jueves, 31 de diciembre de 2015

Recuerdos de los pasados

Él había caído de nuevo en ese fango emocional: Una mezcla asquerosa de desprecios y estimas que se amalgamaba a su alrededor como falsas arenas movedizas. Ese era su entorno preferido para sufrir y lamentarse por lo ocurrido pero que nunca fue su culpa.

No obstante, Sebastian se sentía liberado cuando no caía. Mucho tiempo había pasado reprimido y por fin podía decidir ser él de nuevo y nada más que eso, con sus fallas y defectos que parecían más fortalezas y cualidades.

Ahora sólo pensaba en él y su mente vagaba a parajes cada vez más oscuros de los que no quería irse. De pronto era masoquista; de pronto se quería menos que a él. Era en estos momentos cuando viajaba que se topaba de frente con la figura sólida de su ex, quien se reía de él en su cara. El inmaduro e infantil muchacho se burlaba sin piedad y sin que Sebastian pudiera hacer nada para detenerlo.

¿A dónde había ido el amor que tanto decía que le profesaba?¿Había escapado igual que el mismo Judas antes de enfrentar lo que había hecho? Sebastian lo miraba vanagloriarse de sus amantes, de sus relaciones efímeras con personas pobres de alma y como consecuencia, sufría más. Nuevamente quería arrancarse la piel frente al traidor que le retaba pero sólo caía, caía y caía.

Sin embargo, algo en su interior quería finalmente luchar.

Empezaron a aparecer como si los vomitase su alma. Mientras él parecía retocerse con un gran vacío en la mitad, ellos cobraban fuerza.

Primero, ella, alta y de largos cabellos, con su mirada suave como el color de su piel. Ella que a veces sonreía a su pesar, siendo la más cercana al daño que ahora a él le aquejaba, lo miró en el suelo y le tendió la mano, mirando con indiferencia despectiva al ofensor. La pequeña llama, Fiammetta, decidió llamarle su anterior amado Sebastian.

Tan pronto ella con su fantasmagórica figura logró desviar la atención de Sebastian, una segunda bola de luz empezó a definirse. Un hombre de estatura media y complexión delgada, con una gran sonrisa que mostraba los dientes blancos, apareció. Agitó fugazmente con sus largos dedos su cabello negro y corto antes de ofrecer la mano a Sebastian.

Él se hallaba realmente paralizado por sus dos pasados que ahora, después de las lecciones que le habían dado, le brindaban su apoyo. Se levantó sin soltarlos a la vez que el pelinegro (convino llamarle Alejandro) miraba al victimario pelirrojo. Este comenzaba a verse más pálido y evitaba cualquier contacto visual con las dos apariciones. Ahora, la tercera luz reaccionaba y se deslizó por el aire antes de formar a un hombre mayor que el anterior, de cara cuadrada y con lentes, cuya barba cuidada hacía juego con su cabello oscuro como el petróleo.

Una sonrisa imperfecta pero encantadora se pintó en su rostro mientras ponía la mano derecha, grande y blanca, en el hombro de Sebastian e ignoraba al desgraciado contrincante, que empezaba a temblar frente a ellos.
-Incluso tú, Miguel- dijo Sebastian al girarse a verlo.
Los tres personajes relegados al olvido y al tiempo eran ahora similares a guardaespaldas, evitando que el enemigo se acercara más.

Una última circunferencia de luz, con muchos tonos y colores comenzó a hacerse pequeña como si implosionara. Del preciso punto en el que se contrajo hasta desaparecer salió una mujer. De cabello castaño, liso y largo, ojos penetrantes y una presencia ineludible, se puso de pie frente al resto, demostrando que no era para nada incorpórea. Fiammetta, Alejandro y Miguel hicieron gestos de asombro y se replegaron más cerca a Sebastian. Ella, la mujer real, Violeta, tomaba energía de los otros recuerdos para ser lo que era.

Se quedó quieta mirando al enemigo a los ojos sin que este pudiera retirar la mirada. Los temblores que recorrían el cuerpo de Judas ya no eran controlables y estaba al borde de las lágrimas. Violeta intentaba no sonreír.

