lunes, 14 de noviembre de 2011

Sueños. Tercera parte.

Empezaba a oscurecer, o al menos, eso me parecía. Tenía que ir al pequeño aunque acogedor apartamento que compartíamos mi hermano y yo. No era muy distante de la clínica que acababa de abandonar, si se iba en auto pero yo no tenía modo de llegar allí en uno. Tampoco tenía dinero para pagar un autobús; sólo venía a acompañar a mi gemelo en una de sus visitas de trabajo. Según él decía, se desempeñaba como supervisor de sanidad. Ahora lo dudaba rotundamente.

Emprendí el camino hacia la alejada autopista que pasaba frente al terreno aledaño a la clínica. Pretendía pedirle a un conductor que me llevase hasta el norte de la ciudad, a la Calle del Ángel, desde donde podía caminar  a casa.

Me puse la chaqueta gris que había recuperado antes de salir del recinto mal iluminado y reparé en un bulto en uno de sus bolsillos. Un teléfono móvil. Mi teléfono móvil. ¿Por qué no había pensado en llamar a alguien hasta encontrarlo? No lo habría dado por perdido, solamente no recordaba haberlo traído. Aún así, no podía contactarme directamente con mi hermano puesto que sabía que no me ayudaría por alguna razón trivial. Recordé entonces el segundo sueño al que había sido sometido y quién había aparecido en él:
-La dejaste ir-dijo con una mueca de desazón, mi desconocido amigo, Héctor-. Yo, en tu lugar, iría tras ella.
Era al único al que podía acudir en este momento. Cuando contestó, su voz sonaba cansada sin dejar de demostrar sus modales y amabilidad.
-Buenas tardes. ¿Cómo está hoy?
-En una mala situación, Héctor. ¿Me podrías ayudar?
Le conté muy superficial y brevemente lo que me había ocurrido, pidiéndole que me ayudara a ir donde estaba mi hermano.
Me aseguró que lo haría, me hizo prometer que lo esperaría allí y cortó la llamada.
Quedé gratamente sorprendido cuando llegó a recogerme. A pesar de confiar en él y conocer su porte y caballerosidad, nunca pensé que me ayudaría en algo. Me subí al auto de un color carmesí y un estilo ligeramente anticuado, como su propio dueño. Me miró con esa sonrisa por la que alguna vez había caído y que ya no me producía efecto alguno.
-Caleb no está en casa, ¿lo sabe?
-Sí, lo sé. Quiero ir allí de todas formas.
-Como quiera- respondió mientras encendía el motor y el auto comenzaba su recorrido.
Los árboles dieron paso a pequeñas construcciones de ladrillo a las que muchas personas ingresaban tras largas jornadas de trabajo. Todavía no sabía cómo convencer a mi gemelo para que me acompañase en busca de la chica de ojos marrones y el sólo hecho de pensar en ello me producía ansiedad. Estaba cansado y cerré los ojos para relajarme.

Un joven, de ojos claros y cabello luminoso corría en actitud protectora junto a una mujer poco mayor que él, de piel lisa y perfecta, que tenía una mirada de tristeza. Huían de alguien que quería atraparlos y de quien ya habían escapado una vez. Pero esta, no los alcanzaría. Algo que Caleb lamentaría mucho, poco después de conocer la noticia.

Estábamos en la esquina más cercana a la calle principal de la cuadra donde se ubicaba mi apartamento. Héctor me observaba de forma inquisitiva en la oscuridad prematura de la tarde.
-¿Necesita de mi compañía?- preguntó suavemente.
-No, pero me gustaría tenerla- le contesté sin pensar.
Me sonrió y salió del auto. Hice lo mismo y rodeé la parte delantera para alcanzarlo.
-Vamos- dijo echándole un vistazo a la puerta del edificio donde yo vivía-. Me iré tan pronto como convenza a Caleb de ayudarle.
Empezamos a caminar hacia el oriente hasta la mitad de la manzana. Entramos y subimos hasta el tercer piso, donde busqué la llave de mi apartamento y la introduje en la cerradura metálica. Estaba vacío como esperaba. Dejé pasar a Héctor que encendió las luces mientras yo cerraba la puerta.

-¿Ha pensado cómo conseguir la ayuda de su hermano?- inquirió él aparentemente inmerso en la búsqueda de algo en específico.
-Tengo que encontrar una razón para chantajearlo. Es la única manera.
-Eso pensaba; es lo que busco- repuso, aún ocupado inspeccionando el escritorio de Caleb.

