domingo, 8 de julio de 2012

Inmunidad

El "interesante e intelectual" pelinegro sonrió al ver como ella caminaba con presteza, demostrando una belleza que nunca había llegado a comprender. Ella le sonrió y él se dio cuenta que no le molestaba tenerlo cerca; que, a pesar de que las cosas habían llegado a su fin hacía mucho tiempo, ella no sentía reparos a la hora de demostrarle su inmerecido cariño. Su suave piel de tonos claros, sus labios dulces y sus penetrantes ojos atraparon la atención de él mientras ella seguía de pie al frente. Sin mutar su expresión, ella acarició con ternura su mejilla y enredó sus largos y estilizados dedos en su cabello. Él, anonadado por el gesto, solo consiguió hacer una mueca en vez de una sonrisa.
-Es igual que antes- dijo ella en un susurro.
Él abrazó el silencio. No quería pensar en lo que ello significaba. Preferiría seguir bajo el delicado cariño de aquella de quien alguna vez había creído estaba enamorado. Le permitió continuar, sostener su cara, su cabello, su ser a la vez que luchaba internamente por encontrar el valor para alejarla de sí.

Para mal o para bien, siempre he admirado a aquellos que tienen la capacidad de ser inmunes a cualquier estímulo externo de otras personas. Ese tipo de hombres y mujeres que no caen ante una sonrisa, una mirada, una cara bonita, un gesto atractivo, una melodiosa voz o un cuerpo esbelto. Tienen la habilidad de dejar pasar cada una de las características que componen a alguien para, si solo así ellos lo desean, evaluar a la persona como un todo, sin dejarse encantar parcialmente por sus llamativas cualidades físicas. No se preocupan entonces por alguien que osa acercarse a ellos y sin quererlo conscientemente, utiliza todas sus armas seductoras, ya que harán caso omiso a todas ellas, haciéndolas tan inútiles como un lápiz sin mina. Hechos del más puro mármol, las experiencias románticas no logran hacer mella en su superficie y solo logran pulir su ya brillante apariencia. Su historial amoroso no representa nada más que enseñanzas, oportunidades de ser mejores y aciertos, sin importar el desenlace de cada relación.

Nadie sabe cuanto desearía ser así. Un inmune al pasado, al presente y al futuro. He pasado gran parte de la vida lidiando con vergüenzas que podría haber evitado de no haberme dejado llevar por algún factor externo. He tenido que aceptar las consecuencias de mis actos con más sinceridad y compromiso que muchos otros. Y lo más importante, he tenido que ocultar lo mucho que me afectan ciertas personas de mi pasado. Alguna vez en mis idiotas memorias de mi pasado, aseguré que cada persona había dejado una cicatriz en mí, incurable y que se encargaría de recordarme lo que había ocurrido. En este momento, una de esas marcas palpita lentamente y no me permite continuar con tranquilidad.

Me pregunto, ¿en serio cree que no me causa nada? Para el infortunio de la para nada olvidada Hermione, no soy de piedra. Sus gestos y su forma de tratarme aún pueden influenciarme, aún me recuerda lo que sentí alguna vez, aún me hace rememorar el tiempo que pasamos juntos. No deseo hacerlo. Me opongo a volver al pasado, a pensar en inútiles segundas oportunidades, a retroceder en mi perdición. ¿Qué más da? Ella me olvidó y yo no fui capaz de hacer lo mismo. La dejé de lado y todavía me hace falta. La expulsé de mi vida y todavía deseo preguntarle por qué no somos amigos. La necesité y, aunque ahora no lo hago, no puedo arriesgarme a que vuelva a suceder. Siempre se vio tan hermosa en el pasado...

No puedo terminar esto acá. Tengo que confesar que me he dejado llevar más de lo que debo. Que he comenzado a tantear terrenos imposibles con una de esas personas inalcanzables por las que perdería lo poco que he ganado. La decisión es la adecuada. Adoptar la inmunidad del mármol.

viernes, 22 de junio de 2012

Una cuestión de perspectiva

De los personajes:

Una dulce anciana, de corta vista por su edad, se prepara para cruzar una avenida en hora pico. Debido a múltiples inconvenientes, el puente por el que debería pasar, se encuentra en reparaciones estructurales. La mujer tiene afán: Ha dejado a su nietecito de 6 años en casa solo. Debe volver tan pronto como le sea posible para asegurarse que no le ocurra nada malo.

Un respetado caballero se encuentra sentado al volante de su flamante vehículo. Espera a que el embotellamiento de vehículos avance y le permita girar por una calle a su derecha hacia el oriente de la ciudad. Debe llegar a su oficina para solucionar un problema relacionado con una estafa hecha a su nombre. Da golpecitos al volante intentando calmar sus nervios mientras se percata del movimiento de autos adelante.

Un honesto conductor de taxi piensa en su hija y esposa que le esperan en casa después de una ardua jornada nocturna de trabajo. Tiene sueño pero él no permite que este hecho afecte su forma de conducir. Siempre ha criticado a sus compañeros que llevan las riendas de su vehículo como si fuera un carro de caballos en medio de una gran batalla. El tráfico adelante comienza a avanzar y él mueve la palanca de cambios adelante, para poner en marcha el vehículo.

Un trasnochado joven, estudiante de universidad, golpea con insistencia el manubrio de su motocicleta, malhumorado por el poco espacio que dejan los vehículos de esa avenida para maniobrar. Recuerda con gracia la noche anterior, en la que festejó el final de semestre hasta quedar en el suelo sin el equilibrio suficiente para poder levantarse. Ve entonces un resquicio entre un taxi y otro auto en el que puede pasar. Se dirige con premura hacia él.

Un cansado obrero descansa sobre una improvisada silla, junto a su lugar de trabajo. Toma una gaseosa mientras observa el lento avance de la obra. Por las ansias de dinero de quienes construyeron inicialmente el puente, el gobierno de la cuidad contrató a su empresa para reparar los daños causados a la estructura. Desde ese momento hasta ahora, han transcurrido ocho días de arduo trabajo por parte de él y sus compañeros, quienes aún están enfrascados en la reparación.

Una atractiva muchacha de cabellos dorados se encuentra a un lado de la avenida, esperando el vehículo que la llevará a su casa. Acaba de salir de la casa de una amiga; se encontraba realizando un trabajo final que comprende una gran parte de una asignatura a la que está suscrita en el instituto. Se queja mentalmente de la cantidad de autos que obstaculizan el único taxi a la vista. Alza la mano y le hace la señal de pare.

De las decisiones:

La anciana cruza la calle después de un autobús, detrás del que no hay aparentemente ningún vehículo. El caballero acerca su auto a la orilla  con el propósito de tomar fácilmente la calle hacia el oriente. El conductor decide recoger a la muchacha, pensando que una carrera más no le vendrá mal. El joven balancea su motocicleta entre el taxi y la orilla y aumenta la velocidad para dejarlo atrás. El obrero se permite dar un mordisco a un sánduche antes de volver al trabajo.


Del hecho analizado y sus resultados:


La anciana llega al otro lado de la avenida, la muchacha le da la mano para ayudarla a subir a la acera y ninguna de las dos se percata del accidente. El caballero agradece que el taxi de enfrente hiciera una maniobra de evasión extraña y aprovecha el momento para colarse por la calle al oriente. El conductor del taxi sin ánimo de perder una cliente se dirige a la derecha pero, en un intento por evitar atropellar a la anciana, gira hacia la izquierda sin darse cuenta del joven motociclista que pasa por encima del techo del vehículo con la fuerza del impacto. La motocicleta sale derrapando por la acera hasta golpear al obrero, empujándolo contra la base del puente. Queda inconsciente en el acto mientras que el joven cae desde la parte trasera del taxi al suelo.


La anciana corre hasta su casa, donde encuentra el lugar lleno de humo: una sartén sobre el fuego ha derramado su contenido que ha apagado la llama y ha inundado el edificio por completo de humo y gas metano. Busca con afán a su nieto, al que encuentra dormido y sin daño alguno.

La muchacha se acerca rápidamente al joven de la moto, que está en el suelo. Le presta los primeros auxilios mientras que el conductor del taxi llama con premura a una ambulancia. Nadie se fija en el obrero que la moto ha golpeado hasta que llega el servicio de emergencias. El hombre ha perdido la movilidad de sus extremidades inferiores y es subido a la ambulancia junto al joven, que sufre de trauma craneal severo, a quien acompaña la muchacha, que se convertirá un tiempo después en su novia por mucho tiempo.
El caballero llega a la oficina y logra demostrar su inocencia frente a los cargos que se le imputan.
El taxista pierde la licencia y su taxi debe ser retenido mientras él consigue el dinero para pagar una multa exorbitante.