Sebastian alzó la mirada y comenzó a examinar minuciosamente a su último. Tocó a Violeta en la espalda, con los otros tres a su alrededor. Ella se apartó y tocó el hombro libre de Sebastian, instándolo a seguir adelante. Él dio un paso hacia la criatura mentirosa que le había hecho tanto daño. Este se movía como si convulsionara. Era patético verlo, cuando se tiró al suelo e inició su lloriqueo sin lágrimas. Sollozaba como el traidor que era a la vez que Sebastian se dirigía hacia él con el apoyo de los cuatro que observaban desde sus posiciones. Sebastian habló entonces con la indiferencia exacta que le caracterizó antes de conocer a Judas:
-Tú me diste nada.
El otro reaccionó violentamente intentando golpearlo con el puño en alto. No obstante, su brazo era una imagen y atravesó el cuerpo de Sebastian como un holograma. Alejandro se dedicó a reír sin escrúpulos contagiando a Fiammeta quien intentaba contenerse. Miguel sonrió con ternura sin dejar de mirar a Sebastian. Finalmente, con una mueca de asco y decepción, Violeta dijo:
-Acaba con él.
Sebastian adoptó un semblante tranquilo al oírla, se agachó con suavidad junto a Judas a la par que él se esforzaba por ponerse de pie. Luego, estiró la mano izquierda y la alargó hacia el pecho del mentiroso, donde se suponía que estaría su corazón si tuviese. Sin ninguna advertencia pero con delicadeza lo tocó con las puntas de los dedos.
El miedo se dibujó con rotundidad en la cara de Judas para quedar allí por siempre grabado. El color de su cabello bermejo se volvió gris y su piel de un blanco perla a medida que desaparecía, recogiéndose como un rollo de pergamino hacia los dedos estirados de Sebastian. Después de pocos segundos, sólo se veía un resplandor ligeramente naranja en las yemas de sus dedos. Él se levantó y se giró para ver a sus compañeros. Los cuatro lo observaban con satisfacción y orgullo.

Una luz nueva y diminuta crecía detrás de ellos. Una figura delgada, pálida, con lentes rectangulares surgió. Judas volvía en la manera que debía; ya su resplandor rojizo jamás iluminaría el camino de Sebastian y sólo se limitaría a servir de escudero, ignorando su propio destino.

De todos los fantasmas era él el más etéreo y sin embargo, sonreía. Era la perfecta imitación de la vida debido a su falsedad obvia.

Sebastian sonrió al reconocer al verdadero Judas y lo ignoró para agradecer a los otros cuatro. Todos , incluso Judas, volvieron a sus formas incandescentes y se reunieron para volver a asimilarse en el pecho de Sebastian

Él se quedó de pie contemplando el horizonte. No estaba solo; nunca lo había estado.

viernes, 30 de mayo de 2014

Esto es Gospel (Versión editada)

La curiosidad siempre ha sido más fuerte que mi voluntad así que no puedo evitar verles con                                   atención tomados de la mano cuando entran a los locales comerciales que frecuentamos. Los                             conocí en un club de lectura. Uno de ellos es casual y graciosamente ojizarco mientras que el                                   otro no tiene nada inusual. Son del tipo de personas que no se podían clasificar al inicio pero                                     con el tiempo representaban un rompecabezas para cada nuevo conocido.  Recuerdo más o menos el momento en que conocí a cada uno. Al primero y más simplón, poco tiempo después de ingresar al club.  “Yo soy el que lo puedo responder todo” comenzó él como presentación. “Lo dudo mucho”                                   le respondí al estrechar su mano y dar por sentado que era una de esas orgullosas personas                                   que no tienen nada que compartir o enseñar.  Era un poco feo y de cabello liso. Su contextura era algo femenina pero se podía disimular con la ropa, la cual siempre se encargaba cuidadosamente de escoger. Nunca supe determinar si                             era digno hijo de ricos o un representante de una familia de clase media. Según lo que se                                     contaba en el club, mientras todos estaban sentados en círculo con expectativa alrededor de la                               moderadora, él fue mimado pero ya no lo era. Para mí, lo seguía siendo aunque no era más                                     dependiente que el otro, el pálido pseudo europeo.  Ahora mismo, deben estar juntos, sonriendo y paseando por algún lugar artístico, en el que se                                 sienten más cultos de lo que verdaderamente son. Yo podría estar con ellos si aceptara su                                 condición y su invitación siempre abierta; ellos hacen omiso a mis muecas, a mi forma de                                 hablarles y consideran que soy su amigo, su confidente y hasta su cómplice.  A veces me sentía decidido y les ponía la cara de manera que entendieran la repulsión que                                   guardo por ellos. En aquellos días, como toda pareja, fingían entenderse sin palabras y se                               limitaban a mirarme con sonrisas condescendientes, imagino que como consecuencia de su                         posición superior.  De una manera similar, me topé con el ojizarco, llamativo, con medias cortas y una cara libre                                   sin pecas, un día que casi lo tomo por irrisorio. La fama, ganada por el tono de sus ojos, venía                                         con él y era más fuerte que su propia personalidad.  No sé si me comentó sus motivos para entrar al club o solo se limitó a darme su nombre, mas                                         recordé posteriormente lo único que respondí: “Mucho gusto, Daniel”.  No podía contestarle nada más, no podía entablar una relación amable con él; me alejé con                                 cortesía mientras pensaba con lentitud en los chismes que habían precedido a su llegada.