Me acerqué a la mesa de café de madera blanca. Sobre su superficie había un sobre, enviado a mi hermano esa misma mañana. Estaba vacío y no había descripción alguna de lo que había dentro. El tamaño del sobre sugería que había alojado una carta o una postal. Me dí la vuelta para mostrárselo a Héctor. Él sostenía un cuadro pequeño en la mano izquierda y tenía una cara de triunfo.
-Esto es lo que puede usar- dijo.
-Creo que ya sé lo que venía en este paquete- afirmé dejándolo examinar el sobre.
-Está en lo cierto- susurró. Me pasó la foto.
La misma mujer que había visto huyendo de su perseguidor yacía sobre una camilla, ataviada con una bata blanca y en un profundo sueño. La imagen estaba marcada con la estirada caligrafía de mi hermano. Decía en tinta roja: Sujeto inmune #1.

No sabía qué quería decir ni cómo se relacionaba con mi reclusión en esa sala de pruebas. Miré a mi amigo que, a su vez, contemplaba atentamente la puerta principal. Alguien le quitaba el seguro y empujaba para entrar.

-Conque escapaste al igual que el resto- sonrió falsamente complacido mirando a Héctor-. Con ayuda de tu... amigo- terminó con sorna.
-¿El resto?¿En qué estás metido, Caleb?- le pregunté, acercándole la foto que Héctor había encontrado. Mi hermano tenía otro sobre bajo el brazo, del mismo tamaño del que había visto antes pero lleno de lo que parecían fotos.
-Nada de esto es asunto tuyo, "hermanito"- me contestó, burlándose.
-Es asunto de él desde que lo hiciste ir a esa oscura clínica- intervino Héctor.
-¿Acaso te obligué a ir?- me preguntó sin desviar la vista de mi amigo. "No se parece tanto a mí, a pesar de que somos gemelos. Él es más alto, más fuerte y su cara siempre demuestra desprecio" pensé.
-No viene al caso, eso es pasado. Ahora me acompañarás a buscar a Bianca- sentencié.
-¿Y cómo harás eso?- me preguntó, sin dejar de sonreír, exhibiendo un interés ficticio.
-Localizaré a esta hermosa mujer y buscaré a los otros que dices que han escapado. Todos ellos te conocen y querrán pasar a saludarte.
Esta vez, tuvo miedo y su sonrisa desapareció para ser reemplazada por un gesto de auténtico desasosiego.
-Ninguno de ellos puede encontrarme- aseguró.
-Entonces condúceme a ella- le sugerí- o esta foto estará en un juzgado mañana mismo.
-Yo me encargaré de ello- manifestó Héctor.
-No es necesario, cuñado- escupió Caleb mientras vigilaba a mi acompañante con odio.
-Deberías empezar a respetar, querido hermano. Con esta evidencia, puedes quedar sin nada de lo que te hace feliz- amenacé.
-Te colaboraré, si este... chico, no nos acompaña- condicionó sin voltear su mirada.
-Por supuesto que no lo haré- respondió solícitamente- Vine a acompañar a su hermano y creo que es tiempo de irme.
Se despidió de mí, abrió la puerta y salió.
-Ya todo está arreglado. Héctor te entregará a las autoridades si no tiene noticias de mí por lo menos dos veces al día.
-Como sea- interrumpió Caleb, lanzando con fuerza el sobre al sofá de dos puestos en el centro de la sala- Ve a dormir. Mañana a primera hora debes estar listo- completó desapareciendo en la puerta de su habitación.
La iba a volver a ver. Y no había nada que nadie pudiera hacer en contra. No podía esperar a admirar sus hermosos ojos castaños. Tuve la visión de ella en medio del bosque, sonriendo con alegría mientras que me invitaba a seguirla al fondo de lo que sería nuestro secreto lugar de reencuentro. No me había equivocado y ella me llamaba con gracia:
-Gabriel, ven junto a mí.
Caí dormido sobre el sillón doble con el sobre de fotos sin abrir en mi regazo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Una y otra vez (Sueños, tercera parte alternativa)

Nunca me detuve después a preguntarme por qué había acudido a mi hermano antes de ir en busca de Bianca. Las razones por las que lo hice son, sin embargo, claras: Había adquirido un desorden en el sistema nervioso, específicamente en el central donde se regula el sueño, llamado narcolepsia. Un sueño entrecortado y profundo es lo que desde los experimentos aquejó mi vida. No obstante, esta incontrolable caída en la inconsciencia tenía una causa, que descubrí posteriormente.