¡Qué catástrofe!


Del análisis:

La última frase del fragmento anterior puede ser refutado, si se limita a ver pedazos de lo ocurrido. 
  1. Si la anciana hubiera sido atropellada, habría muerto y también lo hubiera hecho su nieto, pues ella no habría tenido la posibilidad de sacarlo de la asfixiante casa. Por otra parte, si ella se hubiese detenido a mirar el accidente, su nieto se habría quedado sin aire y probablemente hubiera sufrido complicaciones en su salud. Para la anciana, esto pudo haber sido una catástrofe, pudo haber resultado en un hecho malo para ella y su familia, pero no lo fue, así que está bien.
  2. Si la muchacha no hubiese ayudado a la anciana, esta última se habría quedado en el borde de la calle mientras el accidente ocurría. Pudo haber salido lastimada y la muchacha, al sentirse culpable, se habría encargado de ella, en vez del joven y nunca hubiera iniciado una relación con él. Algo similar habría pasado si ella no le hubiera hecho señas al taxi, para que parara. Para la muchacha, ese hecho significó conocer a su compañero de vida, así que es un asunto bueno.
  3. Si el caballero se hubiese dado cuenta del accidente y hubiera ayudado a los heridos, las acusaciones en su contra habrían tomado tal fuerza que hubiese sido llevado a juicio en poco tiempo. Tendría que haber aguantado una gran temporada en prisión, sin nada más que pudiera salvarlo. Si la anciana se hubiera demorado un poco más en cruzar la calle, el caballero la habría atropellado y su destino sería similar al anterior, con la única diferencia en sus causas. Para el caballero, entonces este hecho resulto beneficioso y, por consiguiente, bueno.
  4. Si el taxista no hubiese decidido ir por la muchacha, no habría ocurrido accidente y él no hubiera perdido su licencia ni su auto. Para el conductor, es una catástrofe lo que ocurrió.
  5. Si el joven no hubiese intentado pasar por el lado del taxi, no habría estado hospitalizado durante tanto tiempo por el trauma. No obstante, nunca habría conocido a la muchacha. Así que, para el joven, a pesar del daño pasajero, este accidente fue algo bueno.
  6. Si el obrero no hubiera tomado un descanso, su vida habría seguido el mismo curso que llevaba hasta ahora. Si lo hubiera tomado pero no hubiese comido nada, hubiera pasado algo similar. Para el obrero pudo ser mucho mejor, pero este hecho destrozó su vida y su forma de trabajo, por lo que es una catástrofe.
Para cuatro de seis personas, pudo ser peor y según ellas, es lo mejor que pudo haber ocurrido. Sin embargo, a las otras dos les destruyó la vida como la conocían y modificó sus destinos de la manera más nociva que fue posible. ¿Cómo determinar si un acto como este es malo o bueno con tantas formas de verlo? No se puede pretender utilizar un recurso matemático para solucionarlo. Cuatro contra dos, los cuatro tienen razón y este accidente fue un golpe de  buena suerte. Estaría mal tan solo pensar en evaluarlo de esa manera. Dada esta imposibilidad, ¿cómo se puede asegurar la existencia de la maldad o la bondad en el hecho sin dejar ningún detalle atrás?

De las conclusiones:


Se podrían evaluar más ejemplos para dar fuerza a la teoría que seguirá, pero limitándose a este, se puede asegurar que tanto la bondad como la maldad son relativas. Dependen del punto de vista del que se vean los hechos. Muchas personas podrían asegurar que nadie vería un accidente de estos como algo bueno, pero se aclara que cada perspectiva evalúa los hechos que conciernen a cada persona, no se deja llevar por las cuestiones de educación o solidaridad. Muchos otros pueden, entonces, negar que alguna vez han visto un acto "de naturaleza malvada" como algo bueno si les beneficia, afirmación que carece por sí sola de sentido y cuya demostración no concierne al desarrollo de la idea general de este texto. Se puede decir entonces que nunca habrá algún hecho carente de bondad o maldad inherente, ya que estos están adjudicados por cada mente que los evalúa y que interactúa en ellos. Los seres humanos son duales y no pueden pretender que actos causados por ellos se limiten exclusivamente a un lado del espectro. Determinar lo que es para alguien cualquier asunto será entonces, una cuestión de perspectiva.

jueves, 21 de junio de 2012

La emboscada. Tercera carta.

Creo que tengo mi plan. Para escapar, por supuesto. Lo construí al escuchar que Caleb estaría ausente el día de hoy, aunque no sé la razón de ello. Tengo que esperar a que el guardaespaldas regrese para dar inicio a mi escape. Me alegra tanto saber que podré buscarlo; es lo único que me impulsa a seguir adelante. Considerando que llevaré a cabo mi plan y que puede que tenga que estar huyendo constantemente de la Brigada, intentaré escribir ahora todo sobre lo ocurrido antes de ser capturado. No obstante, seguiré desde el punto en el que me quedé la anterior carta dirigida a nadie, donde me había percatado de la cara real de la Brigada.

La realización del proyecto "Autómata" fue motivo suficiente para reconsiderar mi posición respecto a mis responsabilidades con la Brigada. El hecho de estar allí nos aseguraba a mí y a mi familia, estabilidad y seguridad, pero me quedaba difícil serle fiel a una entidad que sesgaba la autonomía y originalidad de las personas, aspectos por los que yo siempre he luchado. Sin embargo, no podía tomar mi renuncia a la ligera. Había oído que quien dejaba la Brigada era posteriormente llevado a juicio por traición al Estado (como solía hacerse en tiempos antiguos). Este proceso era tan corrupto que llegaba al extremo de encarcelar a toda una familia, adjudicándoles el mismo cargo. A pesar de que la situación decía lo contrario, mi mayor interés estaba en el bienestar de mi familia.

Para asegurar un buen destino para nosotros después de que yo me retirara de mi actividad con la Brigada, le pedí a Caleb que me contactara con una mujer que había escalado rápidamente hasta los altos mandos de la organización. Le decían Scarlet. La mujer, quien tenía una extraña relación con el Supervisor Caleb, estaba interesada en conocerme porque, según decía, mi reputación me precedía. No entendía por completo sus intenciones pero sabía que debía llegar a un acuerdo con ella para poder renunciar a mi puesto en la Brigada sin repercusiones. Scarlet es una mujer a la que no se le puede engañar y tiene un talento especial para influenciar a las personas a su alrededor. Era urgente que la tuviera de mi lado.

No suelo hablar de cuándo lo conocí. Compartimos alguna clase cuando estábamos en la universidad: Yo me preocupaba en analizar el comportamiento humano y cómo éste afectaba la producción de la literatura mientras que Daniel se dedicaba a evaluar las distintas teorías referentes a la esa producción. Es posible que pareciera que no nos complementáramos en un ámbito académico pero esto nunca fue nada cercano a un obstáculo; lo que se interpuso entre nosotros fue mi hermana...

Scarlet visitó mi área de trabajo e insistió en que tuviéramos un encuentro privado en su oficina. No me opuse pues no reconocí ningún riesgo escondido en la invitación. Accedí y me reuní con ella en la fecha prevista. En ese tiempo, Daniel se había acercado a mi hermana de una manera incomprensible para mí y yo había empezado a rehuir su presencia. Aún le servía a la Brigada y él ignoraba ese hecho.

La primera vez que nos vimos a solas, Scarlet mostró curiosidad por conocer más sobre los miembros de mi familia en especial mi hermana. Intentaba hablar poco de ella; no era un tema agradable para mí cuando... En nuestros siguientes encuentros, Scarlet comenzó a utilizar para dirigirse a mí el mismo nombre por el que me reconocían en la Brigada: AtrapaSueños y cuando hizo esto, me percaté que la confianza había cambiado algo entre nosotros, aunque no distinguía qué era.

