Avancé hacia ella con la mayor velocidad que pude alcanzar, atravesando el claro. No había recorrido la mitad de la distancia que me separaba del otro límite cuando sentí que caía hacia el cielo. Asombrado y preocupado por lo absurdo e intrigante de la situación, estiré mis brazos para sostenerme de la rama de un arbusto cercano de tamaño mediano. Pero el arbusto había dejado de existir. Mientras yo era elevado en contra de mi voluntad hacia lo que había sido el cielo, ahora un bosquejo en blanco y negro de nubes, la arboleda empezaba a consumirse entorno a la joven que me miraba directamente a los ojos desde el centro del claro. No quería seguir alejándome pero no pude evitarlo. El mundo se oscureció al igual que mi corazón. No, no de nuevo...


Podía ver la luz a través de mis párpados, pero no tenía fuerzas ni voluntad para abrirlos. Esperaba sentir a mi lado la presencia de la que acababa de perder y lo único que en realidad sentía era miedo. No provenía de mí. No sabía cómo estaba seguro de ello, así que tuve que comprobarlo con mi vista. En la misma sala en la que me habían sometido al tratamiento, acurrucado a mi derecha, estaba el "doctor" que tanto había jugado conmigo. Se fijó en que había recuperado el conocimiento y retiró la mirada. Respiró entrecortadamente y sin volver su mirada, susurró:
--Sal de aquí. Hazlo ahora.
Quise preguntarle por qué tenía que hacerlo pero me contuve. Me levanté veloz y suavemente e inicié mi camino hacia la puerta del garaje en el que me había despertado. Me giré para regalarle una última mirada de repudio al muchacho sin encontrarlo. Busqué su silueta alta y delgada en cada resquicio de la habitación. ¡No había otra salida a la vista! Me acerqué lentamente a la mesa de instrumentos recorriendo las paredes con la esperanza de encontrar una puerta oculta. Tras unos pocos minutos de continua investigación dí con ella, justo detrás del aparato que había usado para inducirme aquellos sueños, primeramente tan ilógicos e impensables y posteriormente tan vívidos y fantásticos. Tenía que salir de allí antes que su atmósfera regresara a mí por completo y aquella puerta estaba cerrada desde dentro.


En el exterior del garaje, el atardecer estaba en su punto álgido. Recordé su aroma y supe que ella estaba en algún lugar, ahí fuera en mi mundo. Sin embargo, antes de buscarla, tendría que dar con el paradero de mi detestable hermano y obligarlo a que me acompañara en mi nueva travesía.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Draco

Se iniciará explicando concretamente el por qué del título. Es conocido que muchas de las personas que empiecen a leer esta entrada pensarán que se va a presentar una defensa de las actitudes del personaje de Draco Malfoy en la saga pottérica, lo cual no es cierto. Habrá otras personas que entiendan el título de una manera más literal: Dragón en latín, que es algo más acertado. La verdadera y principal pero no única razón para el encabezado de esta publicación se relaciona con ese significado y es una impresión extraña y realmente siniestra de un dragón.

En la cultura occidental, por muchas influencias diferentes, el dragón se ha convertido en un símbolo de maldad, de codicia y de poder. Entre más oscuro o más brillante sea, está más asociado al demonio católico que tantas veces ha sido reproducido por diferentes medios. Con sus alas de murciélago y exhalando fuego es una de las criaturas que, de llegar a existir, podrían poner en grave peligro a la raza humana. Esa es, precisamente, una de las razones por las que esta hermosa y majestuosa criatura es un símbolo del mal. Por otra parte, se puede observar  la connotación que este mismo ser tiene en la parte oriental y muchas veces, más sabia, del mundo terrestre. La divinidad, el poderío de la naturaleza y la inmensidad de la fuerza transformadora eterna de ella se ven representadas por la figura de un dragón. La sabiduría de un ente realmente anciano que vela por el bienestar de la humanidad. Sé que también existen dragones malvados en el Oriente, pero siempre he visto que han sido debidamente equilibrados con sus contra-partes benéficas.

El dragón, entonces, en nuestra civilización, podría establecer un desequilibrio entre las fuerzas de la naturaleza, si se relaciona con la existencia de estos en la mitología de Oriente. Si se continúa con las conjeturas, podría asegurarse que el mal (visto con la forma de un dragón) es un impulso que desequilibra el balance predeterminado del mundo. La maldad sería definida ahora sin las manchas religiosas que ha tenido debido a la intrusión del dragón como su máximo exponente (una metáfora del diablo o la pura maldad). Cualquier cosa, evento o actividad se consideraría malvada si lograra desestabilizar la paz o la tranquilidad de un individuo y un grupo de seres vivientes en específico o su entorno.