Oscurecía. Había tomado la decisión de utilizar a mi hermano para llegar a ella. No sabía dónde podía encontrarlo, así que empecé a caminar hacia las luces de los límites de mi ciudad, junto a la autopista que pasaba cerca a la clínica. Alcé la vista hacia el cielo donde una gran luna anaranjada iluminaba el firmamento. Parecía que parte de la luz apuntaba a la cumbre de una colina cercana, desde donde seguramente se podían ver las luces de toda la ciudad en la noche. Recordé el calor de una silueta mediana a mi lado, ahora ofuscado por el viento frío que nadaba en la oscuridad. Supe que no te podía tener ahora, no era justo, pero sabía que te encontraría. No me detuve a comprobar si mis ojos me engañaban. De alguna extraña manera, podía asegurar que no lo hacían.

Un autobús hacía su muy probable última parada antes de regresar al norte de la ciudad. Era un servicio diurno, por eso lo sabía. Me atrevería a decir que se había atrasado. Abordé en él por la puerta de atrás al tiempo que rebuscaba en mis bolsillos con el fin de dar con algo de dinero. Pagué al cobrador y me senté en un par de sillas vacías. Ya se podían ver edificios a ambos lados de la autopista, a través de las ventanas laterales del autobús.

Rememoré aquellos ojos oscuros, marrones, en los que no pude quedarme. Supuse que esta era una ridícula reflexión de cómo te perdí junto a esos hermosos ojos. No era tiempo de decir adiós. No podría concebirlo después de haberte visto mirándome desde el centro del claro. La certeza de que te volvería a ver, en mis sueños o en esta realidad, causó una gran felicidad en mi ser que sólo oculté al recordar en donde me encontraba.

Las puertas pasaban rápidamente a mi lado sin que yo lo notara. ¿Se estaba haciendo más oscuro? No era posible puesto que ya había oscurecido pero la luz se iba, se iba...
-¡Gabriel!-llamó una clara pero socarrona voz.
Giré para mirar a quien hablaba. Su tez blanca y suave parecía reflejar la poca luz que se colaba entre las copas de los árboles, tan juntas en aquél lugar. Me perdí en su boca y en sus ojos, castaños, como los de nadie más.
-Nunca me has visto realmente- me espetó observándome directamente a los ojos.
-No es cierto. Lo estoy haciendo ahora. Eres siempre tan perfecta- le respondí -.Quería volver a verte, porque he visto tu alma y es más pura que cualquier otra.
-No lo entiendes. Mi mirada no lo dice todo.-resolló con furia contenida. Incluso en ese estado se veía encantadora. Alargué la mano para tomar la suya pero una fuerza invisible me haló hacia el lado oscuro del bosque. Alcancé a notar cómo movía su cabeza de un lado a otro, en un gesto de desaprobación.

-Perdón, señor- se disculpó una señora de edad que me había golpeado con su bolso, de camino a la parte posterior del autobús.
-No interesa- le respondí a la silla vacía a mi lado mientras chequeaba el exterior por la ventana.
¿A dónde me dirijo? A buscar a mi hermano. ¿Dónde puede estar? No puede estar en casa, siempre tiene tanto que hacer. ¿Qué me había querido decir Bianca? Que no la conozco, que es absurdo y sin sentido que piense tanto en ella. No lo puedo evitar; es una de las secuelas del experimento científico al que Caleb me sometió. Me ató para que no fuera a donde él no quería. Nunca lo hubiera pensado capaz de hacerme algo así debido a que era una persona tan correcta. Ya no interesa, pagará por ello y no seré yo quien lo obligue a hacerlo.

Una mujer, de piel cremosa y largo y castaño cabello, demostraba una inocencia angelical caminando con cautela al lado de un joven de ojos claros y cabello lacio, tan apuesto que daba envidia. Un grito de otro hombre, la visión del indiferente rostro de Caleb y un cielo estrellado.

¿Qué es esto? pensé inmediatamente. Había tenido una visión sin caer inconsciente (o eso creía). No era un sueño, era la revelación de algo importante pero no visible en la primera revisión. Mi hermano debe tener la respuesta pues sé que estuvo implicado, me dije.

El familiar puesto de revistas en la esquina estaba cerrado así que supuse que eran pasadas las siete y media. Llegué al edificio de apartamentos donde vivía. Subí hasta el tercer piso y entré a la acogedora sala-estudio de la residencia que compartía con Caleb. Sobre la mesa de café de madera pintada de blanco puro había una foto. Un muchacho que reconocí de inmediato, de rodillas, sin camisa, esposado con unas grandes cadenas a la pared. Era un compañero de trabajo de mi gemelo o al menos, eso decía él.