Ya no trabajaba con Caleb y pasaba mi tiempo libre y de trabajo aprendiendo de los experimentos que realizaba Scarlet en su laboratorio (Cabe aclarar que me refiero a los inofensivos; nunca supe de su incursión  en el proyecto Autómata, y muchos otros hasta tiempo después). Todavía recuerdo una conversación en especial:

-(...) y así, logramos mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.-terminó de decir Scarlet, antes de acercarse a mí. Yo la esperaba mientras ella les enseñaba a otros científicos el procedimiento a seguir para un nuevo proyecto, aparentemente inofensivo.
-Buena presentación. Se ve tan diferente de lo que Caleb quería hacer con el Autómata...-dejé el comentario en el aire.
-Por supuesto que lo es. No sabes a cuántas personas beneficiaremos con esto-respondió con entusiasmo.-El proyecto Autómata solo es una medida de defensa. Harías bien en recordarlo.
-Lo sé. Discúlpame-Un silencio incómodo se alzó entre nosotros. Molesto por la sensación, inventé con rapidez algo que decir:
-No pude evitar fijarme en esta extraña máquina emisora de ondas cerebrales mientras te esperaba. ¿Cuál es su función?
Scarlet rió con gracia y sonreí al verla en un estado tan magnífico. Terminó de reír, me tomó de la mano y mirándome a los ojos, me dijo:
-AtrapaSueños, es una curiosa coincidencia que hayas posado tu atención sobre ese aparato puesto que está relacionado con el mundo onírico, al igual que tu apodo-. Me llevó hasta él y me explicó:
-Crea sueños, buenos sueños, a partir de los deseos ocultos de la mente, para asegurar un mejor descanso y una experiencia única a quiénes tienen el privilegio de dormir bajo su efecto.
-Entiendo. ¿Me permitirías probarlo alguna vez?-inquirí.
-Confío en que sí funcione contigo-contestó en voz baja mientras un destello de rabia pura y sin sentido cruzaba sus facciones e inundaba el iris de sus ojos.
-¿A qué te refieres?-pregunté con preocupación.
Sonrió con complicidad y un toque de algo cercano a la maldad antes de recobrar su semblante de serena superioridad y responderme:
-Ya lo verás.

Ese día salimos juntos en dirección a su residencia. Al llegar, ella sirvió dos tragos de whisky y nos sentamos en la sala a revisar unos informes de diversos proyectos sin financiación. Al poco rato de haber iniciado, Scarlet susurró:
-Sé que quieres irte pero no me has dado lo que necesito para dejarte ir...
-¿Y qué es eso?-repliqué interesado.
Ella observó mis ojos con los suyos, de color violeta y continúo en silencio. Una fuerza abrumadora me haló hacia ella y me hizo ser consciente del estilizado cuerpo que esperaba bajo su ropa.
Sin previo aviso, ella se lanzó hacia mi boca, besándome con premura, haciendo que esa fuerza estallara de regocijo y me guiara por sus curvas. Toda mi voluntad, si es que quedaba, se desvaneció, lo que me impulsó a afirmar:
-Haré lo que quieras por tí, suave pelirroja.
-No esperaba menos-su voz sonaba distinta, llena de arrogancia.
Ignorando ese detalle, me entregué a esa fuerza ajena y a mi pasión, olvidando todos aquellos a quienes debía recordar.

A pesar de reconocer los artificios que me llevaron a los actos de esa noche, no me arrepiento por completo del hecho. Tenía que pasar, lo sabía desde la primera cita con Scarlet. No obstante, de esa situación derivaron mis problemas posteriores. Scarlet comenzó a influenciar sobrenaturalmente todas mis decisiones.
Poco después, esa influencia me llevó a poner en manos de la Brigada a mi familia. Acompañado de hombres bajo el mando de Scarlet, fui a mi hogar donde permití que sacaran a la fuerza a mis padres y a mi hermana, a quienes les hicieron pruebas, que, posteriormente me enteré, eran para determinar sus talentos.

Daniel intentó hacerme entrar en razón para liberar a mi hermana y yo conseguí calmarlo, asegurándole que era necesario para su bienestar. La enfermiza fidelidad a Scarlet me hizo rechazar sus consejos. No fue hasta que mi familia fue devuelta a la casa que recuperé poco a poco mi juicio. Me fijé que, entre más tiempo pasaba en presencia de mi hermana, más claro era mi pensamiento. Parecía que estuviera despertando lentamente de un letargo que se resistía a dejarme. Scarlet sabía de ello, así que evitando arriesgarse, envió a sus secuaces a vigilarme. Cuando estuve seguro de poder liberarme de la subordinación a la que me veía sometido, escapé por poco y anduve como fugitivo durante un largo tiempo.

Durante mis recorridos solitarios por la ciudad, descubrí una organización que se oponía al control de la Brigada, la Mantis. Era un grupo de personas que hacían todo lo posible por quebrantar el poder de la Brigada, interviniendo con eficacia y velocidad sus proyectos y reuniendo pruebas en contra de ellos, con el ánimo de demostrar sus intenciones verdaderas. Todas sus actividades las llevaban a cabo procurando que sus identidades no fueran descubiertas, dados los pocos recursos que tenían para enfrentarse a tan gigantesca y majestuosa corporación.

Me dediqué entonces a espiarlos, tanto por ser mis enemigos por naturaleza como por ser mis aliados potenciales. Me instalé en una habitación en el mismo edificio donde celebraban subrepticiamente sus reuniones de planificación. El dinero no era un problema: había ahorrado gran cantidad de los excedentes ganados por mi trabajo como AtrapaSueños y ayudante de Scarlet. Asistí sin falta a estos consejos secretos hasta que me enteré una iniciativa con bastante fuerza y peso en la Mantis: la liberación de los sujetos de prueba. Por lo que había oído, mi hermana había sido capturada de nuevo, así que ella sería una de las posibles rescatadas. Yo sabía que si los integrantes de la Mantis se la llevaban con ellos, la Brigada retendría e interrogaría con crueldad a mis padres con el propósito de conocer su paradero. Decidí entonces seguir a la patrulla enviada a liberar a los reclusos de la Clínica Central.

Partieron un domingo por la mañana, con el objetivo de crear el menor alboroto posible. Sin que ellos detectaran mi presencia, los seguí. Tenía la esperanza de encontrar a Daniel cuidándola. Me había disfrazado...
Escucho los pasos del guardia de mi celda. Me prepararé para escapar. Lamento no haber terminado de dejar constancia de lo que me ha ocurrido desde... No importa. Sé que nos veremos.

Att. El AtrapaSueños.

viernes, 25 de mayo de 2012

Sueños. Quinta parte.

Por fin, había llegado al lugar donde estaba esa secreta sala de investigación. La euforia no me hacía más lento; me impulsaba a correr escaleras arriba hasta el sexto piso. Al llegar, me deslicé por el pasadizo que sabía me llevaría al recinto donde ella se encontraba. Todavía seguía allí, ataviada con un sencillo pero ajustado vestido negro y descansando sobre la cama semidoble que la Brigada había dispuesto para ella.
El respirador no cesaba de sonar y me percaté que el sonido iba al son del goteo del suero que le administraba una máquina a su brazo derecho. Tan hermosa como siempre. Sus delicados párpados cerrados sobre sus bellos ojos oscuros. Su cara larga y femenina enmarcada por su larga cabellera negra. Su pequeña pero imponente nariz sobre sus delgados y perfectos labios. Una lástima que tuviera que hacerlo. De haber podido, la habría cortejado con mis mejores técnicas. Ya no había tiempo. Era justo lo correcto. Lo requerido para este momento. Mi hermano estaba loco y esta era la única forma de liberarlo…
Me acerqué al dispensador de suero y saqué una jeringa. Podía hacerlo de diferentes maneras. Contaminando el líquido que entraba a su cuerpo era la que más me atraía. También podría producir un alto en el fluido eléctrico y con él se iría rápidamente el aire. Tantas necesidades de un cuerpo, tantos prerrequisitos para mantenerse vivo. ¿Por qué se empeñan en atarla a la vida?¿A quién verdaderamente le importa? Ella debería haber dejado este mundo hace mucho… Lo único que agradezco es la forma en que se convirtió en una herramienta primordial para nuestra investigación. Tanto poder en una persona que ahora estaba tan frágil…
El suero que llegaba a su brazo era oscuro, su respiración se fue ralentizando y el respirador dejó de seguir el compás del goteo. Me acerqué a su oído, la besé con suavidad en la mejilla mientras susurraba con calma:
-Adiós. No deberías haberlo contactado. Te dije que sería tu perdición. Somos hermanos, ¿cómo pensaste que sería distinto? Duerme para siempre y hasta nunca, Bianca.