Sin embargo, aún quedan por definir algunos términos para completar la descripción de lo que considero el núcleo de la perversidad tanto humana como sobrenatural. Todas las acciones en contra del buen curso de la naturaleza deberían ser consideradas como crueles y perjudiciales pero, ¿qué acción podría considerarse como malicioso cuando no afecta y aún más, beneficia a quién lo hace? Es una de las eternas disputas entre diferentes puntos de vista que me he visto a debatir. La respuesta no parece ni es simple; no se puede hablar de grados de maldad sin discutir este punto, así que se hace necesario evaluarlo. Si algo va en contra de la dignidad e integridad de la persona, debe ser considerado como perverso a pesar del gran beneficio que le provea a su autor. La justificación es más bien sencilla: Mientras que al individuo "malo" no le produce ninguna sensación de desazón, desequilibrio ni angustia, al afectado, como su nombre ya lo predispone, lo afecta negativamente en su diario vivir; no importa en qué ámbito sea y le hace perder el balance natural de su vida (sea o no en lo más mínimo), evidenciando, por las razones ya dichas, la naturaleza maléfica de la acción. No interesa lo que haya antes de la acción, importa es el resultado y sus consecuencias en su entorno, a no ser que el que realiza la acción no haya podido evitar o no haya querido que pasara lo que eventualmente fue. La humanidad se hace responsable de sus acciones y es capaz de detenerlas cuando quiera. No obstante, ciertas situaciones que se salen del control del poder humano (netamente naturales) pueden considerarse como perjudiciales sin querer decir con esto que la naturaleza lo sea.

He aquí un punto clave de la discusión: un ser humano puede ser considerado cruel y malintencionado al hacer así sea solamente una acción siniestra en contra de otros, pero algo nunca podrá ser malvado si provoca a pesar de provocar maldades. Este hecho yace en el simple presupuesto de la voluntad humana. Las personas pueden elegir; los objetos (por el momento), no. Es por esto que la maldad cada vez se va convirtiendo en un asunto humano en vez de algo puramente abstracto y que anda libre en la naturaleza. Se pueden juzgar entonces, como malvados, los actos humanos pero siempre teniendo en cuenta los grados de malicia. Con esto no se pretende minimizar, maximizar o catalogar algo tan etéreo e irreducible como la maldad en tipos o niveles, solo se demostrará que, dependiendo de la gravedad de los efectos de una acción, se debe tener una reacción (de repulsión, en la mayoría de los casos, claro está) apropiada y proporcional al hecho. Es ridículo y hasta cierto punto, poco correcto empezar a insultar a alguien que dejó caer un objeto de su propiedad. Hay que evaluar siempre la magnitud del acto antes que actuar por impulsos y terminar realizando algo peor de la situación inicial. Más aún, no hay razones para ser enemigo de objetos, conceptos o elementos que hayan posibilitado que una "catástrofe" ocurriera, por lo que se dijo anteriormente sobre la no-maldad de ellos. Lo único que es, en realidad, recomendable respecto a este asunto es usar la capacidad racional de la que tanto se jacta la raza humana en pro de un equilibrio y balance del mundo como un conjunto.

Para concluir, se volverá a la noción del dragón, aquél inocente figura que ha sido prostituida por muchas culturas en una mala manera, únicamente para alienar la maldad y relegarla a algo externo o ajeno a la humanidad y su civilización "racional". El dragón (o por lo menos, la mayoría de su raza) debe ser perdonado por los crímenes que nunca cometió y que solo le fueron imputados para limpiar la conciencia de esta prejuiciosa sociedad. Déjenlo volar libre y permitan que sus cargas caigan sobre quiénes debieron caer hace mucho tiempo: los seres humanos.

domingo, 24 de julio de 2011

Adaptaciones

No sé por qué empezaré hablando de la teoría evolucionista de Darwin que la mayoría de los estudiantes suelen aprender en el bachillerato o incluso en su primaria, pero espero que no se aburran leyendo eso.

Aparecen los organismos unicelulares en el ambiente (por múltiples reacciones químicas entre el carbono y otros elementos minerales) que inician después de un tiempo relaciones simbióticas (siempre me acuerdo del Symbiote de Spiderman) con los otros a su alrededor para sobrevivir y escapar de los depredadores. A causa de esto, empiezan a formarse los primeros multicelulares que... no tiene nada de relevancia en la presente entrada. No estudio nada relacionado con los seres vivos como para asegurar que lo que escribo sobre esto es verídico o por lo menos, verificable.