Salió en dirección a la cocina antes de notar mi presencia.
-Conque escapaste al igual que el resto- me inspeccionó de arriba a abajo.
-¿El resto?¿En qué estás metido, Caleb?- le pregunté bruscamente, agitando la perturbadora foto que acababa de agarrar.
-No es asunto tuyo, "hermanito"- me respondió, riendo con sarcasmo.
-Pues lo es desde que me involucraste en ello.
-No lo hice. Tú accediste voluntariamente a ir a ese lugar- repuso de manera burlona. "No se parece tanto a mí, a pesar de que somos gemelos. Él es más alto, más fuerte y su cara siempre demuestra desprecio" pensé.
-Ambos sabemos que no es cierto y eso es lo que me permitirá obligarte a acompañarme a encontrar a Bianca.- proferí.
-¿Le dirás a nuestros padres, Gaby? ¿O me acusarás con tus amigos?- me preguntó, sin dejar de sonreír, mostrando falso asombro y preocupación.
-Liberaré a tu supuesto amigo y buscaré a los otros que escaparon. O aún mejor... Le diré a tu jefe, el señor V.
Esta vez, tuvo miedo y su sonrisa desapareció para ser reemplazada por un gesto de auténtico desasosiego.
-Nadie puede saber que los liberaron- aseguró.
-Y tú no encontrarás a Bianca- sentenció después de un minuto de reflexión.
-¡Claro que lo haré!- grité indignado.
Se acercó a mí prudentemente, preparado para atacar.
-No existe; todo fue producido por las pruebas que te hicieron. Nunca estará de nuevo en tus brazos o, mejor dicho, por primera vez en este mundo. Pensé que debías saberlo. No podrás encontrar a alguien como ella aquí.- terminó con una mueca de compasión hipócrita.

Me negué a aceptarlo pero mi mente trajo la verdad como si la hubiera proferido la misma Bianca:
-No podemos estar juntos, porque la vida nos separa.
Caí sin saber qué me sostendría. Un manto de oscuridad profunda me abrazó. Entretanto, recordaba su cabello escapando de mi vista.

Silencioso (Versión original)

No hacía nada puesto que no tenía un propósito real en la vida a menos que ser comprendido fuera un objetivo que valiera más que la existencia. Solía hablar mucho con aquellos a quien conocía intentando siempre hacerles entender lo que pensaba y sentía. Pocas veces lo lograba… “Los seres humanos son animales obstinados, que por muy pocas razones aceptan los visiones de los demás” eso era lo que creía.

Una mañana, al levantarse paró de tratar. Y por vez primera en la vida, se calló. No emitió ningún ruido desde entonces…  Reía sordamente, e incluso sus estornudos no emitían el menor sonido. No es que su estilo de vida hubiera sufrido un gran cambio puesto que, a pesar de que no hablaba, se hacía entender tanto como cuando nadie lo oía.

No obstante, las discusiones con otros no cesaron, ya que sólo se había limitado a dejar de hablar y no al lenguaje en sí. Aún pensaba que podía escribir y leer; no tenía la voluntad para hacerlo. Entonces,  ¿por qué continuaban aquellas riñas? Las miradas eran suficientes para iniciarlas.  Dicen que los ojos son las ventanas al alma y esa era la función que cumplían ahora. Podía durar horas refutando lo que una mirada le había revelado. Gestos, muecas y movimientos del cuerpo eran esenciales para explicar lo que le molestaba de aquella observación o para refutarla completamente. A pesar de sus intentos, el esfuerzo era en vano.

Por esta razón, paulatinamente, comenzó a modificar su rutina. Se despertaba temprano, salía a la pradera y paseaba por allí con tranquilidad mientras los propietarios de la gran hacienda y el terreno, dormían. Había habitado toda la vida en ese lugar, pero, poco antes de su resolución, nuevos inquilinos habían comprado lo que era suyo.  Creía que, al menos la parte que él había colonizado le pertenecía. En días pasados, podía disfrutar tarareando canciones que había escuchado en las casas contiguas cuando deambulaba por los extensos terrenos en torno a la casona principal. Pero ahora, no le era posible darse ese gusto; no quería emitir sonido alguno ya que los dueños armaban un escándalo al verlo vagando como un ente por su propiedad. Como consecuencia, debía despertarse temprano para salir de su escondite.

Ese día, había salido a trotar, recordando su familia y su antigua vida. Cuando era pequeño, no tenía responsabilidades y solo se preocupaba por hacer lo que le placía. Así que buscaba por todos los medios estar solo, pues aún a esa edad, era incomprendido por los demás. Siempre pensaba que la causa de este hecho estaba relacionada con su extraño e inadecuado comportamiento.

Rehuía de los otros de su edad, no acostumbraba ser tan hiperactivo como ellos y lo que más le gustaba era imaginarse lo que existía más allá de los límites de la propiedad en la que vivía. Soñaba con un paisaje sublime, de blancas mesetas y vastos valles donde serpenteaban ríos y riachuelos. Con profundos bosques de altos árboles que se juntaban a medida que crecían, permitiendo ver retazos de un cielo completamente gris entre sus ramas entrelazadas.