"Sí, estoy seguro" repetí una vez tras otra a la voz de mi subconsciente mientras me preparaba para enfrentarme a mi hermano. El auto se acercaba a su meta y podía ver la estructura gigantesca que era la Clínica Central, tan alta y majestuosa que producía un sentimiento de sobrecogimiento al espectador más valiente. De un tono amarillo pálido ajado con el tiempo, el edificio parecía cernir una atmósfera de protección sobre el terreno aledaño. Me bajé del vehículo y me quedé de pie frente a su puerta principal, admirando la fortaleza más recóndita de la compañía de Caleb. Recordé entonces que podría hacerme pasar por él si así lo quisiera; al haber tomado las precauciones previas, me quedaría más fácil hacerlo.

Entré en la recepción del primer piso y sonreí a la chica sentada frente al escritorio, esperando una reacción favorable.
-Buenas tardes, supervisor Caleb, ¿cómo ha estado usted?- me dijo la muchacha mientras sonreía por educación- Hace mucho que no se le veía por acá. ¿A qué se debe la visita?
Me extrañé por su respuesta. Parecía ilógico que Caleb no hubiese llegado aquí antes que yo, pero tenía que aprovechar cualquier asomo de suerte que me regalara el destino.
-Buenos días-le corregí- Vengo a inspeccionar las salas de prueba que hay en este centro. ¿Me llevaría hasta ellas por favor?
-¿Salas de prueba? Ha pasado poco tiempo desde que vino a revisarlas. ¿Ocurre algo malo?
-Problemas con mi hermano, ¿recuerda que estaba en una de ellas en otra institución? Parece haberle afectado más de lo pensado.... pero no veo la razón por la que debería decirle esto. ¿La tiene usted?-terminé sonriendo con superioridad de la forma más convincente que podía. Tenía que confiar en mis habilidades actorales para averiguar la verdad.
-No la tengo. Discúlpeme por mi entrometimiento. Ya le enviaré un guardia para que lo escolte hasta las salas-me respondió con evidente miedo, sin asomo de respeto. Me dispuse a mostrarle la identificación que había robado del escritorio de Caleb, pero me detuvo diciéndome:
-No se preocupe. Yo sé quién es usted. Edgar, acompáñelo por favor.
Un hombre de mediana edad y alta estatura se acercó caminando con un ligero balanceo como si fuera un primate. Tenía una cara grande y nada armoniosa y me hizo un rápido gesto para indicarme que lo siguiera. Parecía aburrido y resignado, pero yo estaba seguro que cedería ante cualquier petición mía, dado que venía del supuesto "Supervisor Caleb".

Subimos al cuarto piso y el guardaespaldas me guió hacia una sala ubicada al fondo del pasillo. En todo el trayecto no ví a nadie más, el edificio se sentía casi vacío o como si lo hubiesen evacuado recientemente. Algo me decía ese hecho pero no supe distinguirlo. En la habitación, se sentía desolación y una desesperanza latente. A esto era lo que me refería cuando le dije a la secretaria que me había "afectado más de lo pensado" el hecho de estar en los experimentos de mi hermano. Sentía que me enloquecía, pero se refutaba cuando veía a Bianca en mis sueños. Nadie como ella podría ser el producto de la mente de un loco, ¿o sí?
El recinto al que había entrado estaba ocupado por pocas cosas, una máquina extraña, ligeramente parecida a una de electrocardiogramas, una camilla sin ocupante y una mesa llena de instrumentos médicos como agujas y estetoscopios. Me acerqué con cuidado a la máquina y comprobé para mi asombro que era una versión más pequeña con ciertas diferencias de la que había en el lugar donde permanecí inducido al sueño por aquél joven científico. La inspeccioné de cerca, puesto que no tenía ningún emisor de ondas como la que había estado sobre mí poseía. Por lo que conocía, me atreví a afirmar que podía inducir en un estado de letargo a cualquier persona, durante un intervalo indefinido de tiempo.
-¿Edgar?
-Dígame, señor supervisor.
-¿Es esta máquina la que usamos para crear sueños?-inquirí con suspicacia.
-Creo que se equivoca, llamaré al encargado de esta sala-se disponía a salir a hacer su tarea pero antes de ello lo agarré del brazo y le dije:
-No se preocupe. Necesito que me lleve al resto de las salas- sería sospechoso que el supervisor Caleb no supiera el funcionamiento de los instrumentos que él en parte había ayudado a crear. Ahora estaba seguro de que ese era el "trabajo de investigación" de mi alabado hermano.
-Con gusto- me invitó a seguirlo antes de iniciar a avanzar, cruzando el extenso pasillo y entrando a la puerta de enfrente.
No había absolutamente nada extraordinario en esa nueva habitación. La misma camilla, el mismo armario y ningún habitante. Empecé a pensar en lo absurdo que había sido al pensar que sería tan fácil sacar alguna información sobre el paradero de Bianca de esta visita a la Clínica. A pesar de hacerme pasar por mi hermano, nada había averiguado que me diera indicios sobre lo que él tramaba y no veía muchas luces de esperanza en torno a llegar a alguna revelación verdadera. Dí por sentado que Caleb llegaría antes que yo lograra sonsacarle algo a ese sombrío lugar y, con ese pensamiento en mente, no me detuve más tiempo allí. Le ordené al guardaespaldas me llevara a las siguientes salas de prueba que habían en el piso, donde no encontré nada que valiera la pena y finalmente, descendimos un piso para dirigirnos a la sala especial. El nombre de ella podría ser únicamente nominal, sin darle más importancia, así que no me dí falsas esperanzas mientras Edgar abría la pesada puerta para mí.