Cuando pienso en la relación que tenían en esa época, no concibo referirla a mis propias                                 experiencias previas. Casi siempre prefería ignorar su comportamiento aunque lo imaginaba.                       Sebastián le tomaría la mano, siempre bajo la mesa y acariciaría su palma. Por su parte, Daniel                                   sonreiría y deslumbraría a su público para que su turbio romance no se viese descubierto.    No conozco una relación como la suya y no hay nada más extraño que la forma en la que                                       siguieron juntos siempre, incluso después de los incidentes ocurridos, de los que poco pude                             saber. Estoy casi seguro que tuvieron que ver con la hermana de Sebastián, a quien nunca                                 llegué a conocer pero imaginé como una mujer hermosa, con cara de luna.    Esa anécdota es lo único que esa pareja no se animó a compartir conmigo y tengo que                                   confesar que era lo que más me intrigaba. A veces los incitaba a hablar, a uno a la vez sobre                                         ello con la intención de mostrarles lo sucia que su relación era. Nunca caían en la trampa y                                     convertían cualquier diálogo en una oda a la vida y al amor.  
La historia sobre la canción me la contó Sebastián, durante el interludio para almorzar, en una                                 de las últimas reuniones del club. El gospel se parecía a su relación ya que la utilizaba para                                     mostrar su libertad y creencia en el ser superior al mundo. No me interesaba saberlo pero                                 parecía que para él era una situación que debía explicar y que me provocaría simpatía. La fe,                                   decía, era lo que les mantenía juntos, les daba la fuerza e incitaba a continuar adelante. Esta                                   confianza y creencia, casi siempre aclaraba, se debía a los hechos y acontecimientos                           milagrosos que él había vivido con el ojizarco. El amor lograba redimir a los caídos, a los                                   somnolientos y anulaba cualquier juicio de valor parcial sobre la relación. No eran recuerdos                             fragmentados los que soportaban su filosofía sino todo el conjunto de su memoria y lo que                                 guardaba en su corazón. Era así como él mismo conseguía hacerle frente a esos insidiosos                               chismes que se hacían sobre ellos.  “No nos conocen y no han visto lo mejor de nosotros aún” repitió un par de veces a medida que                                         la conversación avanzaba. “Muchas de esas personas no creen en el amor ­y menos entre                               personas como nosotros­ pero yo creo que se dejan guiar por algunos impostores que buscan                               divulgar sus apostasías como una nueva moda”. Recuerdo con más claridad a un Sebastián                             sonriente cuando dijo “Ni siquiera cuando ocurrieron esos incidentes, me pude rendir. No podía                             hacerlo sin batallar primero”. En aquel momento, pensé inmediatamente en lo idealista e                           inocente que sonaba.

“Nosotros tenemos motivos para continuar a pesar de todo, porque, claro está, las palabras son                               peligrosas y pueden ser como cuchillos, al herirnos y dejar cicatrices si no conseguimos                             controlar la ira y los impulsos más carnales pasajeros”. Me percaté de una vez lo que los                                   incitaba a seguir juntos: el miedo. Sí, ese miedo irracional de estar separados y tener que                                 acostumbrarse a la soledad de nuevo. No obstante, junto a mí, Sebastián hablaba y compartía                               conmigo una metáfora que Daniel usaba para su lucha contra la discriminación: “Incluso en el                               fin del mundo, no nos vamos a echar a dormir. Que nos entierren vivos porque seguiremos                                 luchando”. No sé si alguna vez comprendí aquella afirmación por completo y a decir verdad,                               casi no importaba.    Después de esta conversación, se estableció un hábito entre nosotros: yo no hablaba de su                               relación ­ya que sería ignorado­ y ellos se encargaban de ayudarme cuando fuera necesario. Me                               atrevo a asegurar que fue una consecuencia derivada de mi actitud frente a su compromiso                               amoroso. Este acuerdo se cumplía correctamente y me daba cuenta que sentían cierta                           obligación por seguir con él; después de todo, ellos eran los que necesitaban mi apoyo.    El club de lectura desapareció y jamás perdimos contacto. En ese momento fue cuando me                               enteré de que habían militado en lados opuestos de la guerra por un tiempo pero, poco antes del                                     fin de esta, habían unido sus fuerzas, llevados por ese gospel metafórico del que me había                                 hablado Sebastián, para que terminara de la mejor manera.  Nadie sabe qué perdieron en ella ­yo me arriesgaría a decir que su fe­ pero fueron capaces de                                     acompañarse a pesar de esta gran catástrofe. Si en verdad se amaran como predicaban, uno                               de los dos debería haber liberado al otro, después de encontrar tantas contradicciones y                             posiciones opuestas en su vida. Esta solución era más sencilla, acorde a las circunstancias y                               les habría evitado dolores de cabeza en la guerra en la que fueron personas clave.    Yo imagino el futuro de otra manera ­su futuro, no el mío­ y en él, los encuentro en diferentes                                       lugares: cada uno con su familia, probablemente con hijos incluso, olvidando lo que alguna vez                               fueron y hasta resignándose al gobierno impuesto. Concibo que en ese caso, yo podría ser su                                 amigo, reírme con ellos mientras bebemos algunas cervezas, ver juntos alguna película de                           acción o un partido de fútbol, cuando la noche está en la cumbre.  Sin embargo, la realidad es contraria, ellos comparten residencia y demás bienes, dramatizan la                             vida de pareja normal y todos quienes les conocen, se acostumbran a ello. Mientras tanto, yo                            
intento hacerlos reparar en su error, en el que han vivido desde que les conocí; pero ellos hacen                                     oídos sordos. Tal vez sea esto lo que me ha molestado siempre.    Ahora, mucho tiempo ha pasado desde que el club de lectura fuera nuestro lugar predilecto de                                 encuentro, todo parece continuar de la misma manera ­se mantienen juntos­, pero yo logro ver,                               a través de la fachada de felicidad que ponen siempre que se presentan en público, todos los                                   problemas y accidentes, tanto ocasionados por ellos como externos, que han tenido que pasar.                             Después de todo, la sociedad es la misma que antes: muchos apóstatas somos impostores y                               les seguimos el juego a aquellos que creen, esos que como Sebastián y Daniel proclaman:                               “Nuestro amor eterno. Esto es gospel y la verdad sea dicha, no les pertenece”. Ellos creen,                                 sienten y se defienden de todos mientras de la mano cruzan la acera, sonríen a los                                 desconocidos que huyen frente a sus muestras de afecto, funden sus mentes en un solo                               pensamiento y rompen esquemas, que, sin saberlo, ayudarán a los ignorantes, como a mí, a                               creer.