No tenía sentido que anhelara esto cuando su hogar se encontraba rodeado de verdes llanuras que se perdían en el horizonte. La única diferencia entre su sueño y su entorno era la presencia de la manipulación humana; nadie más podía entrar a ese eterno paraíso que creaba. La soledad le atraía y la ilusión de vivir por su cuenta lo hipnotizaba.

Ya mayor no soportaba las críticas de sus contemporáneos cuando hablaba de su lugar perfecto. ¿Quién desearía vivir permanentemente entre vegetales congelados? Es muy probable que un día ahí baste para afectar tu salud para siempre. Ridículos mortales, pensaba para sus adentros. No son capaces de admirar la supremacía de una maravilla natural, en donde el tiempo se detiene ante su grandeza.
Esta era una de las excusas preferidas de la que sus congéneres se valían para iniciar una discusión. Su habilidad para debatir era impresionante. Sin embargo, le era completamente inútil porque nadie lo  parecía escuchar. Cuando esto ocurría, solía salir corriendo de la casa para continuar trotando por la llanura hasta alcanzar un punto con la altura precisa para vigilar su residencia y sus alrededores desde una distancia segura. Una diminuta gota de solución salina resbalaba por su mejilla, muestra de la impotencia que sentía. Cerraba los ojos como ahora, para viajar hasta ese lugar asombroso en el que se reconocía libre.

Abrió los ojos en su realidad, recorrió con la mirada lo que ya no era suyo. Aquél hermoso conjunto de edificaciones y plantas que una vez denominó hogar. En este momento, lo veía distinto, como si fuese una copia desconocida de su familiar hábitat, enmarcada por un cielo que se oscurecía a medida que el sol se escondía. Era hora. Este día tan eterno y miserable llegaba a su fin. Tenía que hacerlo antes que fuera demasiado tarde. Después de tanto tiempo de espera, divisó la dirección correcta. Sonrió como nunca lo había hecho y desplegó sus alas para alzar el vuelo mientras escuchaba el asombro que su presencia y partida provocaba en los habitantes de la casa.

sábado, 29 de octubre de 2011

Retos y desafíos

La vida. Siniestra pero grandiosa palabra que denota un estado (¿O un intervalo de tiempo?) de los muy auto-aclamados animales más inteligentes de la naturaleza, los seres humanos y por supuesto del resto de los seres biológicos. La vida puede ser injusta, llena de obstáculos, un calvario, un martirio, un paraíso, una hermosa época llena de placeres, de dudas, de prejuicios y felicidades, pero siempre llegará a retarte. No quiero decir que la vida en sí misma represente un reto a todos los seres humanos; no creo eso. Pretendo asegurar que ella se encarga de poner los desafíos, de hacernos más fuertes cada día, aunque no desea (porque no es una persona) hacernos la existencia más difícil, más complicada o más divertida. Desafía la capacidad de aguantar, de prosperar, de continuar en tantas maneras y en tantos ámbitos al tiempo que puede enloquecerte tan fácilmente como puede prepararte para lo que sigue.

Sin embargo, esta pequeña reflexión no irá encaminada a ver los privilegios de la vida y sus inconvenientes. Presentaré un reto que a muchas personas les ha ocasionado percances, desconcierto e incertidumbre: El desafío de conocer a alguien. No me refiero a acercarse a un(a) desconocido(a) e iniciar una charla informal y aleatoria con el fin de conocer a la persona que tiene adelante; lo que deseo resaltar es el hecho de dar con alguien diferente pero parecido a tí mismo(a) pero que tiene actitudes que de una u otra manera confunden y no permiten (al menos en un principio) entablar y consolidar una relación de amistad con ella. Puede que para muchas personas no sea un desafío lo que digo, ya que poseen habilidades sociales que sobrepasan con creces las mías. Para mí, se convirtió en eso. Un reto de mí para mí; el desafío social en esta época.