Tan pronto como crucé el umbral de la puerta, mi vista se nubló y una imagen se sobrepuso a la de la habitación con mi acompañante junto a la entrada. Una mujer de cabellos castaños cobrizos que yo ya había visto con anterioridad, se encontraba sobre la camilla mientras otra mujer, delgada y pelirroja que me daba la espalda, le administraba algo por vía intravenosa. Ambas presencias se sentían conocidas y sabía que la visión de ellas era de un pasado más cercano que lejano. Pensé en Bianca y me pregunté por qué no la veía a ella. La respuesta llegó tan rápida como la pregunta.
"Sólo sueñas con quienes no tienes"
¿Significaba eso que necesitaba encontrar a la chica castaña? Estaba seguro que la pelirroja no era una persona que debía buscar sino, al contrario, evitar.
-¿Le ocurre algo, supervisor?- me preguntó Edgar un tiempo después. Supuse que me había quedado estupefacto y ajeno a esta realidad.
Me giré para verlo y, por un breve momento, confundí la visión sobrepuesta del pasado con la del presente. Parpadeé rápidamente y le respondí con la mayor naturalidad posible.
-Por supuesto que no, Edgar. Estaba recordando algo... ¿Sabe usted quién se alojaba en esta habitación?
-Recuerdo que era una joven. Muy atractiva si se me permite decirlo. Algo pálida para mi gusto, aunque podría deberse a los experimentos que hacían con ella. Es lo único que puedo decirle. Si me da permiso, con gusto puedo preguntar por ella a la recepcionista de este piso.
-Lo espero aquí. Averigüe cuando entró, cuando salió y de quién se trata.
-Como ordene, supervisor-respondió el guardaespaldas, saliendo de la habitación.
Tan pronto como su presencia se fue, me concentré en dilucidar algo más de las visiones del pasado que había tenido en aquél recinto. Me acerqué al armario al lado izquierdo de la camilla, donde encontré solo una banda de tela para el cabello, verde y de motivo geométrico. La tomé e intenté ver más allá del simple tejido y los cobrizos cabellos adheridos a ella. Correcto. Pertenecía a la chica que había sido internada allí hacía mucho tiempo. Supe inmediatamente que había salido de allí con premura pero no la razón por la que lo hizo. Supuse entonces que la compañía de mi hermano la había trasladado a algún otro lugar. No me parecía que ellos dejaran ir a una persona tan fácil... y menos una tan aparentemente poderosa como la chica de esa habitación.
No conocía mucho de la verdadera naturaleza del trabajo de mi hermano pero me imaginaba que él se aseguraba de que en todos los establecimientos de investigación le extrajeran todo lo que pudieran a los "sujetos de prueba". No podría estar seguro de que Caleb los atrapara; era un trabajo de muy bajo mando para alguien como él. "Supervisor"... ¿Qué más ocultaría ese título?
Una gran cantidad de discusiones se originaron en alguno de los pisos inferiores del edificio. Guardé rápidamente la banda verde en el bolsillo de mi chaqueta e intenté prepararme por si me habían descubierto. Al encontrarme en un tercer piso, no consideré la posibilidad de escapar por una ventana y seguramente las escaleras estarían plagadas de vasallos del "Supervisor", lo que solo me dejaba la alternativa de esconderme. Cuando urdí el plan para entrar a este lugar, no me detuve a pensar en la posibilidad de ser capturado o perseguido antes de salir de aquí con la información sobre el paradero de mi chica en las manos. Esta era la verdadera falla en mi plan y reconocí entonces el peligro al que me había lanzado sin reparar en las consecuencias. Me reprendí por no haber aprendido nada de la astucia de mi hermano y me dediqué a atrapar fragmentos de las conversaciones que, con el paso del tiempo, se acercaban cada vez más a donde me hallaba.
-(....) lo que hace aquí? El Supervisor no nos avisó de su visita. Debería irse antes (....)
-Nos habían advertido de su locura pero no lo creímos trastocado tan a fondo como para (...)
-¿Qué están diciendo?¿Acaso se están rebelando contra mí?- se alzó la voz inconfundible de mi hermano sobre la multitud de sonidos.
-(...) ha perdido la cabeza. Deberíamos consultar con el supervisor antes de tomar la decisión de (....)
-(...) acuerdo. Reténganlo aquí el tiempo que sea necesario. Ya (...)
Las múltiples quejas se sobreponían unas a otras y alcancé a escuchar vagamente el resonar de unos pasos acercándose. Me enderecé y adopté una expresión de desprecio, preparado para seguir con mi papel de ser necesario. Era Edgar que se asomó a la puerta, pidió permiso para entrar y finalmente me dijo:
-Señor, su hermano ha llegado y se empeña en hacernos creer que es usted. Que siendo él el supervisor, lo había citado a usted acá pero que había tenido que hacer un encargo personal urgente. Está amenazando a todo el personal con despedirlo si no le creemos lo que dice. Nadie le presta atención pero debo saber... ¿es usted realmente el Supervisor?
Tan pronto como terminó de hablar, una pequeña compañía de científicos y guardaespaldas entró silenciosamente al recinto, atentos a mi respuesta. Solté un bufido de burla y tras menear la cabeza con supuesta decepción, respondí:
-Edgar, ¿cree usted que si yo no fuera el Supervisor Caleb se lo diría así de fácil?¿Cree también que, en el hipotético caso que no fuera yo, me arriesgaría a estar a solas con ustedes sabiendo lo difícil que sería escapar? Fíjese en lo que está diciendo; todos los que cruzamos hoy me reconocieron y usted ahora duda de mi identidad. Yo tendría cuidado en su lugar.
Los recién llegados soltaron un suspiro de alivio, que intentaron reprimir mientras ponían falsas caras de preocupación por el destino de Edgar. Este último se quedó sin habla y apuntó su mirada al suelo en un intento por encontrar la forma de disculparse. Me felicité por mi hazaña y me agradó confirmar lo mucho que podría hacer para ir en busca de Bianca. Espere un pequeño momento antes de decir:
-¿Qué hacen todos ustedes mirándome?¿No tienen nada que hacer? Debería modificar el excelente informe que preparaba sobre su trabajo...- dejé que la frase hiciera efecto antes de agregar- Edgar, traiga a mi hermano. Deseo verlo.
Los científicos salieron apresuradamente de la estancia, dejando a los tres guardaespaldas conmigo, quienes se hicieron a un lado para dejar a Edgar pasar. Me miraban con miedo mal disimulado y parecían esperar órdenes mías. Me propuse esperar a que trajeran a Caleb y seguí interpretando mi papel de la manera más acertada que pude. Miré a los guardaespaldas con desprecio mientras chequeaba la hora en mi reloj. Medio día.
-¿Cuánto tiempo más tendré que esperar para poder terminar la inspección?- exclamé dirigiéndome al ambiente más que a alguno de ellos específicamente.
Por segunda vez, estallaron riñas en algún lugar cercano a la puerta principal del edificio y yo, dando por sentado que se relacionaban con Caleb, hice oídos sordos. Los hombres que quedaban en la habitación se movían inquietos y se lanzaban miradas de advertencia silenciosas hasta que uno de ellos soltó:
-Señor, creo que lo que está pasando fuera le concierne. ¿Me permitiría ir a chequear la situación para informarle antes que ocurra otro malentendido?
-Vaya y no se demore- respondí de sopetón. Volví a escuchar las exclamaciones y me percaté que alguien corría con premura hacia el lugar donde me encontraba. Los guardaespaldas giraron en el preciso momento en que un joven, de cabello oscuro y llamativos rasgos salió disparado del hueco de las escaleras en dirección a la puerta de la habitación. Lo atraparon poco después de cruzarla a pesar de que él demostraba una gran fuerza mientras se debatía por liberarse. Me fulminó con la mirada y vociferó:
-Caleb, no podrás retenerme por mucho más tiempo y lo sabes. Ya me escapé una vez, podré hacerlo las veces que quiera.
Cuando terminó de hablar, lo reconocí. Aquél hombre que se suponía había sido compañero de trabajo de mi gemelo y cuya foto encadenado reposaba sobre la mesa de café de nuestro departamento, se encontraba ahora frente a mí, enviándome en su mirada todo el odio que guardaba hacia Caleb.
Agradecí el golpe de suerte que había tenido: La aparición de él, junto a lo que había dicho, me reafirmaba como el supervisor a quién debían obedecer. Además, me abría la posibilidad de interrogarlo para saber algo más de mi hermano.
-Enciérrenlo en la habitación contigua. Ya tendré tiempo para lidiar con él.
Los hombres salieron de la habitación y el recluso giró para verme una vez más antes de salir con una expresión de enfado. Escuché que decía, arrastrando con desprecio la última palabra:
-Tendrás mucho más que lidiar conmigo, "Supervisor".
Edgar entró segundos después, seguido de otros hombres que sostenían a mi hermano con fuerza entre ellos. Él intentaba soltarse pero se detuvo al asombrarse de verme allí, intacto entre los que eran sus vasallos. Ordené que lo soltaran y él se alisó con un gesto rápido antes de escupir:
-Gabriel, ¿qué intentas hacer?- se giró para encararse a los demás- Todos ustedes saben que este es una falsa copia mía. Pagarán por esto si no me liberan en este momento.
Me percaté que iba vestido de una manera simple para ser él y de un tono completamente gris. Hice caso omiso de las quejas de Caleb y me dirigí a Edgar:
-Acaban de llevarse a un fugitivo que, junto con mi hermano, han violado las medidas de seguridad. ¿Qué ocurre aquí?¿Es que dejan a cualquiera entrar?
El aludido dudó por un momento, pero respondió con seguridad:
-Señor, creo que tengo que recordarle que, desde que la resistencia atacó este centro y liberó a los sujetos, la seguridad quedó mermada...
Caleb lo interrumpió diciendo:
-¿Ahora le rinden las cuentas a Gaby?¿Qué ha pasado? ¡Exijo una explicación!
-¿Gaby? No veo que nadie esté rindiéndote cuentas a tí. ¿Hablas en tercera persona de tí mismo? Sabía que los experimentos te habían afectado, pero no hasta qué punto... Edgar, por favor, retírelo de mi presencia- agregué con superioridad.
Mi hermano, enfurecido, se lanzó hacia mí, pero lo esquivé y le hice una rápida llave en el brazo derecho. Me acerqué a su oído y le susurré:
-¡Qué bien se siente ser el Supervisor! Con razón te pavoneabas así antes... Ahora podré encontrar a Bianca.
Le indiqué por señas a los guardaespaldas que lo llevaran y ví como lo arrastraban fuera en contra de su voluntad. Estaba hecho una furia cuando le sonreí con triunfo por última vez antes de que desapareciera de mi vista. Edgar lo seguía pero se devolvió para asomarse por la puerta y decirme:
-Supervisor, la chica que se alojaba en este recinto escapó poco después del ataque. Se llamaba Angela.

martes, 17 de abril de 2012

No quiero saber lo que significa...