Nota del Editor:
Inicialmente fue un pastiche, fallido, basado en Juan Carlos Onetti Borges y en especial de dos cuentos que el autor tuvo que leer de él para una de sus clases, Ejsberg en la costa y Bienvenido, Bob.

viernes, 3 de enero de 2014

0123

0132 - 0321 - 0213 - 2013

Esta es la hora perfecta aunque tardía para iniciar un repaso del año pasado. El tercer día del año nuevo después de dos días en los que intenté cambiar actitudes y comportamientos que luego expondré. El 2013 fue un año desperdiciado en el gran y divino sentido de la palabra. Debo explicar muchas cosas para confirmarlo pero si de algo pueden estar seguros es que ignoro cuál sería la canción apropiada para él. Hay quien diría que "Sometimes" - No Doubt podría ser perfecta o la cursilería hecha melodía de "Still Into You" de Paramore, no obstante, mi balanza no se inclina a nada en especial en este momento específico.
Haciendo gala de mi habilidad para perder el punto de lo que escribo y aburrir a los lectores con nimiedades, retomaré.
El año pasado inicié con la misma resignación de todos los anteriores. Ir a estudiar la dulce ingeniería que tanto amé en compañía de mi gran repertorio de amistades y conocidos. Era un semestre por completo decisivo ya que me aseguraría mi continuación y mi interés por tan poco agraciada carrera. Todos ustedes saben que abarqué bastante más de lo que debía y no logré subsistir como un remedo de ingeniero.
Entonces todo ese esfuerzo que hice (porque hubo) y lo mucho que me concentré en comprender la perspectiva de un estudiante lógico, no hizo sino coartar mi tiempo. No sé cuántos libros leí en aquellos primeros seis meses del algo pero no puedo decir que fueron más de dos. Renuncié entonces a mis placeres espirituales de escribir y leer para enfocarme en estudios de ciencias físicas que no dieron resultado alguno.
Una gran sorpresa para mí cuando descubrí que los estudiosos literarios fueron capaces de aceptarme entre sus filas a pesar de mi catastrófica vida académica. Un halago sin duda que fue tan solo eso y me llevó a seguir malgastando mi tiempo.
Y mi dinero.
Utilicé entonces mi tiempo y mi dinero adquirido por mi trabajo intentando hacer menos ignorantes las mentes de ciertos jovencitos, para asuntos mundanos. Claro está que no es algo que no hubiese empezado a hacer hacía un tiempo. Gasté dos de los bienes más preciados en personas que probablemente no lo merecían o no valían la pena (no necesariamente las dos a la vez).
No es que ganara mucho dinero en esa época, comparado con lo que ahora devengo, pero aún así logré pagar más de lo que obtenía a cambio.
En realidad no importa mucho qué tanto gasté o con quién, sino el esfuerzo que tuve que hacer para conseguir el dinero y que aún así, haya sido en cierto sentido malgastado.
De cualquier manera el dinero es algo que se puede recobrar, el tiempo, no.
Y ese sí que fue derrochado como si fuera inmortal. Con personas, en situaciones que actualmente no me reportan ningún bien.
Y así, llegamos a mi cumpleaños, en el fabuloso limbo del año. Este, por completo ofuscado por las consecuencias de mis falencias académicas, pasó advertido solo por cortesía y le siguió una semana de tormento gracias a su servidor.
No tiene sentido recorrer ese punto. Da igual la hora.
Las mentiras crecían como enredaderas en la parte interna de la pared frontal de una casa, solo visibles hasta que se hicieron lo suficientemente grandes.
Sí, en el viaje, en el tiempo, en la rutina diaria, en los regalos.
Afortunadamente fueron enredaderas a las que se podía matar con pesticida y arrancar las raíces, tan solo esperando que no volvieran a crecer.
La segunda parte del año. Parecía oscura con su claridad característica. Aquella que el escribir ocasiona.
Debo agradecer a la persona que comprendió mi situación y que, a pesar de que no era su asunto, logró convencerme de acompañarle, a hacer algo por la vida.
Hablo de la actividad económica que consume mi vida actualmente pero que me da ese dinero que tanto necesito para dárselo a otras personas.
Hay muchos de quienes me distancié por esta ocupación y hay otros pocos que encontré y con los que pude compartir algún tiempo convirtiendo esto en un gran cambio y una limitación en el tiempo de mi vida.
Sin embargo, mi razón para vivir nunca cambió; sigue ahí y es la que me impulsa a seguir adelante y por la cual estudiaré el próximo año. Por ella es que alcanzaré mis logros y metas y si necesitan que se los aclare, jamás ha sido una persona.
Ahora me siento mejor que antes y es muy probable que nunca haya perdido ese sabelotodo que fui alguna vez en mi vida escolar.
Todo solo puede mejorar si conoces tus talentos y debilidades y sabes cómo utilizarlos.
Enamórate de tí mismo porque un día serás la única persona que tendrás - "Anklebiters" - Paramore
Por ahora solo me queda cerrar con los inesperados agradecimientos (si no sabe en qué parte de la lista se encuentra, pregunte).
Agradezco entonces a los mejores amigos que siempre están ahí y que escuchan a pesar de que yo sea obstinado y terco.
A mis amigos temporales que me escriben cada tanto y a los interesados que logran buscar la manera de hacerme sentir útil.
A los escritores, de los cuales solo conozco un color que me agrada mucho.
A los agentes, que no saben lo complicado que es encontrarte por completo.
A quienes no se rinden y logran hacer sonreír aun cuando es el peor momento.
A los desaparecidos que cuando aparecen solo lo hacen para contar a medias el chisme de sus vidas.
A los parientes, variados pero conectados a la vez, formando una gran cadena de soporte.
A las letras que eran falsas y a aquellas con las que intentaron herirme.
A las palabras que escribí y que fueron dirigidas a personas que no debían oírlas.
A las oraciones que formé, intentando conciliar mi molestia con el mundo y mi paz interior casi constante.
Finalmente, muchas gracias al 2013 por demostrarme como es que no debe ser un año de mi vida y qué es lo que debo hacer para evitarlo en el futuro.