No procederé a contar si lo hice o no, a ponerle un apodo a la persona de la que estoy hablando, a elogiar o criticar su personalidad, me limitaré a contar en qué se ha convertido el reto. Pocas veces hay alguien que me logre llamar mi atención en un primer encuentro y esta persona no es una de ellas. Tantos encuentros, charlas superficiales y chistes malintencionados no posibilitaron un acercamiento de mi parte y me atrevo a decir, de la suya. Fue algo inconsciente, creado por una parte de mi mente que intentaba ignorar y que exitosamente había ocultado de las miradas externas. Todo lo que he escrito desde ese momento plasma diferentes aspectos de lo que fracasé en esconder. No un enamoramiento, no un encaprichamiento, casi ni siquiera un gusto, era sólo el deseo de acercamiento. Desconozco la razón exacta del desafío preparado por mi subconsciente y, aunque pueda hacer múltiples sugerencias, que establecí una minúscula y oculta conexión por pequeñas similitudes entre los dos, que después de un tiempo me atrajo de una manera única pero débilmente sutil, que me identifiqué en su forma de ser y sus reacciones frente a ciertos eventos, que un personaje mío se dispuso, en contra de mi voluntad, a asimilar sus rasgos más sobresalientes, convirtiéndose en la idealización perfecta de esta persona, sé que ninguna de ellas es completamente verdadera. No obstante, el por qué no interesa; ya acepté este reto sin saber en qué momento podré decir que lo he superado o si seguirá evolucionando hasta obligarme a destruir lo que he logrado con este ser humano.


Debería terminar aquí con esta confesión tan poco trascendental y relevante, pero tengo que añadir unas últimas palabras respecto a ello. Pueden tener menor importancia que lo anterior, así que podrían omitirse, mas deseo plasmarlas en algún lugar, tratando evitar que vuelvan a mí.


Nunca había pensado que alguien me podría inspirar a escribir algo tan hermoso (al menos para mí) como "Sueños" a pesar de no tener ningún sentimiento que sirviera de excusa al momento de redactarlo. No estoy dedicándole a la persona involucrada ninguno de los dos escritos. Solamente quería recalcar el hecho de que fuera la causa sin causa de ellos y la que seguirá impulsándome sin saberlo a continuar con la historia de los gemelos y Bianca.


Debido a la evidente carencia que me hizo reconocer la escritura de estos relatos, he querido prometer una cosa: No me involucraré con ninguna persona nueva en ningún ámbito social de mi vida hasta que haya dado por terminada la construcción del mundo de mis personajes. Simplemente no deseo que alguien más perjudique el ritmo de la historia que esta persona posibilita. Finalizaré con este desafío antes de iniciar cualquier relación más comprometedora.


Esperando ser tan ilógico que el ser humano implicado no entienda  y me regale un poco más de su compañía para continuar tanto con el reto como con la historia, he acabado con este trillado tema.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Test de Personalidad

CaracteristicaGrado
DESCONFIADO (paranoide)NADA
SOLITARIO (esquizoide)BASTANTE
EXCÉNTRICO (esquizotipico)BASTANTE
TEATRAL (histrionico)MUCHO
TRAVIESO (anti-social)NADA
PRESUMIDO (narcisita)MUCHO
TRÁGICO (limite)NADA
MANIATICO (obsesivo-compulsivo)MUCHO
SUMISO (dependiente)NADA
TÍMIDO (evitativo)UN POCO

Un test que había hecho hace mucho y que estoy completamente seguro estuvo de moda en los orígenes de los blogs. Quería postearlo porque a pesar de que quiera desmentirlo, no puedo. Juzguen ustedes mismas.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Sueños. Segunda parte.

Intenté infructuosamente resistirme a que inundaras mi vida, mi mente y esta nueva realidad. Pero no podía controlar todo lo que ocurría. Todo lo que había visto, se había desvanecido. Sin que yo pudiera hacer nada, tú desapareciste con todo ello. Abrí los ojos como tú abriste los tuyos; era solo el mundo real. Nuevamente me encontraba en una camilla pero esta vez, no estaba en ningún recinto cerrado. Me hallaba en una hermosa pradera, cercada por una rústica línea de tablones de madera enterrados en el suelo. Me esforcé por incorporarme y alejarme de esa tétrica cama de pruebas y del científico desquiciado que se encontraba a menos de 2 metros de ella. Me sentía algo adolorido así que empecé a andar despacio con todo el cuidado para no hacerme daño.

Alcé la vista en dirección a la verja de roble y justo allí, en perfecto estado y con una expresión imperturbable, estaba el primogénito de mis padres. La rabia volvió a mí. ¿Cuál era el objetivo de aquél despreciable experimento? Eché a correr hacia mi hermano sin detenerme a pensar en la picazón que sentía en todo el cuerpo y que aumentaba cada vez que respiraba. Tropecé con una roca saliente y caí de bruces hiriéndome el labio inferior. Percibí el sabor salino de la sangre en mi boca y maldije mientras trataba de levantarme con mis últimas fuerzas. Él, impasible, me lanzó una mirada indiferente antes de darse vuelta y alejarse de mí con paso firme y apresurado.

--¡Ayúdame!-- creí gritar--. ¡No me dejes con ese loco!
Desesperanza. El sentimiento pareció poner en marcha algo a mi alrededor y en mi organismo que me envió a un estado de inconsciencia.