Went from cities to touch the suburbs
On the highway, but I'm barefoot
I need a map but not the destination
Need a compass but not a conversation


I want to run far from this grey town
You're on every street, marked on the ground
Not the momentum, not the pace
Want the price, not the raise


I want the jump but not the height
Let me fall but catch me mid flight
I swam with sharks and beasts of the sea
Only went down for the company
Went down for the company


I forgot to mention:
That you would come back home when I call
Left no sign, nothing at all
Sorry you won't fit inside my heart
I wanted love without the build up


I need the rules but not the regulations
Want the wisdom but not the information
Need the light but not the heat of the day
Need your hands to show me how to pray


I lost the plot underneath the fire
Of all the dots and lines that took me higher
Away from traffic and smiles of tire
I like the nights but not the tangled wires


Need the pulse to feel alive
All the world's just made it seem all quiet
This has all become far too loud
I like you more when you don't make a sound


You will come back home when I call
Left no sign, nothing at all
Sorry you won't fit inside my heart
Won't you come light the way and wash this away


I wanted love without the build up

miércoles, 11 de abril de 2012

Falsità e menzogne

Primera aproximación: Italia me llama. Últimamente siento una fuerza invisible que me atrae a esa tierra europea. Deseo estar allá. No sé a ciencia cierta cuál es el motivo pero creo, en mi inocencia, que lo descubriré cuando logre viajar a ese país. La Antigua Roma y sus ruinas podrían estar reclamando mi atención o podría ser el idioma, el italiano, tan extraño y elegante, derivado del todopoderoso y omnipresente latín, la lengua del imperio caído. Tanta historia, tantas épocas congeladas por la impavidez de sus edificios... No consigo describir qué es lo que me llevará a ella y por lo que estaré en Italia algún día. Conoceré su cultura, me empaparé de su vida y me las arreglaré para entender su idioma, tanto el italiano como el latín. Puede que esta sea una promesa poderosa y sea la que defina un cercano pero aún lejano futuro.

Segunda aproximación: Falsità e menzogne... eso es lo que me trae por aquí. No sé si sea mucho pedir que no busquen su significado todavía. Creo más didáctico y especial que deduzcan lo que quiero decir mientras leen lo que sigue. Tengo claro que habrá muchas personas que con solo ver el título buscarán la traducción inmediata. No las culpo. La curiosidad no solo mata a los gatos. Dos sustantivos, parecidos pero no iguales. Ambos abstractos y el segundo plural. No creo que deba dar más observaciones, suficiente se parece el italiano al español para eso.

Hechos: Las hermosas y dulces apariencias. Las mías, tan encantadoras e inteligentes para ser verdad. Mi personalidad, tan idéntica a la propia y a la de nadie más. Mi vida, tan oculta y abierta como para un círculo de selecta gente. ¿Nunca te has preguntado lo que es ser yo? Yo lo hago siempre, porque eso soy. No es complicado, debería decir. Es muy fácil enfrentar la vida con todos sus obstáculos cuando tienes tantas cualidades y aptitudes de tu parte. Retórica, fuerza, inteligencia, astucia y esperanza componen un escudo y espada incólumes y poderosos que destruyen hasta el más malvado asome de malaventuranza. "¿Por qué no soy tan exitoso..." se preguntarían si fueran yo "cuando tengo todas las posibilidades de tener al mundo en mis manos?". 

Análisis: La realidad es que no soy lo que dicen de mí. Mi apariencia en conjunto no es buena, aunque mi físico puede que lo sea. Mi cabello, desordenado, teñido y poco cuidado apuntando en todas direcciones, lo que me da una imagen salvaje y poco amigable. Mis movimientos, mi voz... Odio mi voz. Odio la forma en la que me muevo, tan grácilmente como un troll de montaña. Mi cuerpo, delgado y pálido, más parecido a un esqueleto con disfraz que el organismo de un ser humano. Manos huesudas como las de mi admirada Hela y tan tétricas como su cara. Lo único que puedo rescatar es mi nariz. Recta y perfectamente delineada es lo que me hace parecer "lindo" y es por eso que siempre he tenido la paranoia de que caeré y acabaré con ella.
Me permitiré seguir con mi personalidad. Encantadora superficialmente y llamativa con un alto grado de falsedad, es la que atormenta mis sueños. Poco centrado, y hasta el extremo perezoso, no consigo ordenar mi mente, que por fortuna no es estúpida, para comprender y desempeñarme de la mejor manera en mi carrera y mis obligaciones en otros ámbitos. Mi esperanza se basa en los desenlaces de mis escritos más que en las alternativas de mi realidad y mi astucia se limita simplemente a hacer planes tontos para destruir parcialmente a la gente que no entra a mi círculo cercano. Mi arrogancia infundada me lleva a juzgar como un dios a todos los mortales, prescindiendo de la compañía de cualquiera cuando mis deseos no son cumplidos. El ego gigantesco que ocupa más mi alma que cualquier otra sensación de autoestima y que latiga con conversaciones vacías y sin sentido a todos quienes me conocen, obligándome como tema en la mayoría de los encuentros. Suelo pasar más tiempo pensando en mí mismo que en como solucionar los problemas que me atañen. Prefiero verme al espejo para ocultar mis defectos en vez de intentar arreglarlos.
Critico más de lo que debería y menos de lo que me haría reaccionar favorablemente. Soy mandón, gritón, de un genio que ni el más maldito se aguanta. Prepotente hasta el punto de ser digno de compasión e inútil como solo un verdadero hombre se puede dar el lujo de ser. ¿Qué más me faltaría? Mi sensibilidad, absurda y complicada, que se asemeja a la de una fotocelda expuesta a la luz de una discoteca y que, no obstante, no evita que sea un completo patán y grosero. Un gran mentiroso al negar todo lo que he dicho anteriormente, infiel a sí mismo y a su alma y un falso caballero que se pregunta... ¿Por qué podría fijarse alguien en mí?

Conclusión: Negar que he querido ser alguien sería una gran mentira. Decirle que no a mi evidente deseo de parecerme a Vladimir es negar todavía más mi yo. Jurar que Sebastian me ayudará a ser mejor persona presenta un optimismo histérico. Pretender que Daniel sea otra persona distinta a mí y que exista, es un imposible. No considerar a Caleb como la verdadera contra-parte de mi insulsa existencia significa dar la espalda a mis creencias. Yo quiero ser como algunos de ellos, quiero tener la compañía de otro y no comportarme como el último que queda pero no lo puedo lograr. Sigo siendo el falso y mentiroso en el que creía ayer, tan solo como nunca nadie lo podría dejar.

viernes, 6 de abril de 2012

El primer truco. "Me casaría con la noche"

La luz de la temprana tarde me molesta mientras intento distinguir lo que se viene. El susurro que el viento produce a su paso por los pinos cercanos sirve de banda sonora para el enfrentamiento que se está llevando a cabo. La velocidad del mismo, junto a la mía, me despeinan al correr por alcanzar la pelota. Hoy es tarde de Sábado lo que para mí significa tenis y es el primer día de los seis que Seth me dio para conquistar a una mujer. Sé que el día de ayer no entraba en nuestro acuerdo, que fue concertado en la madrugada; todos estos demonios son estrictos con el tiempo que le brindan a sus asociados. Yo lo supe cuando empezó a regir el primer contrato entre nosotros.

La he devuelto. La pelota estaba a punto de caer por segunda vez en la mitad de la cancha en la que juego. Mi oponente es muy bueno a la hora de hacerme correr pero muy lento para devolver pelotas con efecto. Le acabo de enviar una alta que, por causa del viento, ha caído más cerca a la red de lo que él pensaba. Punto decisivo para mí y he ganado el set. Paolo me dio muchos puntos de quiebre por sus faltas dobles y fue más sencillo ganarle esta vez a diferencia de las anteriores. Aún así, tengo una habilidad especial para este deporte de la que él carece. Estoy seguro que he mejorado (por mi cuenta por supuesto) y algún día puede que me presente a un abierto que seguramente ganaría.

Mi amigo italiano quiere una revancha pero tengo mejores cosas que hacer ahora. Paolo suele ser muy mal perdedor y más aún desde que fue eliminado de aquel torneo de tenis. Era su sueño ganar la copa pero la suerte o algún demonio no estuvo de su lado. Él no sabe lo que he hecho, al igual que mi familia, sólo piensa que las obras en las que he participado tuvieron éxito por mi talento, algo que obtuve secretamente.
-No es un secreto. Es algo que tú has querido ocultar, mi Vlad- se burla Seth de mí en mi mente.
-Vladimir, ¿almorzaremos juntos entonces?- me pregunta Paolo.
-No. Iré al centro de la ciudad a almorzar con...
-¿Una chica de casualidad?- me interrumpe él con mirada cómplice.
Por supuesto y sé que te dará mucha envidia como mi cuerpo y reputación por sí mismos ya lo hacen.
-¿Tienes alguna mejor opción?- inquiero sin esperar respuesta alguna. Suelo comer con mis compañeras actrices que se ríen como estúpidas de algunos de mis comentarios mordaces.
-Me iré entonces a recoger a mi novia- estrecha mi mano y se dirige al lugar de estacionamiento de motocicletas.
Esa reacción me extraña. Él suele rogarme que lo deje acompañarme. Siempre ha querido estar con una de mis jóvenes "artistas".