martes, 29 de octubre de 2013

Costume - Custom

Es hilarante que dos palabras tan diferentes en un idioma se puedan parecer tanto en otro. Costumbre y disfraz. Custom y costume. A decir verdad, si yo no manejara el inglés como supuesto segundo idioma, tendría más que preocuparme por esas dos. Nadie quiere decirle a otra persona que tiene una bonita costumbre cuando intenta halagar un disfraz, o que deje ese disfraz cuando le pide que renuncie a la costumbre de vestirse elegante. Se producirían muchos malentendidos de ser así.

Ahora que tengo la costumbre de hablar en inglés, me aburre hasta cierto punto y en determinados momentos, estar tan inmiscuido en ese idioma, tan empapado y no sentir que lo domino por completo. Ahí está el problema; no en el hecho preciso de no ser capaz de perfeccionar mi dominio sino en la costumbre. En la acción repetitiva y monótona de hablarlo, oírlo, escribirlo, sentirlo todos los días. No poder escapar de él y tampoco querer hacerlo. Y este es solo un ejemplo de la multiplicidad de costumbres en la que la mayoría de los humanos se enfrasca cada día, no solo yo. No necesariamente tiene que ser el idioma, puede ser cualquier cosa. Todos los días tomo un bus en el mismo lugar para ir a mi casa, cada noche me siento en la misma silla a observar la misma pantalla y rehacer las mismas actividades del día anterior por algunas horas, con minúsculas variaciones al igual que otros miles de millones de personas en el mundo que simplemente "viven" un libreto.

Custom is only something that you agreed to do. No one can ever make you adopt a custom.
No es por completo cierto. Cabe la gran posibilidad de que el planeta Tierra dando vueltas alrededor del Sol sea el que provoque u obligue a que el mundo sea tan "acostumbrado". O la sociedad tan empecinada en navegar hacia un futuro porque sí. Porque las siguientes generaciones merecen un futuro en el que seguir haciendo lo mismo de por vida.
No me decido si está bien o no seguir una rutina. Para alguien a quien le gustan las cosas seguras, a la mano, predecibles, es un camino perfecto. Para otro tipo de persona aventurera, que se aburre fácilmente y que desea verlo todo, es solo la guía a un infierno. Para mí, depende del día pero está mal cuando siempre es siempre. Incluso la forma en la que escribo es una rutina; no porque sea un ciclo o el mismo tema sino porque ¿cuándo carajo voy a cometer un error garrafal en la redacción, ortografía, coherencia, cohesión o sintaxis que saque eso de mis costumbres? Bueno, ya lo hice. Ya no es costumbre *Risas* (Sí, de esas que ponen en las entrevistas a famosos, los cuales se pavonean al no tener una vida llena de hábitos diarios).