Si me hubiesen preguntado, habría dicho que había estado inconsciente menos de medio minuto. Descubrí que no era así cuando me reconocí parado en medio de un frondoso bosque de pinos no aborígenes. La necesidad de encontrar a alguien me asaltó y distrajo de otros pensamientos. ¿Dónde está? Un eco que incrementaba su volumen poco a poco se escuchó en aquél bosque solitario. Busqué el origen de la voz tanto con la vista como con mi capacidad auditiva. Comencé a correr hacia el este, sorteando diferentes raíces y ramas caídas en el suelo silvestre. Podría jurar que esa bella voz me llamaba pero no parecía que me acercara a quién la emitía. Llegué a un claro que recorrí con la mirada frenéticamente. Al otro extremo del mismo, vislumbré un destello de luz sobre un fondo negro brillante y suave. Una cabellera que se escondió al instante.


Avancé hacia ella con la mayor velocidad que pude alcanzar, atravesando el claro. No había recorrido la mitad de la distancia que me separaba del otro límite cuando sentí que caía hacia el cielo. Asombrado y preocupado por lo absurdo e intrigante de la situación, estiré mis brazos para sostenerme de la rama de un arbusto cercano de tamaño mediano. Pero el arbusto había dejado de existir. Mientras yo era elevado en contra de mi voluntad hacia lo que había sido el cielo, ahora un bosquejo en blanco y negro de nubes, la arboleda empezaba a consumirse entorno a la joven que me miraba directamente a los ojos desde el centro del claro. No quería seguir alejándome pero no pude evitarlo. El mundo se oscureció al igual que mi corazón. No, no de nuevo...


Podía ver la luz a través de mis párpados, pero no tenía fuerzas ni voluntad para abrirlos. Esperaba sentir a mi lado la presencia de la que acababa de perder y lo único que en realidad sentía era miedo. No provenía de mí. No sabía cómo estaba seguro de ello, así que tuve que comprobarlo con mi vista. En la misma sala en la que me habían sometido al tratamiento, acurrucado a mi derecha, estaba el "doctor" que tanto había jugado conmigo. Se fijó en que había recuperado el conocimiento y retiró la mirada. Respiró entrecortadamente y sin volver su mirada, susurró:
--Sal de aquí. Hazlo ahora.
Quise preguntarle por qué tenía que hacerlo pero me contuve. Me levanté veloz y suavemente e inicié mi camino hacia la puerta del garaje en el que me había despertado. Me giré para regalarle una última mirada de repudio al muchacho sin encontrarlo. Busqué su silueta alta y delgada en cada resquicio de la habitación. ¡No había otra salida a la vista! Me acerqué lentamente a la mesa de instrumentos recorriendo las paredes con la esperanza de encontrar una puerta oculta. Tras unos pocos minutos de continua investigación dí con ella, justo detrás del aparato que había usado para inducirme aquellos sueños, primeramente tan ilógicos e impensables y posteriormente tan vívidos y fantásticos. Tenía que salir de allí antes que su atmósfera regresara a mí por completo y aquella puerta estaba cerrada desde dentro.


En el exterior del garaje, el atardecer estaba en su punto álgido. Recordé su aroma y supe que ella estaba en algún lugar, ahí fuera en mi mundo. Sin embargo, antes de buscarla, tendría que dar con el paradero de mi detestable hermano y obligarlo a que me acompañara en mi nueva travesía.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Draco

Se iniciará explicando concretamente el por qué del título. Es conocido que muchas de las personas que empiecen a leer esta entrada pensarán que se va a presentar una defensa de las actitudes del personaje de Draco Malfoy en la saga pottérica, lo cual no es cierto. Habrá otras personas que entiendan el título de una manera más literal: Dragón en latín, que es algo más acertado. La verdadera y principal pero no única razón para el encabezado de esta publicación se relaciona con ese significado y es una impresión extraña y realmente siniestra de un dragón.

En la cultura occidental, por muchas influencias diferentes, el dragón se ha convertido en un símbolo de maldad, de codicia y de poder. Entre más oscuro o más brillante sea, está más asociado al demonio católico que tantas veces ha sido reproducido por diferentes medios. Con sus alas de murciélago y exhalando fuego es una de las criaturas que, de llegar a existir, podrían poner en grave peligro a la raza humana. Esa es, precisamente, una de las razones por las que esta hermosa y majestuosa criatura es un símbolo del mal. Por otra parte, se puede observar  la connotación que este mismo ser tiene en la parte oriental y muchas veces, más sabia, del mundo terrestre. La divinidad, el poderío de la naturaleza y la inmensidad de la fuerza transformadora eterna de ella se ven representadas por la figura de un dragón. La sabiduría de un ente realmente anciano que vela por el bienestar de la humanidad. Sé que también existen dragones malvados en el Oriente, pero siempre he visto que han sido debidamente equilibrados con sus contra-partes benéficas.