Me quedé de ver con una de mis más agraciadas amigas, Linda. Una mujer que le hace honor a su nombre. Recuerdo que la primera vez que la seduje, se comportó como una perfecta dama. Me negó con firmeza la posibilidad de besarla siquiera. No considero que sea una de esas mujeres que se hagan respetar y, aunque lo fuera, no escatimaré esfuerzos para que lo deje de hacer. Caerá por mí. Ella es mi premio ahora y después de que la encante, la presentaré como la prueba de mi liberación ante Seth. No podré resistir sin burlarme al ver su cara de asombro convertirse en un fracaso demoníaco.
Sonrío socarronamente a los cansados y pobres transeúntes que vagan por las aceras a ambos lados, mientras yo viajo velozmente en mi Mustang plateado. El ambiente se siente caliente y el sol está cómodamente escondido escondido tras las pocas nubes que flotan en el firmamento. He arribado a mi destino. Me acerco al valet parking, sonriendo con encanto al tiempo que jugueteo con las llaves antes de entregárselas. Le hago la aclaración de rigor: "Ni un solo rasguño o te las verás con el mismísimo demonio". Río con gracia, acompañando su risa nerviosa por mi "chiste". Si en realidad reconociera la gravedad y sinceridad de lo que he dicho...

"Le Charme" dice el cartel y la alfombra de bienvenida a la entrada del restaurante. Ingreso a él y la coqueta camarera me indica que ya me están esperando. Vengo regularmente a este establecimiento y nunca la había visto antes. Viste como cualquiera de los otros empleados: Su camisa crema, abierta en el pecho, resalta sus atributos sin ser vulgar, un pantalón de lino negro bajo un delantal oscuro adornado con un bordado dorado claro. No obstante, su apariencia difiere del resto: Sus ojos son penetrantes y parecen tener tantas tonalidades que se anulan entre sí. Su largo y sedoso cabello presenta un color degradado que parte del negro en las raíces hasta alcanzar el blanco puro en las puntas. Tiene la desenvoltura de una bailarina y la seguridad en lo que hace de una afamada científica. Me sonríe con picardía aún después de dejarme instalado en la mesa. Saludo a Linda y como es usual, mi beso se acerca a su boca sin que ella lo desee. Se molesta y sonríe con sarcasmo mientras yo observo a la agradable camarera volver a su puesto. Me hace un guiño y yo regreso a Linda.
-No veo la necesidad de inspeccionar a todas las mujeres de esa manera- me reprocha para mi asombro.
-La belleza femenina es un privilegio que debe ser observado con devoción, sin perder tiempo alguno- recito, quitándome los lentes oscuros y colgándolos en mi camisa semiabierta. Linda vuelve a sonreír con elegancia.
-Tampoco creo que deba preguntar quién fue el ganador del juego de hoy, tenista superestrella.
-Podrías sorprenderte algún día, mi bella amiga.
Su cabello ondulado es castaño y la luz que se filtra por la ventana le saca destellos dorados.
¿O es negro? Nunca he llegado a un acuerdo sobre el todo de cabello de Linda. Su pequeña y delicada nariz muestra las marcas normales de una persona que usa lentes diariamente.
-¿Paolo?¿Sorprenderme? No se debería hacer una referencia a él cuando tienes un verbo tan crucial en la oración- se burla con decencia, recordando el tiempo en el que salió con Paolo.
-Por ahora, te daré la razón. Ya viene nuestra comida y no se me ocurre algún argumento válido para refutarte esa afirmación, aunque, entre tú y yo, confieso que él es realmente monótono- respondo mientras examino las curvas pronunciadas y atrayentes del torso de la inigualable camarera que viene de nuevo hacia nosotros.
-¡Hasta tú lo aceptas!- exclama Linda, recibiendo su plato de pollo al estilo Hotel (una receta de alto contenido proteínico, apropiada para una bailarina y actriz activa como ella).
-Guapo, tus langostinos y tu copa de melocotones Melba- dice la camarera con un acento lleno de insinuación. Ubica todo el pedido frente a mí, agachándose suavemente para que su escote sea visible y ofusque mi pensamiento.
-Comeré con gusto. Te agradezco me hayas traído el postre de melocotones tan pronto. Me encanta tu eficiencia- contesto, cegado evidentemente por la visión de sus tiernos y dulces pechos.
Sonríe con éxito antes de alejarse moviendo de un lado a otro su generoso trasero. La veo y confirmando mis sospechas, da un rápido vistazo a mi apuesta figura.
-¿Podrías ser más galante y menos erótico? Cuando sentías algo por mí, eras de esa manera- me regaña Linda. Sé a lo que se refiere.
-No tengo claras las razones por las que me pides eso, Linda.
-¿Nunca has pensado que sería provechoso que sentaras cabeza?
-¿Lo harías conmigo?¿Sentar cabeza conmigo?- pregunto con un poco de precipitación, continuando con mi comida.
-Ese no es el punto. No te estoy diciendo que lo hagas conmigo. ¿No te gustaría criar a un niño?-sugiere.
-No, para nada. Tampoco desearía casarme. ¿Por qué lo preguntas?
-Para confirmar que no has cambiado, mi Vlad- acerca su mano izquierda a mi derecha, que no uso para cenar y la acaricia con ternura.
-Hay mujeres que quieren llevarte lejos de las luces de la ciudad a la oscuridad y podrían hacerte daño- advierte sosteniendo mi mano mientras yo me limito a comer.
Después de un intervalo de silencio, termino mi plato y le explico.
-No seré yo quien saldrá herido. Con lo que me gustan los lugares oscuros, en los que solo las estrellas brillan y son testigos de mis faenas amorosas.
-Ellas no son las únicas testigos- apunta Seth en mi mente-¿Me has olvidado?- ríe con encanto. Linda ríe a su vez con fuerza y soltura, ajena a la sonora carcajada que acompaña la suya.