No contentándose con darnos un libreto, a la vida se le ocurrió darnos un "costume" también. Sí, ese disfraz que llevan los políticos antes de las elecciones y del que se despojan una vez tienen el poder. Pero no es exclusivo de ellos, no lo crean. Yo mismo tengo uno. La apariencia física tanto como la manera de vestir que convencen a las personas que soy menor de edad, que soy tonto e inocente, muy al estilo de un muchacho sobreprotegido por una familia llena de lujos. ¿Quién quita que sea verdad, no? Ya quisiera en parte que lo fuera y no tuviera la inteligencia suficiente para escribir esto, o la libertad. No sé cuál de las dos es más necesaria para una empresa así. El asunto aquí es el disfraz. Veo personas caminando hacia el futuro, muchas de ellas se parecen, pero al conocerlas, al probarlas, cada una se comporta de una manera diferente. Un mismo disfraz pero diferentes personalidades bajo él. Un policía que entrega su vida al servicio y se arriesga por hacer respetar la ley mientras otro se sienta a ver autos pasar a toda velocidad por la ventana de su auto. ¿Ambos son policías, no? Y uno es gordo y tiene sudor en la camisa, lagañas en los ojos y un bigote poblado mal cuidado mientras que el otro parece salido de un club de striptease, vestido con elegancia y unas gafas oscuras de diseñador. Las apariencias engañarán y ustedes me dirían que el gordo es el que deja pasar los autos, pero puede que no sea así. ¿Quién sabe? Ver para creer.

Habría que quitar todos los estereotipos, prejuicios antes de entablar cualquier tipo de comunicación, para asegurar una relación libre de asuntos ocultos o malentendidos. Mas aún, estos disfraces son los que causan que las personas se resignen a las mismas costumbres. Que si soy un estudiante adolescente, debo seguir mi rol de estudiante a la vez que me debo rebelar una vez a la semana, yendo a hacer lo mismo en un lugar muy similar después de recorrer el mismo horario académico de siempre. Que si soy una ama de casa, debo primero lavar la ropa antes de trapear el piso o arreglar las habitaciones. Que si soy un ingeniero, debo pensar, hacer cálculos y planear mucho como primer paso, sabiendo que aun así, todo puede salir mal. Nada es predecible y así debe ser la vida.
Sin costumbres o disfraces.
Incluso si haces lo que te gusta todos los días de tu vida, olvidarás cómo lo disfrutabas al inicio, porque la monotonía de la costumbre caerá sobre tí y suavizará considerablemente el placer que sientes por hacer algo. Incluso si aparentas ser quien quieres ser, te darás cuenta que estás vacío y no tendrás más en tu vida más opciones sino seguir muchas charadas cíclicas para mantener la imagen.
¿Cómo puedes reconocer la felicidad si siempre estás feliz?
¿Cómo darte cuenta de lo que eres cuando ves en el espejo a alguien predeterminado, moldeado?
La utopía más grandiosa de la humanidad en la que olvidamos los disfraces y nos deshacemos de las costumbres que nos atan a una existencia cegada y sesgada. La conclusión a la que llego después de un inusualmente desordenado escrito es esa. Realmente no interesa sino eso, dejar de pretender tanto por la apariencia como por los actos, repetidos que nos hacen a todos ver iguales.
El secreto está en arriesgarse por ser, hacer y vivir. No hay libretos, vestuarios; solo un escenario y tenemos la oportunidad de hacerlo nuestro, creando lo que sea que más querramos.
Sea bienvenida la verdadera vida.

domingo, 20 de octubre de 2013

Escondido

La larga serpiente de tonos verdosos se deslizaba por la hierba, pensando. Sí, podía pensar y recordaba muchas cosas.
Otra serpiente, más larga que sus congéneres, hermosa como ninguna que rehuyó de su presencia apenas tuvo la oportunidad.
Un príncipe que le quiso. Un príncipe que le acogió en su hogar como un ser humano más.
Una oportunidad. La oportunidad de vivir como una persona más.