Lo único que quiero explicar de esta teoría es el principio de supervivencia, que parafraseando dice: "El más apto sobrevivirá por encima del más reacio a la adaptación" y "El más fuerte vencerá al más débil". El propósito de ahondar en estas dos ideas es meramente dar pie a una reflexión que llevo haciendo hace no mucho tiempo.

¿Por qué los seres humanos son tan diferentes en cuanto a personalidades, formas de actuar y comportamiento? Mi respuesta algo simplona es: adaptaciones. Cada persona nace en condiciones diferentes, en familias con tradiciones distintas y por consiguiente, en un ambiente único que es muy poco probable se repita o sea idéntico para dos individuos no relacionados. De esta manera, su crecimiento es limitado y es alentad@ hacia determinados rasgos de personalidad o maneras de comportarse. La forma en la que reaccionan a ciertos estímulos y en que se desenvuelven frente a situaciones extremas o inusuales también están fuertemente influenciados por su crianza. No obstante, las experiencias tanto placenteras como estresantes, traumáticas como memorables y alentadoras como deprimentes, logran llegar a lo más profundo de la llamémosla "arquitectura" de la personalidad de la persona, modificando, suavizando o acentuando algunas características en concreto de esta. No hay que mirar muy lejos entonces para evidenciar la relación existente entre la adaptación de otros seres vivos en la naturaleza y el camino que toman los seres humanos para forjar su identidad en todos los ámbitos como persona. Cada reacción, impulso y en general comportamiento que pueda tener alguien está íntima y directamente entrelazado con su vida, con lo que le enseñaron a hacer, con lo que le prohibieron hacer y más exactamente, con lo que debe hacer para sobrevivir, para no perder y no desperdiciar sea lo que sea lo más importante en su vida.


Las cualidades y defectos de cada persona tienen su origen, siguiendo esta línea, en algún acontecimiento o evento clímax en su vida o en cualquier pequeño detalle que el instinto natural de supervivencia haya tomado como una amenaza. No todas las "malas" actitudes son, por lo tanto, malintencionadas o dirigidas a herir o generarle problemas a otra persona; pueden ser exclusivamente, mecanismos de autodefensa en contra de una amenaza aparente e inexistente. Todo es consecuencia únicamente de la necesidad básica del ser humano por asegurar su existencia o supervivencia (que consiste también en bienestar emocional e intelectual) frente a un agente agresivo y posiblemente dañino. ¿Cuál es la razón en este caso para criticar o condenar actitudes y reacciones que no afectan en lo más mínimo el bienestar de sí mism@?


No le veo objetivos claros a intentar resaltar lo "peor" de una persona que, a decir verdad, no está amenazando nuestra paz o generando mal ambiente; solo se limita a hacer y decir lo que le permitirá sobrevivir en algún aspecto de los ya mencionados. No hay un punto en ahondar en un defecto de alguien cuando esta persona no está ni siquiera demostrándolo al relacionarse con un@ o "usándolo" en su contra. Dejar sobrevivir a los demás, como puedan y restringirse a intentar sortear los obstáculos propios es más conveniente que emponzoñarse por mensajes o gestos mal interpretados de alguien de quien no vale la pena preocuparse.

miércoles, 6 de julio de 2011

Sueños

Y soñé. Soñé que estaba buscando lo mejor para mí. Soñé que podía ser feliz de esa manera, pero nunca sabría... Soñé que lo encontraba; aquello que más anhelaba. Soñé que era perfecto y quería soñar que me llenaba. Con éxito, pretendía soñar que nada era mejor que el presente. Un presente que era un sueño. No de aquellos que deseas revivir una y otra vez, sino de los que pasan desapercibidos y no aportan nada útil a tu vida. Sin embargo, no podía dejar de soñar.


Cuando sueñas, todo es posible. Soñaba que podía afirmar que apreciaba lo que tenía y podía hacer. Soñaba que tenía la entereza para enfrentar lo que no correspondía a mi sueño. Era quién quería ser. Una persona como ninguna otra. Todo estaba en su lugar y encontraba la pieza faltante que encajaba. Soñaba que esa pieza cabía exactamente en la ranura, creada por mi sueño idealista. En ese mundo, tenía más de lo que podía desear o merecía desear.


Tan glorioso momento solo podía ser un sueño. No por lo increíble que parecía, sino porque era poco probable que hubiera aceptado ciertas cosas de otro modo. Aquél sueño no me hizo feliz; exclusivamente enmascaraba la pesadilla que quería evitar. No tengo tiempo para permitirme sentir arrepentimiento por haberme dejado engañar con un sueño. Alguien se encontraba allí cuando desperté. Junto a la superficie en la que yo me recostaba. Un hombre de mediana edad que se limitó a sonreírme con su estúpida prepotencia, a preguntarme si había disfrutado ese sueño al que me había inducido contra mi voluntad. La silenciosa furia que empezaba a fluir por mi cuerpo me impidió responder a sus ridículas preguntas.