El dragón, entonces, en nuestra civilización, podría establecer un desequilibrio entre las fuerzas de la naturaleza, si se relaciona con la existencia de estos en la mitología de Oriente. Si se continúa con las conjeturas, podría asegurarse que el mal (visto con la forma de un dragón) es un impulso que desequilibra el balance predeterminado del mundo. La maldad sería definida ahora sin las manchas religiosas que ha tenido debido a la intrusión del dragón como su máximo exponente (una metáfora del diablo o la pura maldad). Cualquier cosa, evento o actividad se consideraría malvada si lograra desestabilizar la paz o la tranquilidad de un individuo y un grupo de seres vivientes en específico o su entorno.

Sin embargo, aún quedan por definir algunos términos para completar la descripción de lo que considero el núcleo de la perversidad tanto humana como sobrenatural. Todas las acciones en contra del buen curso de la naturaleza deberían ser consideradas como crueles y perjudiciales pero, ¿qué acción podría considerarse como malicioso cuando no afecta y aún más, beneficia a quién lo hace? Es una de las eternas disputas entre diferentes puntos de vista que me he visto a debatir. La respuesta no parece ni es simple; no se puede hablar de grados de maldad sin discutir este punto, así que se hace necesario evaluarlo. Si algo va en contra de la dignidad e integridad de la persona, debe ser considerado como perverso a pesar del gran beneficio que le provea a su autor. La justificación es más bien sencilla: Mientras que al individuo "malo" no le produce ninguna sensación de desazón, desequilibrio ni angustia, al afectado, como su nombre ya lo predispone, lo afecta negativamente en su diario vivir; no importa en qué ámbito sea y le hace perder el balance natural de su vida (sea o no en lo más mínimo), evidenciando, por las razones ya dichas, la naturaleza maléfica de la acción. No interesa lo que haya antes de la acción, importa es el resultado y sus consecuencias en su entorno, a no ser que el que realiza la acción no haya podido evitar o no haya querido que pasara lo que eventualmente fue. La humanidad se hace responsable de sus acciones y es capaz de detenerlas cuando quiera. No obstante, ciertas situaciones que se salen del control del poder humano (netamente naturales) pueden considerarse como perjudiciales sin querer decir con esto que la naturaleza lo sea.

He aquí un punto clave de la discusión: un ser humano puede ser considerado cruel y malintencionado al hacer así sea solamente una acción siniestra en contra de otros, pero algo nunca podrá ser malvado si provoca a pesar de provocar maldades. Este hecho yace en el simple presupuesto de la voluntad humana. Las personas pueden elegir; los objetos (por el momento), no. Es por esto que la maldad cada vez se va convirtiendo en un asunto humano en vez de algo puramente abstracto y que anda libre en la naturaleza. Se pueden juzgar entonces, como malvados, los actos humanos pero siempre teniendo en cuenta los grados de malicia. Con esto no se pretende minimizar, maximizar o catalogar algo tan etéreo e irreducible como la maldad en tipos o niveles, solo se demostrará que, dependiendo de la gravedad de los efectos de una acción, se debe tener una reacción (de repulsión, en la mayoría de los casos, claro está) apropiada y proporcional al hecho. Es ridículo y hasta cierto punto, poco correcto empezar a insultar a alguien que dejó caer un objeto de su propiedad. Hay que evaluar siempre la magnitud del acto antes que actuar por impulsos y terminar realizando algo peor de la situación inicial. Más aún, no hay razones para ser enemigo de objetos, conceptos o elementos que hayan posibilitado que una "catástrofe" ocurriera, por lo que se dijo anteriormente sobre la no-maldad de ellos. Lo único que es, en realidad, recomendable respecto a este asunto es usar la capacidad racional de la que tanto se jacta la raza humana en pro de un equilibrio y balance del mundo como un conjunto.

Para concluir, se volverá a la noción del dragón, aquél inocente figura que ha sido prostituida por muchas culturas en una mala manera, únicamente para alienar la maldad y relegarla a algo externo o ajeno a la humanidad y su civilización "racional". El dragón (o por lo menos, la mayoría de su raza) debe ser perdonado por los crímenes que nunca cometió y que solo le fueron imputados para limpiar la conciencia de esta prejuiciosa sociedad. Déjenlo volar libre y permitan que sus cargas caigan sobre quiénes debieron caer hace mucho tiempo: los seres humanos.