Crítica a la razón impura

Échale un vistazo a aquella persona, siempre tan elegantemente vestida, tan culta y correcta. ¿Ves cómo actúa? Es educada y demuestra todos los valores que deben enseñarle a las personas en su hogar. Da orgullo verla mientras se ríe de las desgracias ajenas y hace comentarios sobre ellas como si se tratara de un día de mal clima...
-¿Será que ya puede dejar de llorar? Deje el show y empiece a comer. Para eso la invitamos, no para amargarnos el rato (En susurros a su otro compañero de mesa) No es como siempre lo hiciera...
Un espectador podría llegar a preguntarse, viendo la actuación tan impecable de aquella persona de la alta sociedad, ¿qué fue lo que le hizo la mujer que está presa en sus propias lágrimas para tener el honor de ser tratada de una manera tan privilegiada y única?
La respuesta correcta puede llegar a impactar y a dejar dudas en las mentes de los lectores, por su naturaleza perfectamente irracional e ilógica: Nada.
La mujer tan solo quería pasar un rato agradable con sus amigos, los cuales, al verla llorando luego de recibir una mala y triste noticia, no son capaces de entender por lo que está pasando y más aun, se limitan a criticar subjetivamente y con crueldad la actitud por completo natural de alguien que se siente impotente en algún momento de su vida.
Nadie desearía tener ese tipo de amistades cultas, inteligentes y amantes de la lógica que, tan pronto que ven alguna demostración de sentimientos, algún error cometido o desgracia acaecida, caen sobre la persona con el único propósito de hundirla aún más, de ahondar en lo malo, recalcando la vergüenza que les da lidiar con alguien tan ridícula como para llorar por un ser querido.
Porque al caído hay que caerle para que no se levante, ¿no? Extraño que sean aquellas personas tan sincronizadas con la razón y los algoritmos lógicos los que más practiquen esta afirmación dado que no hay forma acertada de argumentarlo sin riesgo a caer en axiomas e hipótesis improbables. Lo confirmo yo, un supuesto intelectual y culto personaje que jamás leyó la Crítica de la Razón Pura de Immanuel Kant, la cual (según creo y temo estar absolutamente equivocado) habla de la manera en que la experiencia y la razón en sí misma logran complementarse para hacer de cada ser humano lo que es, incluyendo su comportamiento, reacción frente a situaciones usuales y catástrofes. No soy precisamente un gurú en el tema... A decir verdad, no soy experto en prácticamente ninguno pero ese no es el punto aquí.
Sea como sea, una persona con la capacidad de razonar con la cabeza fría, tiene la habilidad de darse cuenta de los problemas de los demás, comprenderlos, ofrecer ayuda y demostrar algo de empatía, conexión con el fin de hacer sentir mejor a la otra persona sin incitarla a dar círculos alrededor del mismo asunto.
No obstante, son aquellas supuestas grandes mentes y pensadores actuales en las pequeñas sociedades los que menos hacen gala de esta capacidad. Se remiten a su razón una vez necesitan defender sus ideales pero la olvidan por completo cuando ven la oportunidad de criticar, ridiculizar y hacer sentir a alguien menos que ellos. En esos momentos se dejan llevar por sus educadas emociones que les incitan a hacer comentarios cuando no deben y de una forma incorrecta. Falta de tacto, imprudencia y la necesidad de ver a alguien peor que ellos para sentirse mejor son las guías de sus vidas, realmente carentes de cualquier lógica y razón.
¿Cuál es la necesidad de insultar, criticar y exaltar las peores cualidades de sí mismo con el mero hecho de comentar ácidamente la situación deplorable de alguien más?
Cabe aclarar que la crítica está bien y es beneficiosa, siempre y cuando se haga de la mejor manera, con la intención de mejorar a la otra persona, dando argumentos y demostrando la experiencia propia para enaltecer al otro, dejando de lado cualquier sentimiento errante y pútrido que afecte el verdadero razonamiento.
Claro está que esa no es la manera en que estos falsos intelectos actúan al acercarse a otra persona y es precisamente ese detalle el que soporta la teoría. De ahora en adelante se podrá llamar "razón impura" a ese hilo de pensamiento que utilizan muchas personas, quienes se creen abanderados del Siglo XXI y su desarrollo, para demostrar su superioridad sobre sus congéneres, resaltando más sus propios defectos que los ideados para otros.
No tiene lógica alguna que un grupo de gente que pretenda ayudar al desarrollo de una sociedad confíe en lanzarse críticas internas con las palabras menos adecuadas y de la peor forma como la más común forma de retroalimentación. No hay necesidad alguna de utilizar insultos o comentarios de mal gusto para expresar una opinión, que si está bien infundada, se argumenta por sí sola y calla al interlocutor de manera inmediata, haciendo que reflexione sobre la misma. Esa "razón impura" llena de prejuicios, primeras impresiones y suposiciones sirve únicamente para hacer críticas destructivas, las cuales van en contra de la evolución de cualquier comunidad. Es más sencillo evolucionar cuando los individuos colaboran en conjunto por ello mas que cuando se matan por ser mejores en vez de competir de manera amigable entre ellos.
He aquí entonces a un individuo sinvergüenza, descarado y algo imprudente que, a través de esta reflexión, concluye que la crítica se debe hacer de la mejor manera, utilizando las palabras adecuadas y en los momentos justos para que sea efectiva y beneficiosa. Sin embargo, hay momentos en los que no se necesita y lo que es más recomendable es entender y acompañar a la persona en cualquiera que sea su situación antes de lanzar juicios de valor u opiniones llenas de resentimiento y rencor.
De esta manera y siendo yo un crítico de primera, espero no caer en la misma bolsa que otros, dispuestos a hacer uso de la "razón impura" para alcanzar objetivos materiales y llenar su vacía vida, y los cuales siendo capaces de escribir de la misma manera que yo, lograrían escribir un texto argumentativo refutando este, como se esperaría que hicieran, una vez se identifiquen subliminalmente con él.
Finalmente, una advertencia. Piensa objetivamente y sin reparos antes de hablar y así evitarás caer en el abismo de la ignorancia por omisión como la mayoría de los críticos de gran inteligencia hacen al encontrar la oportunidad perfecta de opinar. No tendrás que preocuparte más por aparentar ser inteligente si lo demuestras con tu forma de razonar y tratar a los demás. Y olvídate de una vez por todas de la "razón impura".