No obstante, se empeñó en arrancar una palabra de mi boca. Le espeté que había estado a punto de considerar que esa mentira representaba mi realidad. Estuve al borde de resignarme. No lo hubiese pensado al estar dormido pero ya despierto me dí cuenta que la satisfacción y la felicidad producida por ello era tan artificial como el sueño en sí. Odié a ese arrogante joven que había posibilitado mi entrada a un mundo onírico más fantasioso que mis deseos y anhelos.


Le reclamé entonces que era una falta ética haberme sometido a tal tratamiento sin mi permiso. Respondió que alguien cercano a mí, había pagado por ello, y había arreglado todo para que yo cayese en esa extraña trampa. Me molesté al recordar cómo había accedido ciegamente a acompañar a mi hermano a la siniestra clínica que se alzaba a las afueras de la ciudad, pero acepté que, de ningún modo, me habría negado. Después de todo, era mi único y gemelo hermano quién me lo había pedido.
-¿Dónde se encuentra él ahora?-casi grité al muchacho que me miraba sin emoción alguna.
-Volverá tan pronto como se termine la segunda sesión-
Se acercó al gran sistema con forma de ordenador y movió una palanca a la segunda posición, con lo que la pequeña máquina sobre mí dio paso a otra de un tamaño mayor. Finalmente, activó el mecanismo.
Lo único que recuerdo antes de caer inconsciente por segunda vez fue luchar contra las bandas de goma que me mantenían sobre aquella camilla mientras que mi gemelo entraba a la sala.


Esta vez, el sueño era diferente. Se asemejaba mucho a mi pesada realidad. Caminaba por la calle, detrás de una muchacha de cabello ondulado oscuro, de estatura mediana y delgada. Sentía la necesidad de protegerla. Se veía tan distraída como para estar atenta de su alrededor. Me acerqué más a ella y, sin que se diera cuenta, la defendí de todos aquellos que quisieron perjudicarla hasta alcanzar nuestro destino. No podría haberla abandonado ni aunque hubiese querido. Era mi deber y mi satisfacción velar por su seguridad y bienestar.


Allí me esperaba él. Aquella persona que parece nunca llegaré a conocer a fondo. Quise saber por qué se había empeñado en buscar a la mujer perfecta para él. No escuché su respuesta, o al menos no la recuerdo, puesto que aún me preocupaba por la chica de cabello negro que representaba una parte importante de mi ser. Me levanté e intenté alcanzarla, pero ella solo corrió y desapareció en la oscuridad. Voltee a ver a mi acompañante y ví en su mirada una extraña mueca de desazón.


Mi ambiente se modificó por sí solo y ahora me encontraba en una pequeña colina desde la que se veía el mar de luces que era mi ciudad en la noche. Estaba arrodillado frente a la misma joven que había protegido anteriormente. Me miró con sus grandes y penetrantes ojos opacos a medida que se acercaba a mí. Sus labios estaban a pocos centímetros de los míos y podía sentir su aroma conquistando mi mente y recorriendo cada esquina de mi alma. De repente, su boca alcanzó la mía. Nuestros labios se acariciaron y movieron en armonía a la vez que mi corazón y mis manos la acercaban a mí. Nuestras almas bailaron juntas al son de la alegría que emanábamos. Saboreé la esencia de su ser en mi boca e intenté infructuosamente retener aquél exquisito placer. Mi mano rozó tiernamente su mejilla y su cabello me produjo agradables cosquillas al caer sobre mi brazo. De un momento a otro, ese mundo comenzó a desaparecer; me separé de ella al sentir como caía de la colina . Ella se había desvanecido antes que yo hubiese tocado la tierra. Solo sentí el dolor de haberla perdido mas no el de caer de una gran altura, y por eso, desperté.


Mi hermano se inclinaba sobre mí para chequear si ya había despertado. Me enderecé sin problemas y lancé un golpe hacia su pómulo izquierdo que esquivó con facilidad. Le permití saber cuánto lo odiaba antes de volver a caer en un profundo sueño.


Soñé que podía soñar que ella seguía conmigo. Soñé que nunca había vivido ese primer sueño inducido. Me pregunté mientras soñaba por qué no podía haber reemplazado el verdaderamente excepcional segundo sueño por el dudoso mundo soñado en el que ahora estaba. Me inquietaban muchas preguntas y eso convertía mi ya caótico sueño en un infierno, pero la única respuesta y consolación que obtuve de mi exterior fue tu nombre, querida Bianca.