-¿Subimos?- le propongo a Linda al ver que ha terminado su comida. En el segundo piso hay una acogedora terraza desde que se ve el anaranjado ocaso. Ella accede y pidiendo unas bebidas, ingresamos a la terraza del piso superior.
Linda me toma de la cintura en el momento exacto en el que el cielo empieza a oscurecerse.
-Siempre me he preguntado cómo logras resistirte a este maestro seductor- le confieso a su oído derecho.
Permanece callada durante un buen tiempo y después de pensarlo mucho, replica:
-No sé que es lo que crees que soy. A diferencia de tí, no soy una persona que viva de sensaciones pasajeras. Me gusta lo duradero, lo estable y lo seguro. ¿Crees que podría tenerlo contigo?
Sus ojos verdes me hechizan y su melodiosa voz refuerza el efecto que tienen sobre mí. Debo resistirme a mi deseo, mi meta ahora es enamorarla, hacer que me ame, tal como Seth me dijo que lo hiciera. No debo limitarme a tener sexo con ella.
-Creo que siempre existe esa posibilidad... - contesto con seguridad.
Lo medita durante un corto rato.
-Ya regreso. Iré al cuarto de baño- se da media vuelta y se dirige de nuevo al interior del edificio.
He plantado la duda en su mente. Tengo una mayor probabilidad de salir con ella en una cita seria la próxima vez que nos veamos.
Le doy la espalda al ocaso, cruzando los brazos sobre mi pecho. Recorro con la mirada la terraza desierta y observo a través de la pared de cristal del segundo piso, las mesas y sillas vacías que la sensual camarera sortea con facilidad en su camino a la puerta. Cruza el umbral y se encamina hacia mí, haciendo uso de sus llamativos aspectos físicos para asegurar toda mi atención.
-Mi apuesto caballero, ¿por qué te han abandonado?- me dice, depositando la bandeja con las bebidas en una mesa. Agarra una de ellas y me la acerca con gracia.
-¿Crees que alguien sería capaz de abandonarme en su sano juicio, dulzura?- recibo la copa con una mano y cojo la suya con la otra. Dejo mi bebida en el borde de la terraza.
-Ni siquiera alguien con un juicio afectado lo haría- acepta mi mano sin rechistar. Su mano de piel suave y delgada, de dedos largos y elegantes, estimula la palma de la mía. Lentamente y olvidando progresivamente mi objetivo, atraigo su mano hacia mí, gesto que ella aprovecha para tocar mi abdomen bajo la camisa. Tantea mis firmes y excitantes músculos mientras mis manos toquetean su espalda y nalgas.
La beso con pasión y ella introduce de inmediato su flexible lengua en mi boca, inspeccionando con afán la mía. Sus manos rodean mi torso y se adhieren a la parte baja de mi espalda al son de las mías, que oprimen sus pechos y dibujan espirales en su abdomen y piernas. Nuevamente, me encuentro en el punto de conexión de todos los placeres y lo estimulo causando una conmoción general al cuerpo que tengo entre mis brazos. Giramos sobre nuestro eje sin que yo pierda el ritmo de mi estimulación a nuestras partes, unidas por la existencia y unicidad del momento.
De repente, siento una boca en mi cuello y una mano que recorre mis piernas y que, sin pertenecer a la extasiada camarera, incrementan la energía del encuentro. Linda, la renuente, la dama con escrúpulos, se transforma en la reina de la noche, excitándome todavía más y reclamando lo que es suyo. Remuevo la mano que mantenía en el trasero de la camarera y la acerco a las partes de Linda, hecho al que no pone resistencia. Un escalofrío de satisfacción recorre su cuerpo en el momento en el que mi intromisión en su intimidad se hace evidente y constante.
No puedo más que sentirme un puente viviente que lleva a la conexión verdaderamente divina a estas dos mujeres. La danza de la seducción hecha realidad, donde procuro con éxito ir al ritmo de las dos féminas que no esperan menos de mí. La frecuencia, ligera e inmutable, del movimiento de nuestros cuerpos nos garantiza un puesto de primera en el paraíso del placer. Linda intenta recobrar la compostura pero hago absurdo su intento al darme la vuelta besándola con insistencia y dedicándome por entero a complacerla. Claramente incitado por su reacción, la atraigo hacia mí, percibiendo como su cuerpo se tensa al tacto de mi cercanía. Describo su silueta con una de mis manos hasta llegar de nuevo al punto de partida. La atractiva camarera no ha cesado en su inspección de mi cuerpo y, mordiendo el lóbulo de mi oreja, llega al instrumento del deseo, la meta de su viaje, avisada con antelación. Me tira hacia ella con uno de sus brazos alrededor de mi ardiente tronco. Me besa en la parte baja de la nuca mientras que Linda cede a todas las plegarias que escribo en su cuerpo, del que la fuerza magnética que ejerce sobre mí la camarera poco a poco logra alejarme. Luchando por demorar mi clímax, me entrego a la chica que tengo detrás, descuidando a mi querida Linda. 
Con un airoso y veloz movimiento, me ubico frente a la sensual desconocida, evaluando sus atributos y dejándome llevar por la lujuria. Oigo el sonido del cristal contra el sueño, el ambiente se tensa y Linda, enfurecida por su completo fracaso desaparece para mi sentidos, que se hallan enteramente cautivados por la desvergonzada intención de mi camarera. Lamento que nuestro tiempo sea tan corto y que este lugar no sea el apropiado para enseñarle a esta delicia el mar de sensaciones que podría generarle. Nuestras manos se rozan, ocupadas en asegurar la culminación de este grandioso acto. Su terso e interesante cuello se estira y acudo a él con mi boca, saboreando su piel y mordiendo con suavidad su superficie. Mis dedos libres caminan sobre su espalda y se excitan con el encuentro con su virginal sostén, mientras que sus dedos circulan por mi moldeado pecho, enviando señales agradables por todo mi cuerpo. Ya casi es el momento.
La pequeña muerte viene a nuestro encuentro, abrazándonos durante un eterno momento, reacia a soltarnos. Ella y yo somos uno y es este enlace, perfecto, único, efímero y duradero a la vez, que cumple con mis expectativas, a diferencia de la sosa, inolora y dependiente sensación que brinda el amor. Ese es el secreto. El vínculo forjado con otra persona mediante el acto sexual es inquebrantable y ajeno al resto del mundo, lo opuesto al del amor, que es afectado por su entorno y puede romperse por las causas más estúpidas posibles.
El punto máximo de excitación se esfuma más lentamente de lo esperado, permitiendo deleitarnos con nuestras facciones faciales y acelerados pero potenciados sentidos. Con una fuerza asombrosa, la chica me empuja hacia el borde contiguo de la terraza. Escucho el crujir de un cristal bajo nuestros zapatos mientras muerdo su mano libre, flaca y extrañamente amarga al gusto. Terminada la sensación remanente del clímax erótico, ella se aleja de mí, toma la bandeja con la bebida sin tocar de Linda y me mira con expectación.
-Nunca pensé que alguien como tú podría brindarme una satisfacción tan sublime- su voz es trémula y posee una nota de sincero asombro. Si no la tuviera en frente, jamás habría reconocido la voz como suya.
-¿Cómo pudiste dudarlo?- le reclamo, ligeramente ofendido.
-Puede que acá seas lo máximo pero de donde yo provengo...
Deja la frase en el aire y ríe con sorna y esa voz tan ajena a ella. Se acerca y toma de mi lado la otra copa, gira e inicia su recorrido hacia el interior del restaurante.
-¡Espera!¿No dirás nada más?-exclamo. Todas las mujeres con las que he tenido algún tipo de contacto sexual (por mínimo que sea) no paran de alabar mis habilidades en la cama.
-No lo considero necesario. He cumplido con mi parte y ahora reclamaré mi paga- dice, deteniéndose y mirándome de nuevo.
-¿Me estás diciendo que te pague por esto? No puedo negar que fue gratificante pero no te veía como una prostituta- replico anonadado.
-Ya me habían advertido que sueles pensar mucho en sexo, Vladimir. Pero no pensé que en tan grande magnitud como para hacer esas presunciones sobre lo que he dicho. Me refiero a otro asunto.
En la oscuridad pobremente iluminada, solo puedo ver la mitad de su rostro, pálido y atractivo.
-Ya sé de qué hablas. Te pagaré por las dos bebidas- saco mi billetera y extraigo el dinero.-Espera. Debo pagarte también por la copa rota- cuento los billetes y me acerco a entregárselos cuando me percato de algo incoherente.
-¿Cómo es que a pesar de que solo trajiste dos bebidas, de las cuales una se rompió, hay dos en la bandeja que sostienes ahora?
Sonríe despectivamente y susurra:
-¡Maldición! Los detalles...
Deposita la bandeja en otra mesa. Se dirige hacia mí y la luz de la Luna se refleja por completo en su cara. La mitad que permanecía oculta de mi vista, parece muerta y más que eso, descompuesta, sin dejar de exponer la sonrisa que mantiene su boca. Su mano izquierda es huesuda y la carne parece haberse consumido, replegando la piel sobre su esqueleto. La derecha permanece intacta.

Esta revelación me deja sin habla. No es posible que sea una mentira.
-¿Debo presentarme? Creo que habrás oído sobre mí y si no lo has hecho... Soy la diosa Hela, en las bárbaras y antiguas costumbres nórdicas.
-¡Perséfone!- es lo único que acierto a decir.
-Solían identificarme con la esposa de Hades, es cierto, pero soy realmente su hija. Recuerda que Loki es otra de sus identidades.
Asiento con la cabeza. ¿Qué hace aquí la reina del Inframundo?
Sonríe con orgullo y arrogancia y eso confiere a su cara, parcialmente putrefacta, un aire más tenebroso.
-No seas ingrato. No cualquier mortal puede verme en toda mi gloria. Me presento ante tí por completo por lo que hicimos y porque me diste una razón para subir y salir de mi reino.
-¿Cuál es esa? Dímelo- le requiero con fuerza.
Se limita a despedirse mientras se abre un orificio en el suelo bajo ella, por el que desciende. Me lanzo hacia ese pórtico y caigo sobre el piso encerado y rígido de la terraza del restaurante.

Siento que el ambiente se alivia y me pregunto por Linda. El encanto de Hela me ha alejado de ella y no me ha permitido estar atento de ella. Linda estaba realmente interesada en mí y creo haber perdido toda su estima. Pude haberla conquistado y haberme asegurado que me amara como a nadie, si no hubiera sido por esa intervención divina.
Me levanto del suelo, sacudo mi vestimenta y alzo la vista a la Luna, Selene, que tanto me recuerda a Linda. Bajo la mirada y grito al cielo desde lo alto del edificio:
-¡Así que este es tu primer truco, Seth! Enviar a tu hija Hela a destruir mis planes de conquista. No te molestes que yo ganaré de cualquier modo.
-Eso lo veremos- dice una voz pícara a mi espalda.
Al chequear de donde proviene, veo a Seth junto a una mesa con un sobre en la mano.
-Tu "póliza de seguro"- explica mientras se acerca-¿La revisas y firmamos?- añade con paciencia.