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Schokolade

Todo empieza cuando debe pero no sé por qué todo termina de un momento a otro.
Comienza con un comentario estúpido y para nada atractivo. Todo es diferente y las nuevas personas cambian la perspectiva. Pero yo escondo más de lo que debería. Si todo estuviera planeado en una vida alterna...
Tiempo. De ese que no importaba mucho hace unos meses. Del que me había olvidado y había dejado ir. ¿Para qué me lo pides? No soy nadie. ¿Me conoces?
Compartir experiencias con alguien que no debes, que es solo otro de esos rompe-corazones sin alma que la Tierra escupió un horrendo día.
Saltando de flor en flor como un maléfico pero encantador colibrí, así es como vive la persona a la que no le cobras renta.
Es como convivir con el enemigo disfrazado de pretendiente...
Valentín. ¿Sabes qué significa eso? No, no lo sé (o al menos pretendí no saberlo).
Un regalo que no dañará a nadie y se podrá ocultar fácilmente. ¿Por qué no compartirlo con el mundo exceptuando aquel quien no pone atención? Buena idea.
Sé que debes querer besarme y no puedo permitirte hacerlo. ¿Quieres saber por qué? Ese maldito secreto que no debería serlo, que por otra persona lo es. No soy tan libre como parezco... pero soy un descarado y coqueteo con la mitad de las personas, tan pronto me doy cuenta que son atractivas.
¿Estás de acuerdo con eso?¿Te das cuenta que te topaste con uno de los peores partidos de la historia?
Nadie en sus cabales podría aguantar un golpe tan bajo como ese. Una ilusión literal de una persona, una imagen de un espejo oxidado y roto.
No pidas disculpas por reaccionar de una manera tan natural frente a una catástrofe humana como yo.
¿Por qué tratar?¿En serio quieres hacerlo?
No sabes en lo que te estás metiendo y agradezco ahora que hayas salido a pesar de todo.
NO PUEDO o mejor dicho no debería hacerlo. Dejemos que todo fluya como "debe". Que el destino tan hermoso que siempre me huye me confunda y me encuentre con su gemelo malvado.
Podemos pretender que las horas, los escasos momentos, son mejores de lo que realmente son. Actuemos y hagamos de cuenta que todo puede ser mejor.
De cualquier modo, nunca estoy solo y la Muerte no vendrá por mí tan pronto como parece.
Tantas cosas que se pueden encontrar en común con alguien...
Pero no nos dejemos llevar por ellas. "No espero mucho de esto".
¿Por qué me das tanto de tí mientras que muchas personas no lo darían? No soy el correcto, para tí ni para nadie. Solo soy un fantasma sin rumbo...
Desinteresado con D de... No sé qué pensar. Las comparaciones son tediosas...
Apúrate, el tiempo se acaba y las oportunidades caducan. ¡No te afanes por mí! No vale la pena.
Cierra los ojos que tengo una sorpresa para tí. ¿Sorpresa?¿Cerrar los ojos?¡Claro que no! Tengo que ver a quién le hago daño...
Olvidemos el episodio y volvamos al momento en el que todo parecía funcionar, ¿te parece?
Amnistía para todos.
Entra, vive acá y no pagues renta. Chocolat. Schokolade.
No agradezcas.
Danke? Arigato? Thanks?
¿Importa el orden en el que narre las cosas? Al final, será el final y el principio estará donde debe estar.
Encuentros casuales, charlas no tan casuales...
El reloj está en contra de nosotros pero el pícaro y malintencionado destino consigue juntarnos en algún momento.
Ocupado en tus cosas. Por eso me ignoraste.
(Tenía miedo de verte) No es que seas alguien que pase desapercibido...
No importa. Mañana.
Todo pasó tan rápido y fue agradable. Más cosas en común pero ¿acaso importa? No tienes ninguna oportunidad conmigo. Mientras tú tratas te llamar mi atención, yo no me rindo y peleo por una causa prácticamente perdida...
Te acordaste. No me olvidas.
Es bonito saber que la gente lo recuerda a uno.
100/100. Buzón de entrada lleno. Borrar mensajes.
Leo. Tomaste la mejor decisión. No te hago ningún bien. No suelo hacer bien a las personas. Soy uno de esos superhéroes secundarios, que solo están para soportar al principal y que cada vez que intentan hacer algo bueno, no hacen sino empeorar las cosas. No intentes nada aunque sea benigno por tu cuenta...
Perdóname por herirte. Eres una gran persona. Soy yo el que debo decir "Lo siento".
(It means I can't stand looking at your eyes)
Vuelve a los días en los que tenías oportunidad de encontrar a alguien que se enamorara de tí, de tu sonrisa y de tu mirada.
Vielen Dank. Es ist ein köstlicher Schokolade.
(Ich spreche kein Deutsch).